Por qué Irán hoy supera los peligros de Saddam
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Y tampoco es como Mohamed Khatami, el ex mandatario reformista al que los occidentales siempre lo consideraron en sus cabales pese a que pretendía ser Papa y Lutero al mismo tiempo. Ahmadinejad, que es duro, suscita dudas sobre su capacidad de compromiso, y no sólo es así porque niegue el Holocausto o porque pretenda borrar del mapa a Israel.
Irán no es Irak. Posee 9% de las reservas mundiales de petróleo, es el cuarto productor y tiene mucha influencia, que aumentó con la caída de Saddam Hussein. En Irak, los ayatolás están satisfechos con un gobierno mayoritariamente chiita, cuyo máximo líder espiritual, Ali Sistani, habla con un fuerte acento iraní.
El pulso por el controvertido programa nuclear iraní no ha hecho más que comenzar. En el mejor de los casos, dicen los expertos, a los iraníes les llevaría no menos de cinco años el rematar la primera bomba atómica chiita. Hay tiempo para una partida de ajedrez o para una mano de póquer en la que los dos principales jugadores hace tiempo que se la tienen jurada.
Washington aún tiene clavada la ocupación de su embajada en Teherán en 1979, que duró 444 días, y no olvida el atentado de 1983 que costó la vida a 241 marines en Líbano.
A Irán tampoco hace faltarefrescarle la memoria. Aún recuerda el golpe que estadounidenses e ingleses organizaron en 1953 para derrocar a Mossadeq y el apoyo de Washington a Saddam en la guerra entre Irak e Irán (1980-1988).
• Especulaciones
Hay ocasiones en que estos jugadores se levantan previsibles y prefieren el ajedrez. Un día, Washington se conforma con acudir al Consejo de Seguridad y Teherán protesta pero no abandona el Tratado de No Proliferación. Pero otro día Washington deja circular las especulaciones sobre una posible acción militar, al tiempo que Francia acusa a los ayatolás de desarrollar un programa nuclear militar clandestino. Y Teherán contesta que no renunciará a su actividad atómica. ¿Una partida de póquer con faroles incluidos?
La cuestión clave es saber qué pretende Irán a cambio de renunciar a su programa nuclear. ¿Una compensación tecnológica y económica, como la ofrecida por la diplomacia europea a Teherán?
A Irán lo que le preocupa es su seguridad, rodeado como está de aliados estadounidenses. Si la solución fuera diplomática, Teherán, como dice Anatol Lieven, analista de New York America Foundation, pretenderá que se le garantice su seguridad, un destacado papel en el Golfo y voz en Afganistán e Irak. ¿Y Ahmadinejad? La grandeza de la inexistente democracia iraní es que cada cinco años el poder espiritual decide quién será presidente.




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