El diputado Carlos Kunkel se ha propuesto interpretar la historia según categorías morales. Ayer divulgó sus declaraciones hechas en contra de Raúl Alfonsín, a quien acusó de haber convalidado la reelección de Carlos Menem «en el nefasto pacto de Olivos». Saludable disidencia de Kunkel respecto de sus antiguos subordinados y actuales jefes, los Kirchner. Porque ellos fueron constituyentes en Santa Fe para convalidar todo lo acordado por Menem y Alfonsín en aquel pacto «nefasto». El diputado afirma que Alfonsín y Menem pactaron «sin revelar los verdaderos contenidos del acuerdo», casi un insulto para la inteligencia o la responsabilidad de los Kirchner, que fueron a una elección en Santa Cruz como candidatos de ese presunto contubernio.
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Cualquier malpensado podría pensar que tanto denuesto contra el acuerdo de aquellos dos ex presidentes sirva para justificar en el futuro una revisión de su fruto, la Constitución del 94, con una contrarreforma que permita adaptar nuevamente el texto.
Pero las declaraciones de Kunkel acaso sean una guía para vislumbrar de otro modo el futuro del oficialismo actual. Porque si la reelección habilitada por Menem, por un período, fue «nefasta», habría que presumir que ni Kirchner ni su antiguo jefe universitario alentarán otra más generosa, por tiempo indefinido.
El argumento, convincente si se observan las declaraciones de Kunkel, se vuelve dudoso si se recuerdan las acciones de Kirchner. Porque mientras reformaba según los planos pactados en Olivos la Constitución nacional, el matrimonio también la emprendió en 1994 con la carta magna santacruceña. Allí Kirchner introdujo la reelección indefinida. Es de presumir que también merezca llamarse «nefasta».
Salvo que las reformas sean buenas o malas según quién sea el beneficiario con la reelección.
El reportaje en el que Kunkel formuló sus interminables declaraciones podría pasar a la historia del periodismo: se lo hace Carolina Silvestre, su vocera de prensa. Claro, tal vez tenga el mérito de ser la profesional que más lo conoce. Pero no aprovecha esa ventaja para indagarlo: apenas se limita a agregar «lógico» o «sí, sí, tal cual» o «por supuesto» a las expresiones de su jefe. Sin embargo, las limitaciones intelectuales de Kunkel no parecen tan abismales como para requerir de semejante sobreprotección como político.
Además de quejarse por el pacto de Olivos, el diputado le reprocha a Alfonsín haber sido aliado de Eduardo Duhalde para sacarlo del poder a Fernando de la Rúa, a cambio de algunas «cajas» en el gobierno del hombre de Lomas de Zamora. Sagrada indignación la de Kunkel frente a ese golpe blanco. Lástima que no la expresó mientras sucedían los hechos y él servía al duhaldismo desde un cargo municipal en la comuna de Florencio Varela, otrora reino de Chiche Duhalde.
Requisitos insólitos
Sin embargo, este argumento no tiene validez salvo en la lógica del propio diputado. En su proclama se lo aplica a Juan Carlos Blumberg, el hombre que hoy enloquece al gobierno con sólo citar a una manifestación por la inseguridad. Kunkel bendice esa preocupación y advierte que el gobierno contuvo al padre de Axel. Claro, siempre que no hiciera marchas. O para que no las hiciera. Ahora, con la convocatoria del 31, el diputado le pone requisitos insólitos a ese padre de familia víctima de la inseguridad. Por ejemplo, que se hubiera movilizado en contra de Videla y su régimen. Sería más razonable pedirle a Kunkel que hubiera hablado contra el pacto de Olivos o el golpe contra De la Rúa para poder criticar ahora a sus opositores de ocasión: por lo menos él era dirigente político, si bien del bajo clero, mientras se producían esos acontecimientos.
El nivel de incomodidad que está provocando Blumberg en el gobierno se puede ponderar por la arbitrariedad con la que se lo pretende conjurar: «Habría que ir a preguntar a los empleados que tenía en su empresa para ver cómo los trataba» dijo ayer Kunkel para, recién entonces, admitir que el padre de una víctima puede usar la calle para manifestarse en la democracia argentina. Haría bien Kirchner, o en todo caso Alberto Fernández (es quien más repite que Blumberg y sus iniciativas no inquietan al gobierno) en pedirle más rigor conceptual al diputado para encarar el problema de la inseguridad. De lo contrario, terminará por notarse que lo del ingeniero los tiene fuera de quicio. Y eso sería, también, exagerado. A esta altura, tal vez haya que cambiar de opinión: es más prudente para el gobierno impedir que Kunkel sea entrevistado por alguien que no sea su vocero.
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