Las primarias demócratas, el discurso del "estado de la Unión" y las elecciones presidenciales norteamericanas de 2020

Opiniones

Las elecciones primarias demócratas marcan el ritmo político de los Estados Unidos. Sin embargo, quienes imaginaban que el republicano Donald Trump sería un presidente de un solo término están viendo tambalear sus creencias.

Las elecciones primarias demócratas marcan el ritmo político y el posible futuro de la agenda norteamericana. Sin embargo, aquellos que pensaban que Donald Trump sería un presidente de un solo término están viendo tambalear sus creencias. Sin rivales de peso en el partido Republicano y con el proceso de destitución cerrado, su camino a la reelección comienza a allanarse con una situación nacional e internacional que le resulta favorable desde lo económico, endeble desde lo político y seguramente no exento de las controversias de su estilo presidencial.

“Estamos recuperando EE.UU. para los norteamericanos” fue el eje de su discurso, que lejos de presentar una unión, mostró claramente las líneas de fractura de la política norteamericana. Se declaró a favor de la vida, del derecho a rezar en las escuelas públicas, de otorgar libertad de movimiento en la elección de las escuelas y por sobre todo gran parte de su discurso se centró en la recuperación de puestos de trabajo, el retorno de las fábricas y la reconstrucción de sus FF.AA. Con su estilo confrontativo, les hizo saber a los demócratas que su segundo mandato se continuará orientando a quienes se han visto relegados por la globalización y que detentan la ciudadanía norteamericana, a quienes mencionó en dos ocasiones: “Los trabajadores de cuello azul”. Vuele a reafirmar que no es un presidente de agendas de minorías, presentándose a sí mismo como un restaurador de los valores y las ideas de las mayorías tradicionales, invitando a las minorías a sumarse, esto es adaptación a la inversa. Con pocos temas que reflejan una agenda bipartidista, excepto tal vez el caso de Venezuela, Trump se mostró motivado para enfrentar una nueva carrera presidencial.

Por su parte tanto el Caucus de Iowa como las primarias de New Hampshire reafirmaron una situación similar a la que enfrentan los republicanos centristas: estos no son tiempos para ellos. El partido Demócrata también está en conflicto con su establishment, como lo reflejan los resultados de ambas elecciones. Hasta el momento Sander y Buttigieg se imponen en el número de delegados, seguidos por Elizabeth Warren y un poco más atrás en igualdad por Joe Biden y Amy Klobuchar.

El vicepresidente de Obama es considerado parte de un establishment lo cual resulta contraproducente para los votantes. Quienes participaron buscan opciones electorales que se alejen de aquello que perciben como “más de lo mismo” y que puedan enfrentar a Trump en sus mismos términos. Sin embargo y a diferencia de los Republicanos, el partido demócrata aún carece de su propio “tea party” o revolución restauradora que les otorgue una cohesión lo suficientemente fuerte con perspectiva de ganar la próxima elección presidencial. Esta situación afecta a los moderados, ya que, si bien los moderados republicanos pueden apoyar una opción moderada demócrata, los demócratas no tienen la misma alternativa si eligen una formula considerada “extremista”. En un sistema de voto optativo, la desmovilización también importa.

Veamos una serie de temas de agenda. En materia de defensa, Sanders, Warren y Klobuchar apoyan el recorte de fondos, mientras que Biden y Buttigieg apoyan el incremento del presupuesto. Con respecto a mantener el despliegue global de sus fuerzas, Klobuchar y Biden coinciden, mientras que Sanders, Buttigieg y Warren, quieren replegarse del mundo. En relación a China, todos, excepto Biden, coinciden con la presión comercial al gigante asiático, pero creen necesario cambiar el enfoque. Para Biden no hay porque preocuparse por China sino mejorar la competitividad norteamericana. Un acuerdo generalizado es la aceptación del NAFTA renegociado por Trump: todos apoyan dicha política. Con respecto al muro entre Mexico y EE.UU., Sander y Warren se encuentran a favor de no brindar más fondos para su construcción, mientras que Biden, Klobuchar y Buttigieg, con diferencias de grado, prefieren continuarlo y asignarle fondos adicionales.

Estos puntos de la agenda muestran hasta qué punto la acción del republicano está condicionando los términos del debate demócrata y nos permite pensar que difícilmente la próxima política norteamericana sea radicalmente distinta a lo que vemos de ahora.

Michael Lind en su libro “The New Class War” nos brinda una explicación del estado actual de la política norteamericana. Él reconoce que el poder se manifiesta en tres niveles: el Gobierno, la economía y la cultura. Los llamados “trabajadores de cuello azul”, en EE.UU. han perdido casi toda la influencia que tenían en esos tres, provocando una contra-reacción frente a aquellos que son considerados el establishment. Miles de ciudadanos que votaron por Obama, hoy votan silenciosamente por Trump, quien en 2016 saco más votos entre los sectores latinos y afroamericanos que el candidato Mitt Romney en 2012.

La desafección creciente y permanente que acompaña los ciclos políticos se sintetiza en una frase de demanda: “Por favor escúchennos más atentamente”. Menudo desafío en un mundo donde el ruido y la confusión están ganándole la carrera al diálogo.

(*) Docente de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE

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