23 de junio 2024 - 00:00

Se acelera la dolarización

Nos proponen volver a un modelo fallido como el de los 90s, y por eso no es casualidad que uno de los defensores de esa idea sea Domingo Cavallo.

La famosa competencia de monedas, no es más que la consolidación de la dolarización de facto de nuestra economía.

La famosa competencia de monedas, no es más que la consolidación de la dolarización de facto de nuestra economía.

El mundo disputa el rol del dólar como moneda de reserva internacional y sin embargo Argentina avanza con la competencia de monedas, una nueva forma de dolarizar el país.

Cavallo, el asesor en las sombras

Javier Milei y sus funcionarios empezaron a dar señales de cambios en su política económica. Manifiestan la necesidad de ir hacia una tasa de interés real positiva y de reducir el impuesto PAIS para finalmente poder levantar el cepo cambiario, en línea con lo sugerido por el mismo FMI. El objetivo final parece ser tener en nuestra economía un esquema de “competencia de monedas”. Nos proponen volver a un modelo fallido como el de los 90s, y por eso no es casualidad que uno de los defensores de esa idea sea Domingo Cavallo.

El ex ministro de Economía señaló recientemente en su blog los pasos que él cree debería seguir el gobierno para lograr la famosa competencia de monedas. Entre los mismos se encuentran la liberalización del mercado financiero, sancionar el blanqueo de capitales y autorizar a los bancos a recibir depósitos en dólares con la misma facilidad y prerrogativas de los depósitos en pesos.

Pero la famosa competencia de monedas, no es más que la consolidación de la dolarización de facto de nuestra economía. Seamos sinceros: si el dólar consiguió su hegemonía después de imponerse como moneda de reserva internacional luego de que Estados Unidos haya ganado la Segunda Guerra Mundial, ¿cómo se podría esperar que el peso argentino pueda competir con tal hegemón? Solo cierra la idea con la ya expresada voluntad del Presidente: destruir el Estado y la moneda nacional, e imponer una nueva forma de dolarización.

Licuar para debilitar el peso

Lo primero que tenemos que recordar, es que Milei arrancó su gobierno encendiendo la licuadora: se dedicó a fulminar los depósitos en pesos. Aceleró la inflación con una megadevaluación y bajó la tasa de interés buscando reducir la demanda de pesos. La destrucción del valor de nuestra moneda nacional (a partir de la reducción de tasas de interés) es una forma de traducir la “licuación” a la que aludió Milei como plan económico. Si el ahorro en pesos es fuertemente castigado, ir hacia el dólar será siempre una buena opción. Dolarizar o ir hacia un esquema de libre elección de monedas, un nombre más elegante, sigue siendo el fin último de este gobierno. Una medida que institucionaliza el bi-monetarismo de nuestra economía dificultando aún más su reversión.

Desde el estructuralismo latinoamericano, se ha destacado históricamente la escasez de divisas como un obstáculo para la industrialización. La dependencia de Argentina de sus exportaciones agrícolas, que no generan suficientes dólares para sustentar un crecimiento industrial sostenido, ha llevado al estado crónico del déficit de divisas. Sin embargo, la problemática actual va más allá de la economía real y se adentra en la financiarización de la economía. La deuda externa y la fuga de capitales han exacerbado esta situación, consolidando una economía en la que los dólares son la moneda de elección para la acumulación de riqueza y la realización de transacciones importantes, como la compra de bienes inmuebles y actualmente también los autos, principalmente usados.

Convertibilidad recargada

La convertibilidad es el modelo que busca repetir Milei. Una experiencia que en su última expresión, los 90s,estabilizó temporalmente la inflación pero también llevó al país a la destrucción de gran parte de su entramado productivo con muy malas consecuencias en el empleo y la pobreza. Un tipo de cambio fijo y apreciado, como el que produce la dolarización no garantiza automáticamente una mayor competitividad o mejoras salariales. Por el contrario, podría agravar la desigualdad y limitar la capacidad del país para manejar su política económica de manera autónoma.

En definitiva, la dolarización total podría significar la pérdida definitiva de la soberanía monetaria de Argentina, atando su destino económico a las fluctuaciones de una moneda que no controla. En lugar de buscar soluciones fáciles que podrían hipotecar el futuro del país, es fundamental que Argentina aborde sus problemas estructurales, fortaleciendo su moneda y su economía a través de políticas integrales que fomenten la inversión, el ahorro y el desarrollo sostenible. Solo así podrá construir un futuro donde el peso argentino sea una moneda de confianza y estabilidad.

La política económica debe centrarse en resolver la cuestión de fondo: la falta de confianza en el peso y la necesidad de un modelo económico que permita el desarrollo sostenible y equitativo. Esto incluye fortalecer las instituciones financieras, implementar políticas fiscales responsables y fomentar un entorno de inversión favorable. La historia muestra que las soluciones simplistas, como el plan “motosierra y licuadora” junto con la competencia de monedas, pueden tener consecuencias graves y duraderas. Por lo tanto, es crucial que Argentina tome decisiones informadas y estratégicas para asegurar un futuro próspero y autónomo.

Economista, Directora del Banco Ciudad

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