4 de noviembre 2020 - 00:00

Larreta celebra, pero le imprime cautela y teme rebrote

La noticia de la posibilidad de contar con la vacuna rusa contra el coronavirus, también disparó una posición en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que si bien considera alentador el anuncio, no lo ve como el remedio que pondrá fin a la pandemia en la Argentina.

Con la premisa obvia de esperar la aprobación de la Sputnik V por parte de la OMS y de la ANMAT a nivel local, en el Gobierno porteño considera que, de todos modos “no resuelve el problema, lo achica”.

En principio, esperan que el Gobierno nacional convoque a los gobernadores y al jefe porteño para contar más detalles de la negociación y la investigación.

“Es una buena noticia y ojalá que se confirme la fase 3 de la vacuna”, explicaron desde el Gobierno porteño acerca de la vacuna rusa que despertó disímiles comentarios y entusiasmo en provincias del país.

“Más allá de que ello suceda, somos prudentes porque no soluciona el problema sino que achica el problema”, creen en la Ciudad, ya que, al menos en una primera etapa, no se vacunará a todos y, de ese modo consideran que se acota el problema a una porción menor de la población pero no se termina así de solucionar.

En la Ciudad insisten con trabajar fuertemente en la estrategia de rastreo de casos de covid- 19, testeo y aislamiento de resultados positivos “porque esa creemos es la mejor forma convivir con el virus y esta dando muy buenos resultados”. La Ciudad, lleva adelante un plan propio para la habilitación de actividades, las cuales casi totalmente están permitidas en la actualidad con la idea de conseguir una “convivencia “con el virus que no impacte en el crecimiento de contagios.

Una de las preocupaciones del Gobierno porteño, que viene repitiendo el ministro de Salud Fernán Quirós es ahora el temor a una segunda ola de infecciones como sucede en Europa. Es un tema que sigue de cerca el área de Salud que trabaja en posibles estrategias paliativas en caso de que llegara un rebrote a la Ciudad.

Por otra parte, los funcionarios porteños comparten las dudas generales, como que la investigación no llegará a la fase 4 para medir la efectividad de la vacuna, un proceso que se extiende unos dos años para conocer efectivamente el funcionamiento y que, creen, “podría ser del 50% y así una parte de ese grupo de riesgo seguiría estando expuesta”.

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