24 de febrero 2006 - 00:00

Por qué Irán hoy supera los peligros de Saddam

Mahmud Ahmadinejad, presidente de Irán, levanta ampollas en Occidente. No es como Akbar Hashemi Rafsanjani, un ex presidente al que se lo considera tan pragmático que no faltan los que, como Charles Kupchan y Ray Takeyh, miembros del Council on Foreign Relations, lo sitúan en una sutil lucha por el poder contra los duros.

Y tampoco es como Mohamed Khatami, el ex mandatario reformista al que los occidentales siempre lo consideraron en sus cabales pese a que pretendía ser Papa y Lutero al mismo tiempo. Ahmadinejad, que es duro, suscita dudas sobre su capacidad de compromiso, y no sólo es así porque niegue el Holocausto o porque pretenda borrar del mapa a Israel.

Ahmadinejad se sube frecuentemente por las paredes, pero no siempre desvaría. Hace unas semanas, cuando se veía venir que el controvertido programa nuclear iraní acabaría en el Consejo de Seguridad, el presidente iraní lanzó la siguiente advertencia: «Aquellos que utilizan un duro lenguaje contra Irán necesitan a Irán diez veces más de lo que nosotros los necesitamos a ellos». ¿ Fueron éstas las palabras de un iluminado o de alguien que, entre otras cosas, pretende demostrar que el mundo es multipolar?

Irán no es Irak
. Posee 9% de las reservas mundiales de petróleo, es el cuarto productor y tiene mucha influencia, que aumentó con la caída de Saddam Hussein. En Irak, los ayatolás están satisfechos con un gobierno mayoritariamente chiita, cuyo máximo líder espiritual, Ali Sistani, habla con un fuerte acento iraní.

En Siria, cuya cúpula (una minoría alauita, que es una secta chiita) está bajo investigación internacional por el asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Al-Hariri, los iraníes tienen un aliado. En Líbano, los iraníes apoyan a Hizbollah, que reivindica como una victoria la retirada israelí del sur del país. Y Hamas sigue recibiendo ayuda iraní. Es decir, Irán no es Irak.

Saddam tenía antipatía a los persas, pero coincidía con Ahmadinejad en lo que respecta a Israel. El dictador iraquí tuvo como mentor a un tío materno, Khairallah Tulfah, que escribió un libro cuyo título lo dice todo: «Tres a quienes Dios no debería haber creado: los persas, los judíos y las moscas».

Saddam y Ahmadinejad también se parecen cuando acusan a Occidente de medir las cosas nucleares con un doble rasero. ¿Por qué Irán no puede tener armamento nuclear si ya lo tienen Israel e India, aliados frente al mundo musulmán? La respuesta que le dan a Ahmadinejad es la misma que le dieron a Saddam: porque India e Israel son democracias. El iraní mira entonces hacia Pakistán, poco escrupuloso con las prácticas democráticas, como lo hacía el ex dictador de Bagdad. Pero Ahmadinejad no es Saddam, ya que es persa y no es el depositario del poder iraní.

• Recuerdos

El pulso por el controvertido programa nuclear iraní no ha hecho más que comenzar. En el mejor de los casos, dicen los expertos, a los iraníes les llevaría no menos de cinco años el rematar la primera bomba atómica chiita. Hay tiempo para una partida de ajedrez o para una mano de póquer en la que los dos principales jugadores hace tiempo que se la tienen jurada.

Washington aún tiene clavada la ocupación de su embajada en Teherán en 1979, que duró 444 días, y no olvida el atentado de 1983 que costó la vida a 241 marines en Líbano.

A Irán tampoco hace faltarefrescarle la memoria. Aún recuerda el golpe que estadounidenses e ingleses organizaron en 1953 para derrocar a Mossadeq y el apoyo de Washington a Saddam en la guerra entre Irak e Irán (1980-1988).

• Especulaciones

Hay ocasiones en que estos jugadores se levantan previsibles y prefieren el ajedrez. Un día, Washington se conforma con acudir al Consejo de Seguridad y Teherán protesta pero no abandona el Tratado de No Proliferación. Pero otro día Washington deja circular las especulaciones sobre una posible acción militar, al tiempo que Francia acusa a los ayatolás de desarrollar un programa nuclear militar clandestino. Y Teherán contesta que no renunciará a su actividad atómica. ¿Una partida de póquer con faroles incluidos?

La cuestión clave es saber qué pretende Irán a cambio de renunciar a su programa nuclear
. ¿Una compensación tecnológica y económica, como la ofrecida por la diplomacia europea a Teherán?

A Irán lo que le preocupa es su seguridad, rodeado como está de aliados estadounidenses. Si la solución fuera diplomática, Teherán, como dice
Anatol Lieven, analista de New York America Foundation, pretenderá que se le garantice su seguridad, un destacado papel en el Golfo y voz en Afganistán e Irak. ¿Y Ahmadinejad? La grandeza de la inexistente democracia iraní es que cada cinco años el poder espiritual decide quién será presidente.

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