7 de julio 2003 - 00:00

Ibarra, más obediente con Kirchner que con Carrió

Alas 0 hora cerró -con el usual tumulto-la presentación de las listas de candidatos que competirán en las elecciones porteñas del 24 de agosto para los cargos de jefe de Gobierno, vice, 60 legisladores locales y 12 diputados nacionales por el distrito.

Aníbal Ibarra
, quien aspira a ser reelecto, priorizó en la ingeniería de las candidaturas el apoyo de Néstor Kirchner a su sociedad con Elisa Carrió el socialismo, dos aliados ahora heridos, que si bien integran las boletas, mantendrán apretados los dientes hasta el día de la elección. Incluso Ibarra se surtió de enemigos en las listas, para evitar tanto ofender a la chaqueña como al Presidente.

Mauricio Macri
, su principal rival, lo sorprendió con la incorporación del radical y ex ministro de Eduardo Duhalde, Eduardo Vanossi en la primera candidatura a diputado nacional, aporte que llegó junto con el del legislador Jorge Enríquez - tercer candidato a legislador-, otro radical, quien dio un portazo de última hora a Patricia Bullrich.

El peronismo, con algunas bajas, logró repartirse entre las dos principales candidaturas, la de Macri y la de Ibarra, mientras que el cómico Nito Artaza también repartió su Partido de la Gente en boletas.

El cierre de listas encontró a Ibarra sobre el límite horario, la medianoche del sábado, sin los acuerdos políticos que requería la presentación de listas. Como uno de los resultados curiosos del armado de último momento, terminó adhiriendo Gustavo Béliz a la lista de candidatos de legisladores porteños de Ibarra, donde coló a uno de sus hombres de mayor confianza.

El jefe de Gobierno se vio en medio de una cinchada entre Elisa Carrió -su socia-y el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández -su nuevo socio-. La pelea la avivaba otro jefe de Gabinete, el de Cancillería, Eduardo Valdés, y por la presión logró que sobre las 23.50 Ibarra y su compañero de fórmula, Jorge Telerman, firmaran el permiso para que el cronista y biógrafo presidencial Miguel Bonasso llevara en sus listas la fórmula oficialista porteña.

En el aquelarre de parte de Ibarra participaban la hermana Vilma y el jefe de Gabinete porteño Raúl Fernández. Casi a las 22, el ibarrismo insistía con que la lista de Bonasso no podía ir pegada a la fórmula. Era una exigencia de Carrió cuando decidió acompañar a Ibarra en su cruzada reelectoral, con el fundamento de constituir «una fuerza cohesionada» y no desparramarse en boletas de oportunidad. Pasada esa hora, Alberto Fernández, desde el porteño café Tortoni en Avenida de Mayo, comenzó los telefonazos con Raúl Fernández, todo subido de tono hasta el momento en que el Fernández del gobierno nacional decidió apelar a los oficios de un cultísimo ministro, quien a pesar de encontrarse en el campo atendía los llamados.

El arismo ya había dado su palabra: «Nos respetan los acuerdos o nos vamos de la fuerza», es decir de Fuerza Porteña.

El cultísimo secretario pareció entrar en razón a la hora de mediar y al telefonearse con Fernández (el de Ibarra) le explicó: « Se va Kirchner, retiramos todos los partidos si no se acuerda la adhesión».

«
Si Bonasso tiene 17% de votos que los saque solo, que le ponga los votantes el Presidente», había enviado decir Carrió, pero Alberto Fernández insistió y tiró de la soga hasta hacer empalidecer el apodo de su homónimo Raúl «Colorado» Fernández y convencer a la hermana, Vilma.

A esa altura,
Carrió se dio cuenta que en realidad no tenía un plan B, una fórmula alternativa para llevar al ARI sin sociedades a la elección porteña, un distrito en el que aspira fortalecer su partido. Como antecedente, horas antes había intentado la fuga de Ibarra el partido socialista al enterarse de que su candidato a diputado nacional, Raúl Puy, descendía a sexto lugar en la lista, con casi nulas posibilidades de consagrarse. Así Ibarra-Telerman firmaron para que Bonasso pudiera colgar sus listas de partido propio, Revolución Democrática, confeccionado con la hechura de GESTA (el partido de Rafael Bielsa) y curiosamente también del Partido de la Gente de Nito Artaza, quien irá con el radicalismo. Al menos así daban cuenta ayer los carriosistas ofuscados: « Ahora vamos a ver cómo Ibarra reconstruye la relación en la que pecamos de inocentes y nos ganó la extorsión», se lamentaron por la portación de fórmula que hará el cronista.

La decisión deterioró la relación preexistente entre
Carrió y el ibarrismo, pero además dio otros resultados en la tribuna multicolor que esperaba la incorporación en las listas de candidatos. Alberto Fernández, empeñado en conseguir la franquicia para el amigo del Presidente, olvidó en el camino los candidatos del vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, que no llegaron a ocupar lugares. En cambio, el jefe de ministros pudo colar al hombre de confianza de Béliz, Gabriel Picciano, abogado y recientemente legislador porteño por ingreso en función de las vacantes que produjo el armado del gabinete nacional a expensas de la ex lista Cavallo-Béliz.

También A.Fernández, generoso, se acordó su amigo de la Legislatura, el ex cavallista Pablo Caullier y lo sacó de las listas de Bullrich para llevarlo a las de Ibarra. Otro que perdió en el camino es el sindicalista Víctor Santa María, quien auspiciaba al peronista Juan Manuel Olmos, pero quedó olvidado en las listas de Fernández (Alberto).

Para
Macri, cuyos equipos se instalaron en el hotel Intercontinental a metros de su sede partidaria de la calle Chacabuco, la operación cerrar fue menos traumática. El empresario dio cuatro franquicias para las listas de candidatos a legisladores porteños, con lo que llevó conformidad a la mayoría de los demandantes, radicales, de centro, peronistas del PJ porteño, duhaldistas y el embajador capitalino de Felipe Solá ( Julio Balbi), entre otros.

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