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1 de septiembre 2006 - 00:00

La euforia les ganó a las lágrimas en el escenario

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Después de tantos días con idas y venidas, y con muchas expectativas por el acto de Juan Carlos Blumberg, matrimonios con sus hijos, personas mayores, bebés en manos de sus madres se sumaron a la convocatoria que tuvo su punto de encuentro en la Plaza de Mayo.

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Dando los toques finales, un sinfín de ayudantes, que vestían una remera con la cara de Axel Blumberg estampada y con la leyenda «Cruzada Axel», se encargaba de acomodar a las personas que iban a subir al escenario para acompañar al ingeniero.

Las madres víctimas de la inseguridad se fueron agrupando en el palco iluminado por los grandes reflectores: «Más adelante, que Emilse Peralta (madre de Diego Peralta, el chico encontrado muerto en El Jagüel) se ponga adelante», «Ya viene, está a 5 minutos», fueron algunas de las indicaciones de los encargados del operativo de seguridad.

Con el Cabildo como testigo, a las 19, la plaza ya era una marea de gente con las velas en alto. A lo lejos, sobre Avenida de Mayo se veía que los manifestantes se seguían acercando incansablemente para estar presentes en el acto. Las diagonales y la calle Reconquista también sufrían el peso del caudal de gente que iba llegando hasta los alrededores de la Plaza de Mayo.

  • Bienvenida

  • Aplausos y vítores se escucharon cuando llegó el ingeniero Blumberg. «Gracias Blumberg», «Justicia», y lágrimas en los rostros de algunos de los presentes dieron la bienvenida al padre de Axel que llegaba mientras sonaba «Color Esperanza» de Diego Torres y les infundía ese sentimiento a los autoconvocados a la manifestación que, en palabras del ingeniero, «no vinieron ni en micros ni tampoco por el choripán y la coca».

    «¡Médico, traigan un médico!» Una mujer se descompuso apenas unos minutos antes de que llegara el principal referente de la seguridaden el país. Esa no fue la única vez que los médicos tuvieron que entrar en acción. En dos ocasiones, durante su discurso, Blumberg tuvo que detenerse para que los galenos ayuden a personas que se descompensaron. Tal vez por el «calor» que se sintió en la plaza o, tal vez, por haber traído a flor de piel los recuerdos de la pérdida de un ser querido a manos de la inseguridad.

    «¡Justicia!, ¡Justicia!», una y otra vez coreaba la multitud. Mientras tanto, los familiares que estaban en el palco no pararon de llorar al tiempo que el papá de Axel hablaba y reclamaba seguridad a vos en cuello. De las lágrimas tampoco se salvó Blumberg, quien en más de una ocasión mostró su par de ojos cristalizados por el dolor y el sufrimiento que le ocasionó la muerte de su hijo a manos de sus captores en 2004.

    «Soy frontal y no tengo nada que perder. A Axel ya me lo quitaron», y se quebró en llanto. No fue el único que lloró, también lo hizo aquella madre que reclamaba por su hijo, mientras le caía la cera caliente de la vela que sostenía en alto como un arma contra la oscuridad.

    Hubo empujones y corridas entre los presentes para seguir a Blumberg mientras se retiraba por la calle Reconquista que estaba abarrotada de gente. «Casi lo toco», «Hasta que no nos de un beso no paramos», «Lo amo, este hombre es único», « Seguí así, hermano», fueron las señales de acompañamiento que su público le brindó y que él supo responder estrechando las manos de algunos y respondiendo con un gesto a los saludos de otros.

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