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29 de noviembre 2006 - 00:00

Intentan imponer hoy a Moyano la tetrarquía

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Hugo Moyano
Hoy, a las 15, en la sede de la UOCRA, se pondrá en marcha un experimento de gran interés para los interesados en la política y en las ciencias de la mente. Tres sindicalistas, de los más gravitantes de esa actividad, intentarán imponer a Hugo Moyano una especie de corralito político, por el cual el jefe de la CGT no podría tomar decisión alguna sin consultar con ellos. Los que sueñan con imponer hoy al camionero esa humillación son el titular del sindicato de empleados públicos (UPCN), el dueño de casa Gerardo Martínez y el gastronómico Luis Barrionuevo. Moyano irá acompañado. Con él estará el colectivero y terrateniente Juan Manuel Palacios (quien abandonó su organización cuando se lo descubrió como socio de una compañía propietaria de campos en la provincia de Buenos Aires), el representante de los trabajadores rurales Jerónimo «Momo» Venegas (es decir, contraparte de Palacios en la paritaria del campo) y el segundo de la CGT, José Luis Lingieri, quien como de costumbre resulta imposible de ser clasificado. No se sabe si está con los leales a Moyano o con quienes quieren derribarlo.Pero, eso sí, siempre está.

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La idea de imponer una tetrarquía en la CGT fue informada en estas páginas la semana pasada. Constituye un plan inquietante: alguien que no aceptó ni el suave acompañamiento de Susana Rueda cuando la central sindical era comandada por un triunvirato, ¿tolerará ahora que le pongan un chaleco de fuerzas para cualquier movimiento político? La situación de Moyano, es cierto, es más débil en estos tiempos. Después de los violentos funerales de Juan Perón, el 17 de octubre, el secretario general de la CGT quedó desprovisto de más apoyos que los que le brindó Néstor Kirchner (hizo llamar a todos sus funcionarios para presionar a los gremios que se sublevaban) y el titular de la UIA, Héctor Méndez (quien reclamó por la permanencia del camionero para negociar cómodamente la nueva ronda de paritarias).

  • Malicia

  • También es mayor la humillación a la que hoy será sometido Moyano. Hasta el lugar en el que se proponen reducirlo fue elegido con malicia: la sede de UOCRA, sindicato con el que los suyos se enfrentaron en los desmanes de San Vicente -en ese momento para enfrentar al díscolo Juan Pablo «Pata» Medina-, una más de las ocasiones en que camioneros y albañiles cruzaron balas y palos. Un pequeño placer para Martínez, claro.

    Será interesante conocer cómo se tramita la discusión de hoy, sobre todo si se despejan algunos interrogantes que ella inspira. El primero es el más elemental: ¿tolerará Moyano esa mesa chica restrictiva? Y uno menos obvio: ¿lo aceptará Kirchner? El Presidente encontró con este sindicalista el modo ideal de relaciones con los sindicatos: punto a punto, sin demasiada dispersión de las conversaciones, como a él le gusta. El encuadramiento de Moyano supone que también a Kirchner y su gobierno se los obligará a una ronda cada vez que se quiera resolver alguna cuestión ligada al mercado laboral. Y también en otros mercados: ¿o no existen informes afirmando que el acoso de los camioneros a las refinerías de la provincia de Buenos Aires fue una medida dispuesta por el gobierno para doblegar a quienes «hacen faltar el gasoil»? Para estos servicios también conviene la debilidad de Moyano.

    Martínez y Rodríguez suponen que, aun así, la colegiación de la conducción sindical será viable en la Casa Rosada. Barrionuevo tal vez piense lo contrario: su relación con el oficialismo sigue siendo mala, a pesar de haberse disciplinado notoriamente en su calidad de diputado nacional.

    El otro enigma importante es si estos gremialistas conseguirán lo que verdaderamente se proponen, en nombre propio y en el de muchos otros jefes de organizaciones obreras: que Moyano o su mandante, el gobierno, distribuyan de modo más democrático y equitativo los recursos que se les proveen a los camioneros y sus sindicalistas amigos como contraprestación de la «paz social» que ellos ofrecen.

    De estas miserabilidades se hablará hoy en la UOCRA, donde está garantizada una reunión caliente. Sobre todo por la personalidad de los concurrentes. En especial, de Moyano. Salvo que alguien crea que el jefe de la CGT y todos sus hijos se comporten de manera convulsiva y violenta por razones ideológicas o políticas y no, también, por una propensión natural de sus temperamentos.

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