Algunas de las empresas más grandes del mundo comenzaron con muy poco. Una startup en el patio de una casa, unos pocos dólares ahorrados o una idea que parecía demasiado arriesgada. Warren Buffett y otros empresarios lograron transformar esos comienzos modestos en compañías que hoy generan millones de dólares.
Cada uno siguió un camino distinto y tomó decisiones importantes cuando sus proyectos todavía estaban lejos del tamaño que alcanzarían años después.
Buffett siempre prefirió invertir en empresas que conocía bien y darles tiempo para crecer, en lugar de buscar ganancias rápidas.
Forbes
Pensar a 30 años: la visión de largo plazo como ventaja competitiva
Warren Buffett comenzó a interesarse por los negocios cuando apenas tenía siete años. Vendía Coca-Cola, chicles y revistas puerta a puerta mientras aprendía cómo funcionaba el dinero. A los 11 realizó su primera inversión, cuando compró tres acciones de Cities Service por u$s114,75.
Con el tiempo, aquella curiosidad se convirtió en una forma de invertir que mantuvo durante décadas. Buffett buscaba empresas que entendiera, con capacidad para ganar dinero durante muchos años, y evitaba tomar decisiones únicamente por los resultados de cada trimestre.
Esa estrategia quedó reflejada en Berkshire Hathaway, la compañía textil que tomó bajo su control en 1965. Aunque atravesaba dificultades, comenzó a utilizarla como base para invertir en aseguradoras, ferrocarriles y empresas de energía. Su apuesta estaba puesta en negocios capaces de seguir creciendo durante 10, 20 o incluso 30 años.
Berkshire Hathaway alcanzó activos por u$s1,3 billones y reúne cientos de compañías, además de participaciones en gigantes como Apple, American Express y Chevron. Desde 1965, sus acciones acumularon una rentabilidad cercana al 6.000.000%.
Buffett también se convirtió en uno de los hombres más ricos del planeta. Su patrimonio está estimado en u$s141.500 millones, después de haber donado alrededor de u$s73.000 millones a distintas causas.
Invertir en las personas: el capital humano detrás del crecimiento exponencial
Mike Hollingshead creció en una casa rodante en Tennessee y consiguió su primer trabajo en la construcción a los 18 años, gracias a un hombre que conoció en un bar. Cuando su jefe se mudó, le dejó una lista de clientes que necesitaban trabajos de hormigón.
Ese contacto le permitió empezar por su cuenta. Más adelante consiguió préstamos de un banco local para instalar una pequeña planta de hormigón en el patio de su casa y comprar cinco camiones usados. Así nació Smyrna Ready Mix (SRM), que terminó convirtiéndose en una de las grandes compañías de construcción de Estados Unidos.
Durante 2025, la firma generó ingresos por u$s3.500 millones y superó los 8.500 empleados. Hollingshead sostiene que una parte importante del crecimiento depende de retener a sus trabajadores con mejores salarios, beneficios y posibilidades de avanzar dentro de la compañía.
Bob Clark siguió una idea similar en Clayco, la constructora que fundó y que participa en centros de datos, fábricas y edificios de gran escala. La compañía trabaja con unas 50.000 personas distribuidas en alrededor de 100 proyectos.
Clark decidió compartir parte de la propiedad con quienes ocupan los principales cargos. Su director financiero y otros ejecutivos ya poseen cerca del 40% de la empresa, mientras el fundador planea repartir buena parte de las acciones restantes entre los trabajadores.
Clayco registró ingresos por u$s12.000 millones durante 2025 y Clark acumuló una fortuna estimada en u$s7.000 millones. La compañía también reúne bajo una misma estructura a los equipos encargados del diseño, la ingeniería y la construcción de sus proyectos.
Resiliencia empresarial: la capacidad de reconstruir desde cero y reinventar el negocio
Dan Gilbert tenía u$s5.000 ahorrados gracias a la venta de pizzas cuando decidió crear su propia empresa en 1985. Con ese dinero fundó Rock Financial, un pequeño negocio hipotecario que años después se transformaría en uno de los más importantes de Estados Unidos.
En 1998 decidió llevar los créditos hipotecarios a internet. En una época en la que muchas operaciones todavía dependían de una sucursal, Gilbert comenzó a cerrar oficinas físicas y desarrolló una plataforma para ofrecer préstamos en todo el país.
Un año después vendió la compañía a Intuit por u$s582 millones. Sin embargo, en 2002 recompró su propia empresa por apenas u$s64 millones y volvió a ponerse al frente del negocio.
La transformación continuó bajo el nombre de Rocket Mortgage. Gilbert reunió a más de 500 desarrolladores, diseñadores y especialistas que trabajaron durante tres años para mejorar la experiencia digital de los clientes y simplificar el proceso de solicitar un crédito hipotecario.
La empresa terminó convirtiéndose en la mayor entidad hipotecaria estadounidense por cantidad de préstamos concedidos. En la actualidad, presta servicios a más de 10 millones de familias por mes y acumula créditos otorgados por más de u$s2,1 billones.
Gilbert también destinó parte de su fortuna a proyectos inmobiliarios en Detroit y Cleveland. Durante más de una década, sus empresas y su fundación invirtieron más de u$s9.200 millones en la recuperación y el desarrollo de más de 127 propiedades.
Además, destinó u$s15 millones a cubrir deudas de impuestos inmobiliarios de unos 20.000 propietarios de bajos ingresos y otros u$s10 millones para apoyar a emprendedores locales.