El vidrio de Murano, en Venecia, amenazado por los precios del gas

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La fabricación se hace en hornos que deben permanecer encendidos los siete días de la semana para garantizar el fuego que modela el vidrio, por lo que la energía es el segundo mayor gasto de las fábricas.

La explosión de los precios del gas está amenazando a sectores enteros de la economía italiana, en particular a los famosos fabricantes de vidrio y cristal de la isla de Murano, en Venecia, afectados por el aumento de las facturas de energía de hasta un 600%.

"Es un problema enorme (...) un huracán que ha golpeado la economía", comentó Luciano Gambaro, presidente de la Asociación para la Promoción del Vidrio de Murano, Promovetro, en una entrevista telefónica con AFP.

La fabricación de vidrio soplado se debe hacer en hornos que deben permanecer encendidos los siete días de la semana para garantizar el fuego que modela el vidrio, por lo que la energía es el segundo mayor gasto de las fábricas después del trabajo.

"Hasta septiembre pagábamos 20 céntimos al metro cúbico. En la factura de diciembre el precio era de 1,27 euros, una subida de más del 600%", explicó el empresario, que emplea a seis personas en su taller, en pleno corazón de Murano, la pequeña isla de la laguna veneciana, famosa por sus vidrios y cristales artísticos.

En noviembre, la región de Véneto, consciente de la importancia centenaria que representa en todo el mundo la producción de vidrios artísticos, asignó tres millones de euros para ayudar a los vidrieros ante la subida récord de los precios del gas.

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"Desgraciadamente ese dinero se va a agotar a finales de febrero", lamentó Gambaro, "muy preocupado" por la perspectiva de tener que "pagar el precio entero a partir de marzo".

Para él, se trata de "un golpe muy fuerte", de "un problema más grave que el covid".

"A pesar de todo, habíamos logrado seguir trabajando", suspira el artesano, cuya producción se destina en su mayor parte a la exportación, ya sea para hoteles y restaurantes de lujo o para particulares adinerados.

El gas "es sólo la punta del iceberg", subraya su colega, Cristiano Ferro, propietario y gerente de la empresa Effetre Murano, que emplea a 32 personas para 16 hornos.

"Todas las materias primas han aumentado un 20, 30, 40, 50%: arena, arcilla, los óxidos minerales que se utilizan para colorear el vidrio", explicó.

Ante la situación, las soluciones para los empresarios del sector resultan pocas, por lo que han tenido que aumentar el precio a la venta: "Hemos subido los precios del 15 al 30%, veremos cómo reacciona el mercado", comenta con filosofía Gambaro.

El cristal de Murano, todo hecho a mano, permite realizar auténticas obras de arte multicolores, algunas de las cuales se exponen en importantes museos.

Se trata de un producto de lujo que ha sabido adaptarse a todas las épocas, gracias también a la colaboración de grandes diseñadores.

Según el presidente de Promovetro, la solución pasa por "un acuerdo entre los países europeos" para "encontrar contramedidas" contra Rusia, el mayor proveedor.

Para Cristiano Ferro, los vidrieros han sido "entre los primeros afectados por el problema (...) pero es una realidad que atañe a toda la actividad manufacturera italiana".

El gobierno de Mario Draghi conoce bien la situación. "Es probable que para el próximo año el costo de la energía total absorba todos los fondos del plan para la reactivación económica nacional" pospandemia otorgados por la Unión Europa, advirtió este lunes el ministro para la Transición Ecológica, Roberto Cingolani, citado por la agencia ANSA.

Italia es el primer beneficiario de ese plan con unos 200.000 millones de euros (228.000 millones de dólares).

A pesar de la amenaza que pesa sobre Murano y sus artistas del vidrio, Luciano Gambaro quiere mantenerse optimista. "Tenemos un problema, pero lo superaremos. ¡Hemos estado aquí durante mil años!", subrayó.

En efecto, ya en el siglo XIII, ante los terribles incendios provocados por los hornos de leña de las vidrieras, que entonces se encontraban en el casco antiguo, las autoridades de Venecia ordenaron el traslado a Murano de todos los talleres, una medida coronada con el éxito.

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