27 de mayo 2006 - 00:00

Histórica visita del papa Benedicto XVI por Auschwitz

Histórica visita del papa Benedicto XVI por Auschwitz
El papa Benedicto XVI visitó hoy el campo de exterminio de Auschwitz, situado en Polonia, donde fueron asesinadas 1.200.000 personas durante el régimen nazi, y denunció los crímenes del nazismo al expresar que Adolf Hitler "destruyendo a los judíos, quería matar a Dios".

En su histórica visita a Auschwitz, en el marco de una gira de cuatro días por Polonia, el Papa pidió "perdón y reconciliación", y rogó a Dios que "no permita nunca más una cosa semejante".

¿"Por qué Señor has callado? ¿Por qué has podido tolerar todo esto?", se preguntó el Pontífice alemán, que fue enrolado en las juventudes hitleristas durante su adolescencia.

Benedicto XVI comenzó su discurso, pronunciado en italiano, con la admisión de que en ese trágico lugar, donde fueron asesinados un millón de judíos durante la Segunda Guerra MUndial, "las palabras pueden venir a a menos".

"En esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro íntimo frente a la innumerable hilera de los que sufrieron y fueron ejecutados", dijo.

El líder del catolicismo reconoció asimismo que hablar en Auschwitz "es particularmente difícil y opresivo para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania".

"Estoy aquí como hijo del pueblo alemán y por ésto debo y puedo decir", como hizo Juan Pablo II: debía venir aquí, tenía que venir.

Era un deber, frente a la verdad y al derecho de los que sufrieron, un deber frente a Dios estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán", señaló.

En otro párrafo de su mensaje, afirmó que los "judíos fueron enviados a morir como corderos de matadero" y que Adolf Hitler, "destruyendo a los judíos, quería matar a Dios".

"Al destruir a Israel con la Shoá, querían en última instancia destrozar la fuente de la fe cristiana y reemplazarla por una fe inventada por ellos", continuó Benedicto XVI.

Esa referencia explícita a la Shoah (el holocausto judío) fue destacada por los medios ya que Juan Pablo II no la había hecho en su visita al lugar en 1979.

Benedicto XVI ingresó al campo con actitud solemne y las manos unidas tras pasar debajo de la puerta del campo que mantiene la célebre inscripción nazi: "Arbeit macht frei" ("el trabajo libera).

También el Papa brindó una oración por la paz frente al monumento internacional que tiene 22 lápidas en los diferentes idiomas de las víctimas.

"Haz en modo que todos puedan vivir en armonía. Haz que todos los que viven en armonía, mantengan la paz, y todos los que están en guerra entre ellos se reconcilien en el signo de Jesús nuestro Señor", pidió.

Antes, Benedicto XVI había caminado junto a un grupo de cardenales hacia el Muro de las ejecuciones frente al cual rezó, y en silencio absoluto, puso un cirio sobre un candelabro de tres brazos, e hizo la señal de la cruz.

En toda su recorrida por el campo de exterminio, Joseph Ratzinger permaneció visiblemente conmovido y fue acompañado por 32 sobrevivientes del más siniestro de los campos de la muerte organizado por el régimen de Hitler con quienes rezó por las víctimas del genocidio y contra la guerra.

Uno de los sobrevivientes presentes fue el actor polaco August Kowalczyk, de 85 años, quien fue amigo de Juan Pablo II.
El Papa oró también en la celda del sacerdote católico polaco Maxiliano Maria Kolbe (1894-1941), quien canonizado en 1982 por sacrificar su vida para salvar las varios prisioneros de Auschwitz.

Ratzinger había acompañado a Juan Pablo II en la gira apostólica de junio de 1979.

El día que comenzó la Segunda Guerra, el 1 de setiembre de 1939, cuando los alemanes invadieron Polonia, las tropas nazis llegaron a Oswiecim, pequeña ciudad a unos 70 kilómetros de Cracovia.

El primer acto de los germanos fue bautizar la plaza del Mercado con el nombre de Adolf Hitler y cambiar el nombre polaco de Oswiecim por uno que pasó a la historia: Auschwitz.

Con el transcurso de la guerra, Auschwitz se convirtió en un gigantesco complejo de más de 40 kilómetros cuadrados en los que además de las trágicas cámaras de gas, los prisioneros eran obligados a trabajar como esclavos en fábricas alemanas y campos agrícolas cercanos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar