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11 de diciembre 2006 - 00:00

Cosecharás tu siembra

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Existe una frase que, si bien es sólo un dicho popular, también es reconocida como una verdad de Perogrullo: cada uno, por lo general, cosecha lo que siembra; los cocineros preferirían decir que de la olla no sale nunca algo mejor que lo que se ha puesto dentro. Acercándose el fin del año y la oportunidad en que el Presidente debe concretar ciertas definiciones, no debe existir expresión más adecuada y representativa del especial momento que vive Néstor Kirchner que el de esta frase. Donde sembró adecuadamente recoge frutos abundantes y donde se equivocó en la siembra, cosecha sólo disgustos.

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En materia económica, la cosecha por el momento es buena: un crecimiento fuerte y sostenido del PBI, mejoras en los índices de desempleo, incremento en la recaudación fiscal y en la eficiencia del sistema, recuperación y mayor tranquilidad en los mercados financieros e índices de inflación temporáneamente controlados. Pero eso solo ya no alcanza; si no, que lo diga el ex presidente de Perú Toledo, quien exhibió el mejor crecimiento promedio de toda la región mientras obtenía sólo 10% de popularidad. En materia política y social, la cosecha es magra, cuando no adversa.

Hoy el escenario muestra un aumento notable y preocupante de la inseguridad ciudadana, incremento en los indicadores de impunidad por parte de los delincuentes, pérdida de popularidad, caída en los índices de transparencia, derrotas diplomáticas, complicaciones en el frente externo, disminución creciente en el respeto al sistema de división de poderes del Estado, resurgimiento de las protestas piqueteras, enfrentamientos estériles con sectores de la producción y fracasos en los intentos de generar liderazgos regionales por parte de aliados del gobierno, entre otros. Pero, claro está, ¿quién creía que la cosecha sería diferente en función de lo sembrado? Cuando el Presidente resolvió hace un año prescindir de Roberto Lavagna, ¿no advirtió que estaba generando -justamente- el comienzo de un polo de concentración de una oposición hasta ese momento sin liderazgo y un futuro competidor?

Al momento de acompañar y proteger a los piqueteros y permitir que la calle fuera tomada por estas minorías ante su absoluta pasividad, ¿no reflexionó respecto de que tal movimiento se volvería incontrolable y que él mismo quedaría preso de su accionar? Lo ocurrido con Luis D'Elía -quien inexplicablemente fue premiado por su conducta antijurídica con un cargo jerárquico en la estructura del gobierno, desde donde llegó a incendiar una comisaría a los ojos de todo el mundo sin castigo ni reprobación gubernamental, y sus posteriores relaciones con el embajador venezolano que lo llevó a pronunciarse oficialmente a favor de Irán- es sólo una muestra de lo que una mala siembra puede traer como cosecha.

Hoy asistimos al ataque más brutal por parte de dicho piquetero contra el jefe de Gabinete, al que califica hasta de « cipayo», al mismo tiempo en que el movimiento piquetero -en todas sus expresiones y variantes- anuncia que obstruirá todos los actos políticos del presidente de la República, mordiendo la mano de quien le dio de comer por tres años. Cuando acogió como aliados inseparables a las Madres de Plaza de Mayo y -asumiendo la representación de todos los argentinos- nos proclamó a todos compulsivamente «hijos de ellas», ¿no advirtió que se trataba de la siembra de nueva división y que tal declaración lo dejaría atado en identidad ideológica a quienes celebraron, apoyaron y justificaron el accionar terrorista interno, la denostación de instituciones básicas de la República, la permanente generación de odio y la obstaculización de toda posible reconciliación, llegando a aplaudir los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001 y dar sustento a los terroristas etarras?

Cuando aceptó y toleró que Hugo Moyano fuera su referente en materia sindical manteniéndose pasivo frente a los arbitrarios e injustificados actos de fuerza y bloqueos que este dirigente -y su hijo- realizaba a los comerciantes de todo el país sólo para lograr mayores afiliados para su propia organización, ¿no se dio cuenta de que estaba creando y financiando aquello que le generaría -entre otras cosas- el episodio de San Vicente? Cuando el gobierno resolvió intervenir con sistemas de presiones y aprietes en el mercado acosando a productores y empresarios, ¿no tuvo en cuenta los temas vinculados a los sistemas de abastecimiento, y que la paciencia de los agredidos algún día también se acaba y que pueden reaccionar negativamente generándole un serio disgusto? El paro del campo y la falta de gasoil son sólo una pequeña muestra de lo que puede sobrevenir. ¿Cuál era el escenario futuro imaginado por el Presidente cuando resolvió encarar campañas agresivas e insultantes contra los medios de prensa y la Iglesia? ¿Pensó seriamente -en realidad- que los periodistas denunciados se callarían o se volverían sumisos por temor, o que una entidad dos veces milenaria que tiene sustrato sobrenatural hocicaría ante provocaciones?

La actitud de permitir, justificar y hasta alentar que un grupo minúsculo de manifestantes bloquee indefinidamente las fronteras del país y las rutas internacionales de intercambio del Mercosur ¿puede ser considerada por el Presidente como una actitud que dará réditos positivos en el avance del conflicto que mantenemos con el Uruguay en relación con las pasteras? Ya se cosecharon algunos canastos con frutos amargos en La Haya, en el Banco Mundial y en el ámbito de los otros países integrantes del Mercosur. Ni hablar de lo ocurrido en la Universidad de Buenos Aires y sus coletazos en el Hospital de Clínicas, ante un gobierno imperturbable y no colaborador. En otro orden de ideas, confundir la responsabilidad de conducir una Nación y representarla en el concierto de las demás naciones con cuestiones de meras afinidades ideológicas o amistades personales no es un buen método. Lo ocurrido con los coqueteos y alianzas con el gobierno del presidente Chávez de Venezuela ya ha rendido los frutos de que su embajador se inmiscuyera en cuestiones políticas internas dejando mal parado y muy complicado al propio presidente Kirchner, quien tuvo que pedirle a su amigo bolivariano que llamara a sosiego a su representante. La frutilla del postre en materia de malas cosechas fue el experimento «Rovira», que no sólo postergó las aspiraciones de reelección indefinida del gobernador -e «in pectoris» del Presidente-, sino también erosionó a varias figuras que Néstor Kirchner imaginaba como candidatos a cargos de primer nivel en las próximas elecciones. Aparentemente, Aníbal Fernández deberá resignar sus aspiraciones de pretender gobernar la provincia de Buenos Aires a favor de Daniel Scioli, y Alberto Fernández cederá gentilmente la candidatura a jefe de Gobierno al ministro Filmus. Al llegar el fin del año y tener que imaginar el escenario electoral del año que viene, el Presidente deberá reflexionar un poco más respecto de cada uno de los pasos que debe dar en ese camino porque, como bien lo señala el dicho popular aludido, «sólo cosecharás tu siembra».

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