7 de noviembre 2003 - 00:00

Diputados sitiados por ira de deudores

La ley de salvataje para deudores, aprobada en la madrugada de ayer por Diputados, fue el disparador para que morosos insatisfechos con la norma sitiaran el Congreso, a las 3 de la mañana, e impidieran la salida de los legisladores al mejor estilo del que sufrió Carlos Tomada en el ministerio cuando los piqueteros lo obligaron a pernoctar en sus oficinas.

Después de haber debatido ese proyecto hasta las 2.55 de la mañana, los diputados se encontraron con una manifestación que les impedía salir por el ingreso habitual de la avenida Rivadavia. El cuerpo de seguridad había cerrado las puertas cuando unas cincuenta personas, lideradas por Rubén Manusovich, de Fedecámaras, comenzaron a congregarse y a tirar huevos al edificio, quejándose por la ley de salvataje que no consideró el caso de los empresarios pyme que hubieran hipotecado sus casas para conseguir capital de trabajo.

•Quejas

Como es habitual que las manifestaciones bloqueen la salida principal de Diputados, los legisladores se dirigieron a una suerte de puerta de servicio que el palacio tiene sobre Combate de los Pozos. Pero al intentar ganar la calle por allí, unos 20 manifestantes se corrieron desde Rivadavia y también bloquearon esa salida.

Los diputados, sobre todo las mujeres, comenzaron a quejarse. «Llamen a la Policía, no puede ser que estemos aquí secuestrados», gritaban.

Finalmente, la Policía llegó. Los agentes hicieron una valla humana para cerrar el acceso de los manifestantes a Combate de los Pozos y los legisladores comenzaron a salir. Pero en ese momento empezó lo peor.

Desde detrás de la valla policial comenzaron a filtrarse algunos deudores enojados que primero insultaron a los diputados y luego directamente procedieron a tirarles huevos y las bolsas de basura que encontraban en la calle.


Lo curioso es que algunos legisladores que en el recinto habían votado en contra de la ley, salieron con tranquilidad pensando, grave error, que los manifestantes habían escuchado la sesión. Fue el caso de Juan Pablo Baylac, Fernanda Ferrero, Marcelo Stubrin y María José Lubertino, que recibieron los mismos insultos que el oficialismo, sin tiempo a explicar su posición.

Siempre diligente, Alfredo Bertiche, secretario general del cuerpo, organizó una fila de autos de los diputados y taxis, donde los legisladores entraban, cerrando inmediatamente trabas y ventanas, bajo la conocida lluvia de huevos y basura.

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