7 de noviembre 2003 - 00:00

Inseguridad jaquea a ministro de Solá

La crisis de inseguridad amenaza ya con dejar otra víctima política: Juan José Alvarez, el ministro de Seguridad bonaerense, ayer confesó que su ambición es ser diputado nacional. Alvarez parece encerrado entre tres fuegos: Néstor Kirchner lo recela (por eso habilita a Béliz a acusar por TV a los bonaerenses), mientras en la provincia debe hacer equilibrio entre Eduardo Duhalde, el jefe político del PJ bonaerense, y el gobernador Felipe Solá, que ayer se reunieron para ensayar un pacto de convivencia. En medio de la pulseada, se anticipará el Operativo Sol por temor a que la ola de secuestros se traslade a la costa atlántica. En este marco, para mañana a las 21, grupos de ciudadanos están convocando a un nuevo cacerolazo contra la inseguridad.

"Yo no quería estar acá pero me vinieron a buscar y estoy haciendo las cosas lo mejor que puedo." Más que una confesión fue una advertencia la que Juan José Alvarez desgarró ayer como anticipo de que está con un pie afuera del Ministerio de Seguridad bonaerense.

Aunque luego sus voceros negaron que vaya a renunciar, el ministro camina en un desfiladero entre Felipe Solá -su jefe operativo- y Eduardo Duhalde -su jefe político- y podría ser la primera víctima del feroz tironeo que inició Néstor Kirchner al hablar de inacción de los bonaerenses en la lucha contra el delito.

No está claro para quién es el mensaje. ¿Para Duhalde que no medió a favor de los suyos ante los arrebatos de Gustavo Béliz y el propio Kirchner? ¿O para Solá con quien se mira de reojo? Difícilmente el destinatario sea Kirchner, porque éste festejaría su eventual renuncia.

Justamente, ayer por la mañana Duhalde y Solá se encontraron en La Plata para redefinir su pacto de convivencia para evitar que la crisis delictiva, agudizada por la pulseada política en el Parlamento, termine por desintegrar su vínculo.

Al margen, como factor de tensión, se sumó el rebrote crítico de Béliz hablando de «orden mafioso» y pegando en el eje de la política de Solá al afirmar que «hay una falla de las autoridades» bonaerenses porque «cuando cerramos un desarmadero» al «poco tiempo se vuelve a abrir».

«Estamos metiendo el cuchillo hasta el hueso y estamos poniendo nuestra vida en riesgo. Tenemos familia y nos estamos metiendo con mafias muy peligrosas»
, dijo el ministro kirchnerista.

Y retomó su teoría de la connivencia político-policial. «Hay verdades que conmueven a las piedras y no por eso hay que sentirse ofendidos. Si las cosas están como están hay una responsabilidad compartida de las fuerzas de seguridad y el sector político.»

A su turno, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aportó más presión. «Es hora de encarar el trabajo que haya que encarar», aunque, interpretó, «corregir una fuerza como la Policía Bonaerense es un tema difícil».

• Dato menor

Frente a esos toreos, la foto de Alvarez con Norberto Quantín, una puesta en escena de los operativos conjuntos entre Nación y provincia, es un dato menor. Ni siquiera, aunque es Quantín quien define las políticas de seguridad, el gobierno le cedió una ronda con Béliz.

Por eso, Alvarez (que fue electo diputado por Buenos Aires y debería asumir el 10 de diciembre pero ya gestionó una licencia de 6 meses) desgranó su alerta que luego, por sus allegados, relativizó diciendo que era sólo una expresión de malestar.

«Me han pedido que venga a dar una mano en la provincia, no es que yo pedí. ¿O no se sabe cómo aparecí en este cargo? Si yo no quería estar acá, me vinieron a buscar y acá estoy haciendo las cosas lo mejor que puedo.»

• «Mi ambición era ser diputado nacional, es una experiencia que yo no había tenido, siempre he tenido experiencias en el Ejecutivo», como intendente de Hurlingham y como funcionario nacional y provincial.

«No me aferro a los cargos, no me desespera saber si me voy a quedar un mes, diez años; no es ésa mi preocupación. Mi interés es dar respuesta a algo que me han pedido.»

• «El compromiso con mi familia era que no me iba a volver a ocupar de cuestiones relacionadas con la seguridad y me llamaron para decirme que era la persona adecuada en este momento y dije que sí.»

Tanto
Solá como Alvarez dicen que su trato es bueno, que el primero respalda al segundo y éste se siente respaldado por aquel. Pero en un momento de extrema tensión entre Solá y Duhalde, Alvarez queda en medio y con las brasas de inseguridad en la mano.

Esa situación de incomodidad
Alvarez la percibió apenas le ofrecieron la cartera de Seguridad -lo notificó Duhalde-. Por entonces, confió a los suyos que si el trato con Solá se complicaba no tendría problemas en «pegar un portazo» e irse «sin saludar».

Ayer, con micrófonos abiertos, dijo:
«Yo no veo una pelea» entre Nación y provincia y que está «de acuerdo» con «las expresiones del Presidente sobre la necesidad de reestructurar, y rápidamente, a la Policía».

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