La Cámara de Diputados postergó, en la sesión del miércoles pasado, la aprobación del dictamen de la Comisión Mixta Revisora de Cuentas sobre las cuentas de inversión presentadas por el Poder Ejecutivo de los años 1994, '95 y '96. La cuestión, que puede despertar en inicio un aburrimiento técnico, es uno de los debates más fuertes que en voz baja se han mantenido en el Congreso en los últimos años. Se trata de la rendición final no sólo de la ejecución de los presupuestos nacionales de esos años, sino también de todos los ingresos por privatizaciones de esos años del gobierno de Carlos Menem y de las obras que se realizaron. Hace meses ya que la Mixta Revisora de Cuentas emitió ese dictamen en el que aprobaba las cuentas públicas de ese período, en un intento por acelerar el control de los gastos del Estado por el Congreso que históricamente se ha demorado.
•Complicado
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La negativa a aprobar los dictámenes partió de parte de la oposición, pero el peronismo luego prefirió dejar la cuestión para otra sesión, básicamente por falta de argumentos para defender esos números presentados por el gobierno de Menem. Para subsanarlo, los diputados oficialistas ya pidieron datos a la comisión revisora.
El problema comenzó cuando el tucumano José Vitar pidió la palabra: «Este marco vergonzante cierra un capítulo doloroso, porque estamos en presencia de un tema tan fundamental como poco conocido por los miembros de este cuerpo. Se trata de una señal seria de alerta y preocupación», dijo.
Y luego continuó la protesta por las privatizaciones: «Vamos a aprobar la cuenta de inversión donde están contemplados defectuosamente, entre otras cosas, los ingresos del proceso de privatizaciones de los años 1994, 1995 y 1996, cuando, como todos recordamos, se malvendieron nuestro petróleo, nuestra línea aérea, nuestros teléfonos, nuestro gas, nuestra energía y nuestros ferrocarriles. Y resulta que debemos aprobar todo esto a libro cerrado en un dictamen donde la propia mayoría que aconseja la aprobación reconoce que las cifras consignadas no son exactas ni suficientes».
En ese momento, el quórum de la Cámara había caído, y Eduardo Camaño intentaba levantar formalmente la sesión. Pero lo más complicado llegó cuando el radicalismo se sumó a la queja: «La exposición del señor diputado Vitar en cuanto al dictamen de la minoría nos representa totalmente y vamos a acompañarlo como lo planteó el señor diputado», dijo Horacio Pernasetti. Después de una larga discusión, los justicialista consiguieron postergar el debate para otra sesión.
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