A menos de una semana de haber hallado muerto al fiscal Alberto Nisman, el especialista en informática Diego Lagomarsino se convirtió en una pieza clave de la investigación judicial.
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Lagomarsino tiene 38 años y trabajó cerca de Nisman desde 2007. Según trascendió, realizaba tareas generales para la Unidad Especial AMIA y personales para el fiscal. No formaba parte de la planta permanente de la UFI-AMIA y su sueldo de más de $ 40.000 lo cobraba con facturas, pero no todos los meses. Tampoco concurría habitualmente a las oficinas de la fiscalía, frente a la Plaza de Mayo. En la causa, surge como el hombre que le entregó a Nisman el arma Bersa calibre .22 que se disparó para dar muerte al funcionario judicial.
La fiscal Viviana Fein confirmó que el lunes, horas después de hallar sin vida a Nisman, Lagomarsino confesó entre lágrimas que "la facilitación del arma" "y nada más". Desde ese día, vive en un hotel del centro porteño custodiado por 15 efectivos, coni guardias rotativas.
Sobre cómo una persona pudo pasar con un revólver por el control de seguridad del edificio Le Parc de Puerto Madero, Fein señaló que "el señor Lagomarsino iba muy seguido a la casa del doctor Nisman" y que "sólo tenía que anunciarse en el registro de visitas, y si lo autorizaban, entraba".
Pero el rótulo de "hombre clave" también se lo ganó por otro motivo. Este miércoles, Lagomarsino utilizó a una jueza de confianza de su entorno familiar, de la que no trascendió la identidad, para hacer llegar a un periodista de Página/12 una carta donde reveló que Nisman le requirió la pistola porque el exagente de inteligencia Antonio Jaime Stiusso "le había recomendado (al fiscal) desconfiar de su custodia y cuidar a sus hijas".
El exdirector de Operaciones de la SI y exjefe de la antigua SIDE fue uno de los principales colaboradores de la investigación sobre el atentado a la AMIA y sostenía la pista iraní. Así lo admitió públicamente Nisman días antes de morir. Pero a mediados de diciembre fue echado por el nuevo secretario de Inteligencia, Oscar Parrilli. En el Gobierno sospechan que Stiuso es el verdadero pez gordo y podría estar detrás de la denuncia por el supuesto "encubrimiento" de Irán en el ataque, con el aporte de datos falsos y escuchas ilegales.
"A Stiuso no lo voy a llevar a declarar", dijo la fiscal Fein al evitar la vinculación directa entre el service y el fallecimiento.
La presidente Cristina de Kirchner expresó sus dudas sobre Lagomarsino en su segunda carta sobre el caso. "Resulta imposible no observar que en cualquier lugar del mundo, si alguien aparece muerto por un arma que está registrada a nombre de otra persona y esa misma persona resulta ser la última que estuvo con él en vida, le entregó el arma en el mismo lugar del hecho, su casa, y es un íntimo colaborador suyo especialista en informática que trabaja también en la causa AMIA desde el año 2007, resulta cuanto menos raro. Muy raro. Por eso es más que conveniente que se le otorgue mucha protección al Sr.Daniel Ángel Lagomarsino", subrayó la mandataria.
Es que en ámbitos judiciales se analiza ahora qué consecuencias podría tener el informático por proveer el arma mortal. