La hambruna es el problema más grave luego del devastador ciclón Nargis que azotó la ex Birmania. Hay ya más de 100.000 muertos. Se temen epidemias.
El número de muertos por el paso del ciclón Nargis en Myanmar (ex Birmania) podría superar los 100.000, afirmó ayer la máxima diplomática de Estados Unidos en ese país, Shari Villarosa, en una teleconferencia.
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Villarosa, encargada de negocios, explicó que cerca de 95% de los edificios en la zona afectada por el ciclón en el delta del río Irrawaddy ha quedado destruido y la situación fuera de Rangún, la ciudad más poblada del país, es «desastrosa». Afirmó que el número de muertos podría superar los 100.000 si las condiciones humanitarias siguen empeorando y advirtió del riesgo de epidemias.
Según las cifras que manejan hasta ahora los medios de comunicación estatales de Birmania, Nargis dejó unos 22.500 muertos y 41.000 desaparecidos en ese país del sudeste asiático, mientras que el número de damnificados llega al millón. El ciclón, con vientos de más de 190 kilómetros por hora, azotó el pasado sábado el sur del país.
Desesperación
Hay cadáveres flotando en las aguas mientras los supervivientes aguantan desesperados en sus pueblos: cuatro días después del devastador paso del ciclón Nargis, la situación en Myanmar sigue siendo catastrófica. A pesar de las condiciones adversas, al menos comenzaron a llegar las primeras ayudas, aunque algunas organizaciones siguen sin recibir permiso para entrar al país en crisis, por lo que aumentan las críticas a la junta militar (ver aparte).
A pesar del ciclón, la junta militar insiste en celebrar este sábado 10 de mayo un referendo sobre la Constitución con el que aspira cimentar su poder. Sólo se aplazó en dos semanas en 47 de los distritos más afectados.
Se cree que unos 24 millones de personas, casi la mitad de la población total de Myanmar, resultaron afectados por el ciclón. Según la Cruz Roja, Nargis fue la tormenta más mortífera que ha azotado a la antigua Birmania desde 1991. Un portavoz de la Federación en Kuala Lumpur aseguró que más de un millón de habitantes de Myanmar se han quedado sin hogar.
Destrucción
Sólo las casas de ladrillo quedaron en pie tras el paso del ciclón, informó la alemana Salome Roller, que está haciendo un voluntariado de un año en Myanmar. «En los pueblos, el agua sigue alta. Ninguna de las habituales casitas de bambú sigue en pie. La mayoría de las personas están sentadas sobre sus escombros», dijo Roller.
Delante de los supermercados y almacenes, se forman largas filas y los precios de los alimentos básicos ya subieron fuertemente. Para muchas personas, la leche de coco es ahora el único alimento. Poco después del ciclón, muchos se alimentaron de los animales muertos, pero a causa del calor y la descomposición de los animales, eso ya no es posible.
La dimensión real del desastre que causó el ciclón sigue sin poder determinarse. Pero sí está claro que la destrucción de las plantaciones de arroz implica un peligro inminente de hambruna.
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