El mundo regresa a la "gran inflación"
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A diferencia de los años setenta, no ha comenzado aún de manera extendida la espiral precios-salarios, salvo excepciones en algún mercado emergente y en algunas zonas de Europa. Muchos economistas opinan que sin el ingrediente clave de la inflación salarial, la elevada inflación representa un fenómeno temporal. Sin embargo, la falta de una inflación de salarios es una espada de doble filo, ya que el estancamiento de los salarios, en medio de un incremento de los precios de bienes y servicios, reduce el poder de compra del consumidor. Esta situación, al contrario, puede impulsar las expectativas de inflación si los consumidores creen que sus ingresos podrán comprar siempre menos en el futuro. Las consecuencias han comenzado a observarse en algunos lugares de Europa y del mundo desarrollado.
En líneas generales, la inflación sigue siendo menor que la de los setenta y los indicadores de tendencia de la inflación permanecen moderados. Sin embargo, dejando de lado las comparaciones con los setenta, muchos factores apuntan hacia un persistente incremento de la misma no obstante una disminución de la demanda global. La mayor parte de la población mundial ya padece de una inflación de dos dígitos de los precios al consumidor. La suba de los precios al consumidor permanece en un dígito en los países desarrollados, pero es elevada después de un largo período de deflación en los años ochenta y noventa.
Lamentablemente, es muy poco lo que pueden hacer aislados incrementos de tasas de interés en el mundo desarrolladopara hacer frente al aumentode los precios de las materias primas como consecuencia de la fuerte demanda de los mercados emergentes. Estos deberían incrementar de manera mucho más significativa sus tasas de interés antes que un fuerte cambio ascendente de la expectativa inflacionaria apriete el gatillo de la espiral precios-salarios. Pero es más probable que dichas economías (donde el impacto de los precios de las materias primas está alimentando desórdenes sociales) no quieran endurecer su política monetaria en la medida necesaria y dejar revaluar sus monedas lo suficiente para controlar la inflación. La disminución del crecimiento interno que implicarían dichas políticas monetarias solucionaría la caída del crecimiento a causa del declive económico del G-7. El resultado podría ser una decisión política equivocada que conduciría hacia un incremento de la inflación global.
La inflación es la hija legítima del manejo monetario. Las constantes emisiones de liquidez de parte de los bancos centrales para sustentar a los bancos y a la economía tienen un efecto negativo sobre el valor de la moneda y encarecen los bienes reales. Dadas las malas noticias respecto del mercado inmobiliario y por ende respecto del sistema financiero norteamericano no hay razón para que este proceso se revierta en el corto plazo.



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