Inspirador de la Constitución nacional sancionada en 1853, Juan Bautista Alberdi pensaba que la libertad en su más amplia acepción era el requisito para el progreso de las naciones. El descubre, y traslada esas ideas al proyecto de Carta Magna que sería sancionado, en la Constitución del estado de California, la justificación de sus convicciones. Con esa misma Constitución, hoy California sola exhibe un desarrollo económico que la convierte en uno de los 10 PBI más altos del mundo.
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En su último libro -«La Argentina Acosada-Ideologías versus Nación»-, Emilio Perina transcribe del sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, según la Constitución de 1853, lo siguiente, con la firma de Alberdi: «Nuestra revolución abrazó la libertad económica, porque ella es el manantial que la ciencia reconoce a la riqueza de las naciones; porque la libertad convenía esencialmente a las necesidades de la desierta República Argentina, que debe atraer con ella la población, los capitales, las industrias de que carece hasta hoy con riesgo de su independencia y libertad, expuestas siempre a perderse para el país, en el mismo escollo en que España perdió su señorío: en la miseria y pobreza».
«Luego la economía de la Constitución escrita es expresión fiel de la economía real y normal que debe traer la prosperidad argentina; que no depende de sistema ni de partido político interior, pues la República, unitaria o federal (la forma no hace al caso), no tiene ni tendrá más camino para escapar del desierto, de la pobreza y del atraso, que la libertad concedida del modo más amplio al trabajo industrial en todas sus fuerzas (tierra, capital y trabajo), y en todas sus aplicaciones (agricultura, comercio y fábricas)».
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