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Es fácil indicar qué es lo que hay que preservar del legado de Fox: estabilidad, buen clima de negocios, crecimiento y comercio con Estados Unidos.
Por un lado, la inflación ha ido cayendo durante su sexenio a niveles apenas superiores a 3% anual, lo que constituye una buena base para un crecimiento sostenido.
En segundo término, el hecho de que la economía tenga una tendencia al crecimiento, aunque bastante por debajo de lo esperado y de lo necesario para desarrollar el país. El crecimiento entre 2000 y 2005 fue de 1,88% anual promedio, muy por debajo de 7% prometido por el Fox candidato y de la expansión que mostraron en los últimos años los mercados emergentes. Con todo, las cosas parecen mejorar: el PBI mexicano creció 3% el año pasado y, si no hay sorpresas desagradables, lo haría 4% el actual.
Por último, el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (NAFTA), más allá de sus desequilibrios y promesas aún incumplidas, sigue siendo para México una herramienta indispensable y, más que eso, inevitable, dado que vuelca a su gigantesco vecino del norte 87% de su comercio exterior.
Las dificultades, por supuesto, se presentarán al avanzar en lo que hay que corregir.
La falta de un verdadero despegue de crecimiento económico se traduce en varios factores negativos, sobre todo la pobreza, el desempleo y la emigración.
Más allá de las promesas, 47% de los mexicanos sigue viviendo en la pobreza, apenas 6,7 puntos menos que en 2002. Por otro lado, aunque las cifras oficiales indican un desempleo «de Primer Mundo» (algo superior a 3%), la realidad es que la informalidad es tan grande como en el resto de América latina y hay alrededor de 30 millones de personas trabajando menos de lo que quisieran. En este punto se cuenta otra deuda pendiente que deja Fox: del millón de nuevos puestos de trabajo anuales prometidos hace seis años, recién este año, el mejor de su gestión, se generarían 700 mil.
Otro costado de esto está dado por la emigración, sobre todo a Estados Unidos, que sigue siendo masiva. En los últimos cinco años 4,2 millones de mexicanos cruzaron la frontera norte, la mayoría de las veces en condiciones de ilegalidad y corriendo graves peligros. La cifra supera incluso la registrada en el anterior gobierno priísta, el de Ernesto Zedillo, cuando emigraron 3 millones de personas en medio de una de las peores crisis económicas de la historia del país.



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