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2 de octubre 2006 - 00:00

Internas políticas ayudan a ventilar los escándalos

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El ex secretario general del gobierno y tesorero del PT, Delubio Soares; el publicista Marcos Valerio de Souza; Ricardo Berzoini, ex jefe de la campaña de Lula; José Dirceu, ex jefe de Gabinete; y José Genoino, ex presidente del PT. Los principales implicados de los recientes escándalos de corrupción. Todos fueron removidos en su cargo.
San Pablo (enviado especial) - Es casi increíble, pero en Brasil todo se sabe. Se trata, sin dudas, de un país democrático, en el que no existe un Gran Hermano de poder panóptico, pero cuya política tiene a veces una cierta tonalidad orwelliana. Es que llama la atención cómo, ante cualquier escándalo de corrupción, enseguida aparecen arrepentidos que cuentan sus pecados con lujo de detalles y pruebas tanto a los fiscales como a los periodistas, grabaciones transcriptas por la prensa, videos de los delincuentes in fraganti difundidos por la TV, rastreos del origen de los billetes involucrados en el negociado en cuestión...

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Aunque (como en la Argentina) casi siempre todo queda sin sanciones judiciales efectivas, una posible respuesta a esta particularidad está dada por la vastedad de la corrupción, que hace que siempre haya alguien que juzgue que le es conveniente «encender el ventilador». Pero esto no diferencia al país de lo que ocurre en otros lugares. Una causa tal vez más específica radica en la fortaleza de la prensa local, amparada en un mercado gigantesco y, por ende, menos dependiente de la publicidad de los gobiernos de turno. Otra más, en el asombroso nivel de conspiración de la política brasileña, en la que todos parecen haber espiado a sus enemigos y conocer sus más íntimos secretos. Pero hay, por último, una razón acaso más importante, dada por la curiosa politización de la policía federal, en la que recaen muchas de las investigaciones.

Periodistas y observadores con los que conversó este enviado coincidieron en que pululan en ese organismo al menos tres grupos bien diferenciados. Por un lado están los petistas, ligados al ex jefe de gabinete de Lula, José Dirceu, ahora caído en desgracia pero que mantiene sus contactos. Por otro, los socialdemócratas que responden al hombre fuerte de San Pablo, José Serra. Y, por último, los independientes, acaso los más imprevisibles, que operan para un ex director de la PF, el senador Romeu Tuma, del Partido del Frente Liberal, agrupación que se ha aliado al Partido de la Social Democracia Brasileña a nivel nacional.

Al asumir el poder en 2003, el Partido de los Trabajadores intentó encolumnar a los federales a través del poder implacable que entonces poseía Dirceu y de la influencia de la oficialista Central Unica de los Trabajadores sobre los delegados de los policías, que están sindicalizados y, a veces, protagonizan llamativas huelgas. Pero la estrategia no logró desbaratar las internas políticas y se probó utópica, sobre todo tras la caída en desgracia del ex jefe de gabinete.

Ante esto, y dado que allí las intrigas son muchas (y las lealtades, más bien volátiles), se atribuye al ministro de Justicia de Lula, Márcio Thomaz Bastos, haber apadrinado al grupo de Tuma buscando ganar influencia. Con todo, el propio Bastos admitió frustrado, según el diario «O Globo», no haber podido en cuatro años poner bajo control a los federales.

Y recursos no le faltaron, al punto que este ministro es la eminencia gris de la estrategia de Lula para despegarse de los sucesivos escándalos, consistente en negar siempre todo, más allá de cualquier evidencia, como un marido infiel.

  • Dossier

    La última prueba del poder de las intrigas políticas en la PF fue la polémica del fin de semana en torno a la divulgación o no de las fotos de los 800.000 dólares con los que hombres de la campaña petista intentaron comprar un dossier para vincular a Serra con la mafia de las ambulancias, en sus tiempos de ministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso.

    El gobierno logró inicialmente bloquear eso, un hecho considerado de alto impacto, pero el sábado las fotos aparecieron en las portadas de todos los diarios y en las revistas del fin de semana del país.

    Obvio: el responsable de la filtración, el delegado de la Policía Federal Edmilson Bruno, admitió en entrevistas divulgadas ayer por todos los medios haber entregado el CD con las fotos a la prensa, las que, dijo, tomó con su propia cámara fotográfica. Afirmó haber cumplido con su deber y hasta aseguró haber votado a Lula en 2002 (¿es, acaso, uno de los desencantados?). Sus superiores están investigando la filtración y, en un nuevo giro del escándalo, ya comenzaron las presiones para que se lo suspenda en sus funciones.

    Mientras tanto, los recelos del PT van ahora en alza. Serra fue el blanco del intento de compra de un hombre con una bien ganada fama de duro en el trato con sus opositores.
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