11 de noviembre 2003 - 00:00

Dos ahijados de Duhalde se incitan a la libertad

Pocas veces un poderoso, como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, confiesa su fragilidad como lo hizo Felipe Solá en la revista «Veintitrés».Algo había adelantado ya en el discurso que le escucharon los empresarios en IDEA, el miércoles pasado por la noche, cuando dijo «yo no soy un político profesional que se dedica de tanto en tanto a la administración de modo amateur», en obvia referencia a Eduardo Duhalde. Ahora Solá fue más explícito y reveló una especie de trampa en la que se encuentra atrapado. Las fuerzas que actúan entre él son varias y contradictorias. En primer lugar, la de Néstor Kirchner, quien lo desafía a romper con el duhaldismo pidiéndole en público la depuración drástica de la Policía Bonaerense, vinculándola al aparato duhaldista basado en los caudillos suburbanos del PJ. Para Solá, esa exigencia del Presidente es la expresión de un estilo draconiano casi espectacular. Los duhaldistas entienden, en cambio, que Kirchner abre otro juego con sus exigencias. Ellos creen que Solá tentó al Presidente con una alianza que les permita a ambos emanciparse del aparato político que los llevó al poder. El propio Kirchner se lo reveló a un hombre que convive con Duhalde, durante un viaje en avión, regresando desde El Calafate. Según este punto de vista, Kirchner solamente estaría probando los sinceros propósitos de su eventual aliado Felipe Solá. Como si le pidiera, como prueba de amor, nada menos que una embestida temeraria contra la Bonaerense, pero fundamentalmente contra Duhalde, nada menos. Solá lo confiesa en la última línea de sus declaraciones: Kirchner me apoya «pero condicionado a esa actitud de ir al frente». La dimensión del drama de Solá es Duhalde. El gobernador hace notar que quien fuera su padrino -también de Kirchner-«toma distancia de mí». Se queja de que no le provea recursos de poder, en el manejo del partido y en el control de las cámaras. Lo que no dice es que Duhalde toma distancia también de las aspiraciones que tiene Solá de construir un nuevo escenario con Kirchner, que a su vez también le pone condiciones. Por lo menos es para Solá prematuro enfrentar a Duhalde, aunque lo incite Kirchner. Esa distancia respecto de Duhalde le reduce espacio. ¿qué gobernador, se queja Solá, no puede nombrar al presidente de su Legislatura o al jefe de partido, cargos que Duhalde quiere retener para su gente? Hoy esa pelea se da entre el candidato de Duhalde, Osvaldo Mércuri, y el de Solá, Florencio Randazzo. Claro, le responde el ex presidente, esas son las condiciones del peronismo provincial que también hicieron de Sola gobernador, algo de lo que nunca él se quejó. Una, expone el gobernador en este lúcido reportaje, es que se sume a su cruzada moral, con lo cual lo expone a un examen duro para un hombre que tiene ya trayectoria en la política como es Solá, que fue funcionario público desde 1989 y con alto relieve, algo que no tiene el propio Kirchner, a quien su origen provincial, lejos de las luces del centro, le es más fácil mimetizarse en campañas moralizadoras. Solá también le pone límites a las condiciones del Presidente, como cuando dice que «no va a 'cocinar' comisarios» para halagar a los progresistas. Acompaña esas expresiones de una autocrítica de los políticos en sus relaciones con la Policía, esa acusación de la vista gorda para pecados menores a cambio de que aseguren el orden general, algo que dice Solá debe cambiar, pero que es imposible de un día para otro y sin hacer colapsar todo el sistema. Veamos párrafos salientes del reportaje de «Veintitrés»:

Confesiones audaces y sinceras de Solá

Periodista:
¿Se siente en medio de fuego cruzado?

Felipe Solá: Sí. En los dos años que llevo de gobernador no tuve otra posibilidad que sacar a la provincia del peor de los incendios, y, ahora que hay otra Argentina, aparecen otras demandas. También es cierto que hay esperanza y una figura como la del Presidente, que es muy convocante. Yo hace tiempo que tomé la decisión moral de participar de la construcción de otra Argentina, pero no es fácil. Kirchner exige a los demás dirigentes la misma actitud que tiene él, lo cual me parece sano, pero existe un prejuicio que es un poco injusto: los que venimos de antes de su llegada al poder tenemos que rendir una suerte de examen.


P.:
¿Cómo es eso?

F.S.: Te voy a dar un ejemplo: todos los días leo que los periodistas repiten que en Buenos Aires empezamos a «voltear» desarmaderos en junio pasado, y eso es falso, empezamos a «voltear» desarmaderos a altísima velocidad en diciembre de 2002, cuando no teníamos la más puta idea de quién iba a ser electo presidente.


P.:
¿Se refiere al reclamo que le hizo el Presidente sobre profundizar la depuración de la Bonaerense?

F.S.: No, no me refiero a eso, sino al clima general que rodea al Presidente. Nunca me banqué a un funcionario corrupto. Corté la inmensa renta del juego que iba a la política y voy a ir por más.


P.:
El ministro Gustavo Béliz relacionó a sectores de la política con la corrupción policial. Hace un año, Marcelo Saín, viceministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, dijo lo mismo, y las reacciones que generó fueron muy parecidas...

