Objeto social: “Derivados de la madera, muebles”.
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Los números “reales” son contundentes. En estos primeros tres meses contables sus despachos locales de hardboard cayeron a 2.23 millones de m2, remitió al exterior 636.000 m2 y vendió 272.681 piezas muebles. Esto es -respectivamente- 34 por ciento, 13 por ciento y 27 por ciento menos que lo de doce meses antes, siendo los totales más bajos desde 2004, desde al menos 1996 y el segundo menor desde que comenzó a reportar las colocaciones de muebles en 2011.
Así, en lo comercial, este ha sido su peor arranque contable desde al menos 1996. Para mensurarlo: las ventas totales de harboard -su producto principal- fueron las menores y estuvieron 40 por ciento abajo del promedio de los últimos 21 años. A futuro habla de “un panorama difícil para poder pronosticar el nivel de actividad del sector industrial” (o tácitamente que la recesión continuará golpeándola) de nuevas líneas de muebles y que apunta a “continuar la estrategia exportadora en harboard como consecuencia de haber comenzado a ser más rentables y competitivos los negocios, con el reacomodamiento en el tipo de cambio” (sin embargo, como vimos, las ventas externas fueron las peores en al menos 21 años).
En pesos esto le significó ventas por $155 millones, 5 por ciento menos que un año antes (en dólares libres un mínimo desde 2001) que computados costos y activos biológicos le dejaron un bruto de $34 millones, 12 por ciento menos que en 2017 (y un mínimo en u$s desde 2004).
Descontados gastos, queda con un operativo de $11 millones, 25 por ciento menos (y en u$s un mínimo desde 2015 -acá habría alguna mejora de mediano/largo plazo) que con la disparada (+531 por ciento -la devaluación le llevó $39 millones) de la carga financiera a $49 millones (en u$s la mayor desde al menos 1998) y tras la mordida del fisco le significa un neto en contra de $26.661.571 (un año atrás ganaba $4,6 millones) en u$s el peor desde 2001.
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