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8 de marzo 2018 - 09:02

Colonia Express: lo barato sale caro, mal y demorado

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Como viajero frecuente de la compañía fluvial Colonia Express reafirmo el dicho popular que asegura que el hombre es capaz de tropezar dos (e incluso muchas veces) con la misma piedra. En la misma línea, también pude confirmar el viejo refrán que reza "lo barato sale caro". Me tomo el atrevimiento en este caso de reformular esa última frase y afirmar que "lo barato sale caro, mal y demorado".

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Para no aburrir al lector, resumo cuatro historias de viaje en una sola. Se podría decir que salvando mínimos detalles, el desenlace es el mismo:

Día 1: miércoles, 11.20 am. Llamo durante 40 minutos al 4-317-4100. Desisto.

Día 2: jueves, 14.00 pm. Llamo durante 20 minutos. Desisto.

Día 3: viernes, 10 am. Me acerco a las oficinas de la empresa, en Av. Elvira Rawson de Dellepiane 155, Puerto Madero Sur y compro el pasaje (ida y vuelta a Montevideo) con tarjeta de crédito -aclaración: soy pasajero frecuente, estoy registrado como cliente activo y con sólo mencionar mi número de DNI el sistema incorpora mis datos al momento de emitir el pasaje-. La atención es buena y en menos de diez minutos me voy con mis tickets.

Día 4: partida hacia Montevideo. Primera odisea. Viaje de ida. El barco va a Colonia y desde allí un bus traslada a los pasajeros a la capital uruguaya. La playa de estacionamiento de Colonia Express está en obra, pero la empresa nunca notificó a los pasajeros. No puedo dejar el auto en el lugar y no hay cocheras privadas en la zona. Presento el ticket en ventanilla y la empleada de turno me aclara que no puedo hacer el check in porque no soy Hernán Maximililiano Bolla, el titular del pasaje.



Aquí es donde entiendo que evidentemente es posible tropezar varias veces con la misma piedra. Por segunda vez la empresa Colonia Express emite un ticket a nombre de otra persona con mi DNI. Luego de 15 minutos de incertidumbre logran solucionar el inconveniente. Al fin viajo. Como dato, vale aclarar que a diferencia de sus competidores, Colonia no tiene servicio de bodega para el equipaje, por lo tanto el pasajero debe ingresar con su valija hasta el interior del barco. Llego a Montevideo.



Día 5: regreso a Buenos Aires. Para aquellos que aseguran que las segundas partes no son buenas, el viaje de vuelta fue mucho más interesante que el primero. ¿Motivos? Tras un retraso de hora y media de acuerdo al horario de partida estipulado, embarcamos. El barco marcha lento, muy lento. No acostumbro a tomar asiento en viajes cortos (una hora de navegación). Suelo viajar de pie, al lado de la puerta de ingreso al free shop. "Vamos a demorar más de dos horas y media porque se rompió un motor y tampoco funciona el aire acondicionado", asegura un tripulante. ¿Por qué no nos avisaron al momento de partir?, consulto. "No recibí orden de comunicarlo, pero sí de hablar personalmente con los pasajeros".

Así fue, paso a paso relatando lo sucedido ante la indignación de la gente.



Llegué a Buenos Aires cuatro horas más tarde de lo estipulado (una hora y media antes de embarcar y dos horas y media arriba de la nave). Hasta el momento no tuve una respuesta ni un pedido de disculpas de la empresa. Ni en mi último viaje, ni en los anteriores.

Para cerrar, una reflexión que tiene que ver en realidad con una autocrítica: la elección de viajar "más económico" es mía. Existen otras dos compañías fluviales para cruzar el charco. Son elecciones, aún cuando se tropieza varias veces con la misma piedra. Tal vez es hora de tomar nota.

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