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Ha sido él y desde su esforzado estilo de vida quien impuso, otra vez, a León Carlos Arslanian al frente de la seguridad bonaerense. Contrariando, sin duda, lo que pensaba y piensa una vasta mayoría de adherentes a la vocacional marcha de la semana pasada sobre el Congreso nacional, ese acontecimiento inesperado piloteado por un ignoto Juan Carlos Blumberg. Poco habituado a las lecturas, se podría decir que Duhalde no leyó el significado de ese acto, de esa expresión popular. Tampoco, claro, el desorientado Solá (aunque no lo ignora), mientras Kirchner -en la misma línea del jefe bonaerense- también postuló la designación quizás inspirado en la última doctrina de Eugenio Zaffaroni: «La mayoría no siempre tiene razón» (sobre todo cuando no piensa como uno). No importa si los tres se odian, se acechan y piensan sólo en arrebatarse territorios: en esto de Blumberg han jugado juntos, algún elemento vital los reúne. La coalición inventada por Duhalde, que llevó a Solá a la gobernación y a Kirchner a la Casa Rosada (y a la conservación de varios ministros y algunos negocios), hoy cerró filas ante un temor desconocido.
Duhalde, quien huyó de la crisis a París al mejor estilo metalúrgico de Lorenzo Miguel -su modelo contemporáneo más cercano-, eligió el silencio hasta ayer, lo mismo que su portadora
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