El problema comenzó cuando el tucumano José Vitar pidió la palabra: «Este marco vergonzante cierra un capítulo doloroso, porque estamos en presencia de un tema tan fundamental como poco conocido por los miembros de este cuerpo. Se trata de una señal seria de alerta y preocupación», dijo.
Y luego continuó la protesta por las privatizaciones: «Vamos a aprobar la cuenta de inversión donde están contemplados defectuosamente, entre otras cosas, los ingresos del proceso de privatizaciones de los años 1994, 1995 y 1996, cuando, como todos recordamos, se malvendieron nuestro petróleo, nuestra línea aérea, nuestros teléfonos, nuestro gas, nuestra energía y nuestros ferrocarriles. Y resulta que debemos aprobar todo esto a libro cerrado en un dictamen donde la propia mayoría que aconseja la aprobación reconoce que las cifras consignadas no son exactas ni suficientes».
En ese momento, el quórum de la Cámara había caído, y Eduardo Camaño intentaba levantar formalmente la sesión. Pero lo más complicado llegó cuando el radicalismo se sumó a la queja: «La exposición del señor diputado Vitar en cuanto al dictamen de la minoría nos representa totalmente y vamos a acompañarlo como lo planteó el señor diputado», dijo Horacio Pernasetti. Después de una larga discusión, los justicialista consiguieron postergar el debate para otra sesión.
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