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30 de noviembre 2006 - 00:00

De verduga a madrina: raro lazo de Cristina y Scioli

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Daniel Scioli
Daniel Scioli llegó a la reunión que mantuvo el martes con Néstor Kirchner después de varias tratativas en torno de su candidatura bonaerense. El encuentro fue el remate de un proceso bastante breve de conversaciones sobre esta postulación. El trámite comenzó el 10 de noviembre pasado, es decir, el día en que los Kirchner, junto con Scioli y otros integrantes del gobierno visitaron La Matanza para celebrar el 150 aniversario de la localidad de San Justo. La candidatura del vicepresidente tiene una madrina. Es Cristina Kirchner, quien se convirtió, desde la derrota de Misiones en la autora de casi todas las iniciativas del gobierno en el plano político. Una paradoja: hace un año, Cristina había sido la principal censora de Scioli. No en privado sino en público. Le reprochó en el recinto del Senado, con la voz levantada, hacer operaciones de prensa en su contra. El oficialismo intentaba imponer en aquellos días la reforma al Consejo de la Magistratura y la primera dama le enrostró al presidente de la Cámara la publicación de manipulaciones sobre la integración de las comisiones que tratarían el tema: se había desplazado al opositor socialista Rubén Giustiniani de la de Justicia.

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Dicen, nunca se sabrá, que el enojo de Cristina había sido alimentado por desgrabaciones de las conversaciones telefónicas de Scioli. Fue, después, el tema del verano. De un mal verano para el ex corredor de lanchas. Esta historia merecía ser recordada por aquello de Getulio Vargas: «En política nunca te enemistes tanto con alguien que no puedas volver a ser su amigo ni te hagas tan amigo que eso te impida ser su enemigo». «Me quieren mucho porque yo viví mucho tiempo en Ramos Mejía», dijo Scioli en San Justo.

La cabeza de Cristina siguió elaborando, veloz, su maquinación. Como siempre. No tuvo tiempo de detectar que Ramos Mejía y San Justo son localidades distintas. Y que esa permanencia de Scioli en el lugar, si bien prolongada, había concluido en 1975, en circunstancias poco felices. En vez de perder tiempo con estos detalles, ella cambió de oído y ahora descargaba la información en el del Presidente. Aníbal Fernández, José Pampuro, el propio Alberto Balestrini, no prestaban atención a una escena en la que acaso les cambiaba la vida.

  • Ruego

  • La senadora Kirchner, más inquieta, volvió sobre Scioli: «¿Entonces vos podés hacer política en la provincia?». El vice ya no pudo simular más su ingenuidad -es uno de los mejores en el oficio- y, casi como en un ruego, respondió: «No hagamos más líos, Cristina». Imposible pedir eso a esta platense, que aquella tarde estaba examinando las chances de alguien que, bien puede creerse, sería un dispositivo central de su propia carrera a la presidencia. La opción bonaerense de Scioli es el artificio derivado de una pubertad en Ramos Mejía, vecindad que hubo que abandonar cuando uno de sus hermanos, Pepe (ahora funcionario en Puerto Madero), fue secuestrado a la salida del colegio Ward, en una encerrona, a cuatro cuadras de la estación ferroviaria. No deja de sorprender que la figura del vicepresidente, sospechado el verano pasado de todo tipo de complot contra el gobierno, se haya convertido ahora en un activo múltiple del tesoro electoral de los Kirchner.

    Tanto se lo puede exponer en Capital como en la provincia. Tal vez también en otros distritos. Casi como a Cristina Kirchner.

    La primera evidencia de esa puesta en valor fue que Scioli recibió a los pocos días del aniversario de San Justo la visita de un funcionario de bajo perfil, pero de gran protagonismo en el armado electoral de Kirchner: el director general de Aduanas, Ricardo Echegaray, concurrió al despacho del Senado para especificar las condiciones del nuevo contrato. Fue la avanzada para quien, por su hiperactividad, parece el ministro del Interior en las sombras del gobierno: Rudy Ulloa, un íntimo del Presidente. En los dos casos se habló de encuestas, se evaluaron ventajas y desventajas del lanzamiento, en definitiva,se preparó la reunión del martes. Ya estaba resuelto el principal problema de su candidatura: le dejaría el campo abierto a Jorge Telerman en la interna del oficialismo y, se presume, mejoraría las chances de Mauricio Macri en la ciudad (lo que tal vez termine de inclinar al presidente de Boca por ese camino). Son las peores noticias para Alberto Fernández, quien debió lanzar a su propio ahijado en la Capital para evitar una avalancha hacia Telerman. Ese candidato es Daniel Filmus, quien hasta ahora coqueteaba con una opción de centroizquierda que contuviera a Carlos Heller, Miguel Bonasso y Aníbal Ibarra.

  • Terreno desconocido

    Todo sea para evitar que se ofrezca a los electores el propio jefe de Gabinete como candidato. Nadie supone su triunfo. Si Fernández debió contrariarse con estas novedades, Scioli tampoco estaba convencido de la conveniencia del cambio de distrito. Es la segunda vez que deja a los porteños «de seña» con una candidatura a intendente. Por otra parte, desconoce las arenas movedizas de la provincia. De todos modos, al regresar a su casa de la calle Anchorena después de entrevistarse con Kirchner, confesó lo que no quiso decir a la prensa. Allí lo esperaban varios hombres de su equipo político, encabezados por el ex cavallista Guillermo Francos. Esos contertulios escucharon: «Soy parte de un proyecto político, me debo al Presidente y me voy a comprometer con él». Si exponer estas palabras como la otra mejilla del maltrato fue habitual en estos tres años, es fácil imaginar la satisfacción de pronunciarlas cuando, a cambio, puede llegar el segundo premio político que ofrece el país.
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