El próximo 22 de abril, Día de la Tierra, se llevará a cabo una Cumbre Mundial de Líderes sobre el Cambio Climático, convocada por Joseph Biden. El presidente Alberto Fernández confirmó su presencia tras recibir la invitación a través del Enviado Especial para el Clima del presidente estadounidense, el ex secretario de estado John Kerry.
Esta cumbre tendrá lugar en el contexto del “retorno” de los Estados Unidos a la arena de la cooperación internacional, tras el nacionalismo aislacionista de la administración de Donald Trump.
En materia ambiental, el gobierno de Trump se retiró del Acuerdo de París de 2015, y, a través de diversas agencias, como la Agencia de Protección Ambiental, el Departamento de Energía, el de Interior y el de Agricultura, eliminó decenas de regulaciones protectivas.
En contraste, el presidente Biden, en su primera semana de gobierno, reincorporó a su país al Acuerdo de París y emitió una serie de decretos reponiendo regulaciones y avanzando en políticas ambientales, especialmente referidas al cambio climático.
Estas novedades se dan en un contexto particular, en el cual el cambio climático se muestra cada vez más presente en la agenda global y en las acciones de entidades públicas y privadas, y crece la expectativa acerca de las decisiones que tomará la conferencia de naciones sobre cambio climático (COP26), postergada desde 2020 por la pandemia del COVID-19, y que se reunirá en noviembre próximo en Glasgow, Escocia.
La COP26 deberá tratar asuntos de gran trascendencia, incluyendo: los mecanismos para establecer mercados de carbono, que permiten que los países colaboren más eficientemente en la reducción de emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI), causantes del cambio climático; el financiamiento para compensar los daños que el cambo climático provoca a los países menos desarrollados; el cumplimiento del compromiso de los países desarrollados para proveer 100.000 millones de dólares anuales para proyectos de mitigación del cambio climático y de adaptación a sus efectos; y la implementación de “soluciones basadas en la naturaleza”, es decir, la utilización de la agricultura, los bosques y demás ecosistemas para absorber emisiones de GEI.
El éxito de la COP26 depende en gran medida de los avances que se registren de aquí a noviembre. Por eso, esta cumbre de líderes mundiales es una buena noticia, en tanto representa una oportunidad para desarrollar estrategias de cooperación que promuevan los objetivos mencionados.
La Argentina debe aprovechar esta ocasión para contribuir a esta causa vital para la humanidad y para mejorar su inserción internacional, sus oportunidades económicas y el nivel de vida de su población. Al mismo tiempo, las posibilidades que surjan requerirán de una macroeconomía ordenada y de un clima de negocios dinámico y transparente.
En el año en que esperamos dejar atrás la pandemia, comienza una década crucial en materia de cambio climático. La humanidad debe estar a la altura, y los argentinos tenemos un rol importante para jugar.
(*) Abogado especializado en cambio climático y sostenibilidad. Director del Posgrado en Cambio Climático, Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires.
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