El sector gastronómico atraviesa un momento complicado. En la Ciudad de Buenos Aires, empresarios de restaurantes, bares y cafés advierten que la caída en la afluencia de clientes se profundizó en los primeros meses del año y golpea especialmente a los corredores turísticos, donde la baja de público empieza a encender señales de alarma.
“El consumo viene con merma y a su vez la afluencia del público también”, sostuvo Carlos Yanelli, directivo de la Cámara de Restaurantes, al describir el panorama actual del sector. Según explicó, zonas que históricamente funcionaban como importantes polos gastronómicos, como Puerto Madero, atraviesan uno de sus momentos más delicados. “Puerto Madero está caído. Es preocupante”, señaló.
Fuerte impacto por la falta de turistas y público local
La caída no sólo responde al menor consumo de los residentes porteños, sino también a una retracción del turismo, un factor clave para sostener la actividad en las zonas premium. “Puerto Madero dejó de ser un polo gastronómico con afluencia de público. Lo siguen visitando internacionalmente, aunque mucho menos, pero no el público local”, agregó Yanelli.
La preocupación también alcanza al rubro de cafés y bares. Francisco Miranda, directivo de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés, advirtió que la situación incluso empeoró frente al año pasado. “Estamos preocupados porque los números están más feos que en 2025. El pensamiento optimista para 2026 era que iba a repuntar, pero no pasó”, sostuvo.
Para Miranda, el freno ya es visible en toda la ciudad. “Todos los corredores turísticos están mal. Palermo, Puerto Madero. Hoy está todo en baja. Es un desierto”, afirmó, en referencia a dos de las zonas que históricamente concentraban buena parte del movimiento gastronómico porteño.
En paralelo, los costos fijos continúan en niveles elevados, con alquileres que presionan cada vez más sobre la rentabilidad. “Hay cierres de locales y hay algunas aperturas, pero son las menos”, explicó Yanelli, quien adelantó que dentro del sector ya analizan conformar una comisión específica para evaluar medidas frente al deterioro del escenario.
A diferencia de otros períodos de crisis, en esta oportunidad el problema no pasa por la falta de mercadería ni por una escalada de precios en insumos. “Lo positivo es que no estamos aumentando tanto la carta, y lo mismo pasa con los proveedores: hay mercadería y hay stock. Pero ya llegamos al techo de lo que se puede cobrar y la situación no mejora”, sostuvo Miranda.
El impacto de las tasas altas
Sin margen para trasladar más costos al consumidor, muchos locales enfrentan un escenario de rentabilidad cada vez más ajustado. A eso se suma el encarecimiento del financiamiento. “Los préstamos dejaron de ser tentadores porque las tasas están altas. Hoy no conviene tomar crédito”, remarcó Miranda.
Por último, con el invierno por delante, una temporada que suele reducir aún más el movimiento en la vía pública, el sector teme que la retracción se profundice. “Si no hay medidas para activar la microeconomía, esto se va a seguir profundizando”, concluyó Miranda.
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