3 de julio 2006 - 00:00

Reto de gobernar con Congreso dividido

El Congreso que emerge de las urnas en México puede convertirse en el gran escollo del próximo gobierno, dado que -todo indica- no contará con una mayoría clara y estará dividido en tres grandes bloques con visiones disímiles sobre las soluciones que el país requiere.

La victoria de Vicente Fox en 2000 terminó con siete décadas de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional y con sus prácticas políticas y electorales vidriosas. Con esto también terminó la era de la «gobernabilidad automática», obligando al mandatario ahora saliente, y, claro, a quien será su sucesor, a una gimnasia de negociación legislativa ajena a una tradición política en la que primaba la obediencia al jefe del PRI.

No contar con mayoría en el Congreso bicameral, y sobrellevar la oposición del PRI, implicó para Fox una larga serie de contratiempos, desde el recordado rechazo a un viaje de trabajo al exterior hasta inconvenientes para hacer aprobar los presupuestos y diversos y trascendentes proyectos de reforma. Una de sus peores derrotas fue el malogrado intento oficial de imponer un IVA de 15% a los alimentos y los medicamentos, una iniciativa que el gobierno del Partido de Acción Nacional-(PAN) había presentado como clave para avanzar hacia una estructura tributaria y cuentas públicas racionales.

Esas desventuras podrían ser todavía más agudas para el sucesor de Fox, dado que el crecimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD, una escisión de centro izquierda del PRI) fragmentará aun más el Congreso.

  • Visiones diferentes

  • Por encima de las diferentes siglas que convivirán en la próxima Legislatura, lo que primará son las divisiones programáticas y las diferencias de visión sobre el futuro del país. A la hora de resolver los grandes temas pendientes de México (un crecimiento lánguido, la pobreza, la necesidad de sacar del cajón ciertas reformas estructurales cruciales), no será una tarea sencilla compatibilizar el populismo de izquierda del PRD con el conservadurismo del PAN y con un PRI que es más una máquina electoral poderosa y voraz que una agrupación con un contenido ideológico claro.

    Es fácil indicar qué es lo que hay que preservar del legado de Fox: estabilidad, buen clima de negocios, crecimiento y comercio con Estados Unidos.

    Por un lado, la inflación ha ido cayendo durante su sexenio a niveles apenas superiores a 3% anual, lo que constituye una buena base para un crecimiento sostenido.

    En segundo término, el hecho de que la economía tenga una tendencia al crecimiento, aunque bastante por debajo de lo esperado y de lo necesario para desarrollar el país. El crecimiento entre 2000 y 2005 fue de 1,88% anual promedio, muy por debajo de 7% prometido por el Fox candidato y de la expansión que mostraron en los últimos años los mercados emergentes. Con todo, las cosas parecen mejorar: el PBI mexicano creció 3% el año pasado y, si no hay sorpresas desagradables, lo haría 4% el actual.

  • NAFTA

    Por último, el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (NAFTA), más allá de sus desequilibrios y promesas aún incumplidas, sigue siendo para México una herramienta indispensable y, más que eso, inevitable, dado que vuelca a su gigantesco vecino del norte 87% de su comercio exterior.

    Las dificultades, por supuesto, se presentarán al avanzar en lo que hay que corregir.

    La falta de un verdadero despegue de crecimiento económico se traduce en varios factores negativos, sobre todo la pobreza, el desempleo y la emigración.

  • Pobreza y desempleo

    Más allá de las promesas, 47% de los mexicanos sigue viviendo en la pobreza, apenas 6,7 puntos menos que en 2002. Por otro lado, aunque las cifras oficiales indican un desempleo «de Primer Mundo» (algo superior a 3%), la realidad es que la informalidad es tan grande como en el resto de América latina y hay alrededor de 30 millones de personas trabajando menos de lo que quisieran. En este punto se cuenta otra deuda pendiente que deja Fox: del millón de nuevos puestos de trabajo anuales prometidos hace seis años, recién este año, el mejor de su gestión, se generarían 700 mil.

    Otro costado de esto está dado por la emigración, sobre todo a Estados Unidos, que sigue siendo masiva. En los últimos cinco años 4,2 millones de mexicanos cruzaron la frontera norte, la mayoría de las veces en condiciones de ilegalidad y corriendo graves peligros. La cifra supera incluso la registrada en el anterior gobierno priísta, el de Ernesto Zedillo, cuando emigraron 3 millones de personas en medio de una de las peores crisis económicas de la historia del país.
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