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8 de diciembre 2006 - 00:00

"No hemos defendido con todas las armas a ahorristas locales"

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«Los bancos todavía deben hacer mucho para recuperar la confianza de los ahorristas. Si bien están volviendo los depósitos, la relación quedó dañada y las heridas no se cerraron.» Así opina María Laura Tramezzani, que hace cinco años -cuando el gobierno de Fernando de la Rúa decretaba el «corralito»- se desempeñaba como directora del fondo común de inversiones 1784, del BankBoston con un alto perfil. Era el líder en ese mercado y terminó afectando a miles de ahorristas.

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Actualmente desde Banco Finansur, donde administra carteras obviamente por un monto mucho menor, Tramezzani ahora hace un mea culpa: reconoce que «cometimos muchos errores» en aquel momento y no duda al señalar que «no defendimos con todas las armas que teníamos a disposición a los clientes». Aunque asegura que en el caso de la industria de los fondos comunes se intentó una defensa a través de recursos de amparo, «el público no hizo distinciones y castigó a todos».

Este es el diálogo con la administradora de carteras sobre cómo vivieron en los bancos la decisión de Domingo Cavallo de limitar el retiro de los depósitos en diciembre de 2001.

Periodista.: ¿Cuál es la primera observación que debe realizarse cuando pasaron cinco años del «corralito»?

María Laura Tramezzani: Las heridas hay que cerrarlas bien, porque de lo contrario se corre el peligro de repetir viejas historias. La primera lectura es que se destruyó la confianza y ésa es la base del negocio entre un banco y sus ahorristas. Y si bien están volviendo los depósitos, el proceso es distinto y también cambió la relación de los bancos con sus clientes.

  • Ruptura

    P.: Los bancos están finalizando 2006 con importantes niveles de rentabilidad.

    M.L.T.: Las entidades pueden volver a las ganancias, pero lo que se rompió es la confianza, que es un intangible. De hecho, se está dando otro tipo de relación entre las entidades y los clientes. Por ejemplo, el negocio de los fondos comunes nunca volvió a seducir al ahorrista individual como sucedió en la década del 90. Ahora se apunta fundamentalmente al ahorro de las empresas.

    P.: ¿Por qué remarca que los fondos comunes eran distintos a los bancos?

    M.L.T.: Nuestro rol era comprar lo que los clientes demandaban y no se trató de una decisión propia nuestra como administradores. Pero al final todos fuimos iguales para el público. Al banquero le pasó que prestó demasiado al gobierno sin poner límites. Y si bien es cierto que existía presión oficial, por otra parte era rentabilidad sin demasiado esfuerzo.

  • Bola de nieve

    P.: ¿No se pudo prevenir, considerando que el deterioro fue lento?

    M.L.T.: Es cierto que el deterioro fiscal no se produjo de la noche a la mañana. Y no se puso coto al financiamiento que ofrecían las entidades financieras. Después fue una bola de nieve imposible de parar, porque la alternativa era el default, lo cual finalmente ocurrió.

    P.: ¿Cuál es puntualmente su observación respecto de la postura que asumieron los bancos?

    M.L.T.: Mi percepción es que se quiso reconstruir el negocio de la banca pero sin reconstruir la relación. Si se quiere hacerlo sobre cimientos firmes, primero hay que restablecer la relación y luego el negocio. Y en ese proceso es importante reconocer errores. Esto no existe, en general se tapó y la salida de la crisis más el viento de cola provocó que no se mirase para atrás. Pero sería bueno hacerlo, no para revolver la herida sino para construir. Y preguntarnos qué aprendimos de todo esto.

    P.: ¿Qué hicieron en 1784 para defender a los clientes?

    M.L.T.: Interpusimos la acción de amparo más grande. Una fue contra la pesificación de la deuda y otra contra el «corralito». La primera fue la más grande registrada en el país por 100 millones de dólares. Tuvimos un fallo favorable en primera instancia, mientras que la segunda causa llegó a la Corte Suprema. Desde lo judicial gritamos y defendimos a nuestros clientes donde podíamos, que era en la Justicia.
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