La visita de Duhalde tiene sombras de sobra. Primero que coincide con la verdadera estrella de la región, Lula Da Silva, a quien todos quieren ver y que, a diferencia del presidente argentino, sí figura en los programas oficiales. La cumbre de Davos no es más que una sala VIP que quiere funcionar como plataforma para que la gente se encuentre y charle en los pasillos. Los visitantes quieren ver a los exitosos -por eso vienen los CEO de las principales empresas del mundo, encabezados por Bill Gates-, a los que le fue bien -por eso estará también Bill Clinton-, o a los que son una promesa, como Lula. Para colmo Duhalde dejó en Buenos Aires a su gabinete, que son la gente que le podrían facilitar esa diplomacia de pasillo a la que se entregan los mandatarios que vienen acá en el tiempo que les deja libre la fondue y la visita a los cómodos spa de los hoteles.