Estado Islámico destruyó sitio milenario en las ruinas de Palmira
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Templo de Bel, previo a la destrucción perpetrada por el grupo yihadista
La Unesco condenó la destrucción del templo y la consideró un "crimen de guerra".
En mayo, el Estado Islámico conquistó Palmira, un oasis y antiguo centro comercial en medio del desierto sirio, y expulsó a las fuerzas del gobierno.
Hace dos semanas, los yihadistas ejecutaron públicamente al que fuera el arqueólogo jefe de la ciudad histórica durante unos 40 años. Jaled Asaad, de 81 años, fue decapitado y su cadáver colgado de una columna antigua. Se había negado a abandonar la ciudad pese al avance del EI.
Desde su asalto se temía que los extremistas destruyeran la ciudad, considerada "testigo del politeísmo", como ya hizo en varias ocasiones con otros sitios antiguos en el norte de Irak.
Hasta ahora habían destruido la estatua de un león de unos 2.000 años de antigüedad y una tumba sagrada, así como valiosas estatuas que supuestos traficantes habían sacado de la ciudad histórica.




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