En una sociedad donde muchas instituciones educativas dicen ser “inclusivas”, en reiteradas ocasiones no cuentan con las herramientas necesarias para una persona con discapacidad o aún peor, la excluyen con algún tipo de excusa, dejando a la deriva a padres y familiares del alumno .
Lamentablemente, la inclusión en la escuela es, aún hoy, una asignatura pendiente. Los resultados del modelo médico rehabilitador instaurado y los pocos avances que se han dado vinculados al modelo social dejan entrever falencias en la perspectiva desde la cual se percibe a los alumnos y las alumnas que tienen algún tipo de discapacidad.
Lo cierto es que existe una mirada que se centra en la incapacidad y en la falla del alumno en lugar de generar los apoyos necesarios para su inclusión en igualdad de condiciones. Esta concepción invita a que sea la persona la que se adapte y no se centra en la diversidad. Por el contrario, construye barreras, etiquetas, estigmatización y exclusión.
En este sentido, son muchos los casos de violencia y bullying derivados, principalmente, de la insistencia en focalizar en la “incapacidad” que surge de un diagnóstico.
En reiteradas ocasiones , se dice o se hace sentir que las personas con discapacidad no aportan a la escuela. Sin embargo, la escuela inclusiva es un modelo de aprendizaje para todos. Los niños y niñas con discapacidad en su etapa escolar logran autonomía, independencia y socializar con otros, aquellos sin discapacidad aprenden a ayudar al prójimo, a empatizar y respetar. Y, por último, aprende la escuela que es invitada a cuestionar todas sus normas, formas y modos de actuar para generar y construir una sociedad más respetuosa de la diversidad que, luego, dará el ejemplo.
Por este motivo, es vital fomentar la capacitación de educadores, el trabajo interdisciplinario y la investigación. Pero sobre todo salir de la zona de confort y considerar a las personas con discapacidad desde la diversidad más allá de sus diagnósticos y debilidades.
Es fundamental, como sociedad, pasar de la incapacidad a centrarnos en las capacidades del alumno o alumna que va a requerir de todo el apoyo pero que, sin embargo, está ahí esperando a que la sociedad las abrace. En este sentido, no hay un único modo de enseñanza o educar, sino que hay tantos como personas.
No debemos olvidar que la educación inclusiva es un derecho pero, también, una responsabilidad que todos debemos asumir.
Comunicadora e Influencer de la discapacidad
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