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20 de octubre 2020 - 00:00

El triunfo de Bolivia, un logro regional

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El contundente triunfo del MAS regresa la institucionalidad y la democracia a Bolivia y a América Latina, y representa una victoria regional por sobre los intereses que buscan socavar el progreso de los gobiernos que han devuelto a sus pueblos posibilidades de desarrollo genuino y participativo.

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Esta victoria manifiesta un momento importante en el ciclo político latinoamericano tras meses de campañas de criminalización, injerencia internacional y hasta un golpe de Estado contra los sectores más progresistas bolivianos. El inobjetable triunfo de Luis Arce es el resultado de los excelentes resultados de la administración de Evo Morales, quien puso de pie a la comunidad originaria después de más de un siglo de dominación de las minorías racistas. Este es el inicio de un nuevo tiempo, para retomar la senda del desarrollo en un momento histórico marcado por la pandemia. Es el reinicio del desarrollo soberano del pueblo boliviano.

Los meses que antecedieron a la elección significaron una causa para muchos de nosotros que no podíamos entender cómo, otra vez, los intereses de unos pocos derribaran la democracia en nuestra región. Sin embargo, los resultados del domingo nos interpelan como región y nos obligan a cuestionarnos, por ejemplo, los polémicos informes de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de 2019, que forzaron la salida de Evo Morales bajo presión de las fuerzas armadas. Si queremos evitar injerencias que atenten contra la democracia en la región, necesitamos ya fortalecer los espacios multilaterales que nos representan.

En este sentido, el apoyo de Argentina fue vital para la restitución democrática en Bolivia. Una decisión que se inscribe en la defensa de la democracia y la unidad de América Latina.

Un párrafo aparte merece la importancia de fortalecer la cooperación transfronteriza y empoderar a los gobiernos locales para ello. Las provincias del Norte argentino y los departamentos del Sur bolivianos son actores claves pensando en una instancia de cooperación y puesta en común de las estrategias que necesitamos desarrollar. La pandemia reveló que los modelos de gestión pensados desde las capitales estatales no siempre son eficientes si no se piensan desde y para las periferias.

Si hablamos de desarrollo local y participativo es ineludible referirnos a la importancia de los recursos naturales, una de las virtudes de nuestro territorio. El litio, un recurso que compartimos entre Argentina y Bolivia, es un activo relevante en el mapa económico regional, en donde los intereses trasnacionales también están enfocados.

No es novedad que las potencias que se disputan el poder político y económico internacional jueguen un papel importante en el mantenimiento o la caída de los gobiernos de la región si éstos no coinciden con sus intereses. Y así como colaboraron en el golpe que sacó a Evo Morales del poder, pueden incidir en nuestro país si no actúa con responsabilidad y si no se defienden los intereses de desarrollo de los pueblos, por sobre los personales.

Una política energética integral, que aumente el trabajo para nuestra sociedad y aporte valor agregado en articulación con la ciencia y tecnología, es una tarea a la que apostamos para Argentina y para la región, desde la senda de un desarrollo autónomo y genuino.

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