F.S.: Es verdad, en ese momento se levantaron todos a pedir la renuncia de Saín, y yo les dije que nadie se iba a ir porque pensara así.Yo no voy a castigar a nadie por pensar así cuando hay muchos elementos que llevan a pensar de esa manera. Lo que está claro es que la generalización no sirve.


P.:
¿Y usted qué piensa de la relación entre política, policías y delito?

F.S.: Ahora que la inseguridad se convirtió en el tema principal para la sociedad, ahora que el estallido económico de la Argentina hizo que el delito se transforme en el medio de vida de miles de jóvenes en el conurbano, ahora que corre más sangre, ahora que el secuestro dejó de ser una modalidad sólo colombiana, es bueno que quienes tenemos responsabilidad política, todos, miremos bien qué significa recomendar a un comisario, pero no hacerse responsable después, qué significa comer asado con los muchachos de la brigada y llevarse bien, que ellos solucionen los problemas de seguridad de los barrios, pero después miran para otro lado cuando la brigada hace otra cosa. Esto es irresponsabilidad política. Esto ha existido en legisladores, intendentes y gobernantes en general. Es la histórica idea de que a la Policía hay que dejarle el juego y la prostitución para que no jodan y laburen bien. Recomendar a un comisario es fácil, «es un amigo», dicen.Ahora, ir a romper el nudo policial de la corrupción es otra cosa.


P.:
¿Y cómo se soluciona?

F.S.: Que las comisarías se abran para hacerlas más transparentes.Yo no voy a «cocinar» policías para quedar bien con el sector progresista. No esperen de mí noticias de primera plana, pero tampoco voy a aceptar ninguna actitud corporativa. Y el otro elemento importante es la investigación para definir quiénes no son dignos de estar en una fuerza que debe garantizar la seguridad. La investigación se la merecen los buenos policías. No existe una SIDE provincial y tenemos una escasa capacidad para hacer inteligencia y la que tenemos la hace la propia Policía.


P.:
¿La SIDE no colabora con ustedes?

F.S.: Colabora muy bien en materia de secuestros. Fue la SIDE la que nos permitió descubrir dónde estaba el pibe Sánchez, en ese estacionamiento de Suipacha al 100.Y a veces también colabora la Federal, pero no es suficiente.


P.:
Usted dijo que en algunos secuestros podría haber algún trasfondo político...

F.S.: Necesito más datos de inteligencia para poder avanzar con esto, pero hay muchas preguntas para responder. ¿Alguien teledirige los secuestros?


P.:
¿Juan José Alvarez era el hombre más indicado para ocupar el Ministerio de Seguridad de la provincia?

F.S.:Yo necesitaba un profesional full time, de teléfono en la mano sábado y domingo, un tipo acostumbrado a entender dónde lo pueden engañar. Y, además, alguien con experiencia para poder manejar la protesta en la calle, que es el otro tema importante además de la inseguridad.


P.:
¿Cuánto hace que no habla con Duhalde?

F.S.: Hemos hablado en varias oportunidades y nos hemos reunido dos veces, una para almorzar, después del 14 de setiembre (el día del triunfo del PJ bonaerense).


P.:
¿Cómo está la relación con Duhalde?

F.S.:Yo noto que él toma distancia de mí, no de la política provincial...


P.:
Traducido...

F.S.: «Ahora arreglate solo, si querés poder político construilo vos. Yo no presto.»


P.:
¿Eso es bueno o malo?

F.S.: Eso es duro, pero calavera no chilla.

P.:
¿Y con el duhaldismo?

F.S.: Es más difícil. En el Partido Justicialista de Buenos Aires se declara que hay apoyo al gobernador, pero en la práctica, cuando pido que me dejen poner al presidente de la Cámara de Diputados, inmediatamente, en una acción corporativa convencen a todos de que hay un ataque contra la Cámara y me dicen que no. Ahora, eso sí, yo llevo dos años de gobernador en la peor situación de la historia provincial, salvando las papas de las macanas que hicieron muchos de ellos y no tengo derecho a tener un hombre de confianza en la Cámara de Diputados.


P.:
¿Lo ve como un castigo?

F.S.: No digo eso, pero qué gobernador justicialista no es presidente de su partido. Qué gobernador no tiene un hombre de confianza presidiendo la Cámara de Diputados o el bloque justicialista. Qué gobernador -además, todos con más presupuesto por habitante-tiene el grado de desprotección política que tengo yo. Por eso digo: o me construyo solo o gobernaré como puedo. La situación es difícil porque me piden que sea el hombre de los grandes cambios, quiero serlo, pero del otro lado están los que resisten los grandes cambios, si no, fijate las leyes que no salieron, la reforma política que no se votó, el voto electrónico que nunca salió, la ley de juego que tuve que vetar. En todas las iniciativas tuve ayuda del Senado, pero se trabaron en Diputados. Convoqué a los compañeros intendentes y les pedí que me ayudaran a fortalecerme. La respuesta de todos fue positiva, pero la acción posterior no fue coherente con lo que dijeron. Pero no soy un quejoso. Estoy contando la realidad de un lugar muy difícil para gobernar como es esta provincia.

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