El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, confirmó este jueves que se han iniciado las primeras conversaciones con EEUU para negociar los aranceles impuestos por Washington a las exportaciones brasileñas. Además, el mandatario se mostró sorprendido por la "amabilidad" de Donald Trump.
Las relaciones diplomáticas entre Washington y Brasilia parecieron dar un giro tras meses de tensiones y reproches mutuos, luego de que Donald Trump llamara por teléfono a Lula: "me llamó de la manera más amable con la que un ser humano puede tratar a otro", relató Lula, quien reveló que instó a Trump a mantener un diálogo directo y a que ambos países, “las dos mayores democracias de Occidente”, dieran ejemplo al mundo mediante una relación basada en la cordialidad.
Durante la llamada, Lula pidió a Trump que eliminara o redujera los aranceles, que en algunos casos alcanzan el 40% sobre las exportaciones brasileñas, y que son, junto con los impuestos aplicados a India, de los más agresivos. También solicitó la retirada de sanciones a altos funcionarios brasileños.
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Durante la llamada, Lula pidió a Trump que eliminara o redujera los aranceles, que en algunos casos alcanzan el 40% sobre las exportaciones brasileñas.
Captura (Streaming ONU)
Al mismo tiempo, el mandatario brasileño detalló que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, mantuvo una conversación telefónica con su par brasileño, Mauro Vieira, y aseguró que “comienza una nueva etapa”, donde subrayó que “Brasil no quiere pelear con EEUU”.
El abrupto retorno de Trump, con amenazas de sanciones y aranceles, sumado a sus simpatías por el expresidente Jair Bolsonaro, había generado una crisis diplomática inédita en más de 200 años de relación bilateral. Por ese motivo, desde Brasil, señalan que estas medidas coercitivas de la Casa Blanca responden al interés de influir en el proceso judicial de Bolsonaro, condenado a 27 años por delitos relacionados con un golpe de Estado y rebelión.
De cara a las elecciones de 2026
Lula también reafirmó su predisposición a ser candidato para las próximas elecciones de 2026, en un momento además en el que le sonríen las encuestas gracias en parte a la habilidad del Gobierno para manejar la crisis diplomática con EEUU.
"Estoy seguro que nuestros potenciales oponentes deben estar mucho más preocupados que yo porque saben que va a ser difícil derrotarnos", afirmó y mencionó que su eventual candidatura está sujeta a las "fuerzas" con las que cuente el próximo año, debido a que para ese entonces estará a punto de cumplir 81 años.
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