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22 de septiembre 2004 - 00:00

Dos fallos que complican a Kirchner

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En tanto la acordada de ayer de la Suprema Corte que voltea la ambición reformista en Santiago del Estero (ver nota en Ambito Nacional, pág. 17) es más mortificante porque es el primer fallo de naturaleza política --salió por unanimidad --que intercepta un proyecto del kirchnerismo: exportación hacia otras provincias peronistas de un modelo electoral. Y, el tribunal para colmo usa argumentos de la propia Cristina de Kirchner contra la reforma constitucional. Es la peor noticia en lo político que podía recibir el proyecto presidencial:

• Los magistrados de la Corte lastimaron de manera triple al mandatario: 1) voltearon la reforma kirchnerista; 2) rechazaron los argumentos en contra del procurador Esteban Righi (quien en su dictamen previo a la acordada de ayer dijo que la Corte no era competente para resolver el amparo contra la reforma); 3) usó en contra del proyecto kirchnerista las palabras de la primera dama en la sesión en que se votó la intervención (allí negó que el gobierno provisorio tuviera facultades para promover una reforma constitucional).

• Los intérpretes de entrelíneas en Tribunales ven no sólo una puja de doctrinas en esta sentencia. El mentor de Lanusse y de la reforma fue Gustavo Béliz, el hombre menos querido por los jueces del tribunal. Ni los nuevos miembros, como Raúl Zaffaroni, tienen buen recuerdo del ex ministro, a quien no olvidan trabajando «a reglamento» por su nominación. Menos gustan en la Corte los fogoneros de los proyectos de Béliz. Uno, Daniel Sabsay -autor del borrador de reforma-es número puesto cada vez que se habla de cambios en la Corte y fatiga micrófonos desde hace años agrediendo al tribunal que aspira integrar. Otro es Eduardo Luis Duhalde, a quien se atribuye la intervención en Santiago como un proyecto de ambición personal, y que además presiona sobre la Corte arrinconándola para que resuelvan la nulidad de las leyes de punto final, algo que los magistrados terminarán haciendo por presión más que por convicción, salvo alguna excepción como Zaffaroni.

• Un presidente que cambia tanto parece condenado a sufrir de manera recurrente las consecuencias de actos del pasado en el momento menos oportuno. Hoy Béliz ya no está, ni tampoco alienta tanto Kirchner el combate contra el peronismo institucional. Era lo que quería en el primer semestre de su gobierno y lanzó el proyecto de «transversalizar» el peronismo eligiendo como blanco el símbolo más conspicuo del ese partido, la figura de Carlos Juárez. Hasta la elección del 7 de abril de 2003 lo cubrió de elogios como un modelo de conducta, hasta lo tildó de «maestro de la política». Apenas se sentó en la Casa de Gobierno descubrió, de la mano de Béliz y de Eduardo Luis Duhalde, que era la suma de lo peor de la política argentina. Atacó sobre Santiago porque le servía de laboratorio y de escenario para pedagogía de peronistas díscolos.

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