Un poco por cábala y otro poco por practicidad, Felipe-Solá recurrió a la populosa Matanza para clausurar, anoche, la campaña por su reelección bonaerense, el mismo escenario que el 24 de abril pasado usó Néstor Kirchner para coronar su aventura presidencial.
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Con doble escolta, estuvieron Kirchner y su vice, Daniel Scioli, pero sin Eduardo Duhalde -en oportuna estadía en Montevideo, Uruguay, para aceptar su nuevo cargo internacional en el Mercosur-, Solá ató la suerte de la provincia al destino del gobierno nacional y en un mensaje cifrado convocó a que el peronismo «sea uno solo».
No faltó, como en todo festival-del PJ, pirotecnia y cotillón electoral en la despedida del Mercado Central, donde se amontonaron 30 mil personas (la organización acusó 50 mil). Allí, tras elogiar a Duhalde, Solá pidió «respaldo» para « transformar» la provincia. «Quiero ser otra vez gobernador y pido respaldo para ir a fondo, para transformar Buenos Aires y para que tengamos una provincia mejor», se desgarró Solá y cerró místico: «Cuando con Kirchner terminemos en 2007 quiero que Juan y Eva Perón, desde sus tumbas, digan: 'Estos han cumplido'».
En secuencias, el anfitrión Alberto Balestrini, la candidata a vice Graciela Giannettasio y Chiche Duhalde -junto a Kirchner, la más aplaudidahabían repetido, con un salmo común, los halagos a Kirchner y Solá pero, sobre todo, vocearon la importancia del peronismo bonaerense.
El sureño -que tiene en Solá a un aliado clave-no obvió ese detalle: apasionado, recordó el despliegue que el PJ le brindó en su cierre de campaña cinco meses atrás, que además 72 horas más tarde le permitiría obtener, en las urnas, el pasaje al ballottage y luego a Olivos. «El domingo, mi corazón, desde Santa Cruz, estará votando en la provincia de Buenos Aires», adoró el Presidente que, en una referencia clásica, volvió a llamarse « Pingüino»; detectó que esa mención genera euforia a la muchedumbre.
En el ruido tuvo Kirchner un gesto más que simbólico tras los tironeos que semanas atrás tuvo con su vice: «Estoy agradecido del acompañamiento de Daniel Scioli». En la misma línea, citó a Duhalde y Solá como «herramientas fundamentales» para «construir una nueva Argentina».
Sobre el final, con la Marcha Peronista de fondo, Kirchner se abrazó a Solá para un saludo final, teatral. Y no pudo evitar el rito del forcejeo entre la gente: tuvo que conformarse con tirar besos y apretar alguna mano; Alguien había tomado la precaución de montar un escenario de tres metros de alto.
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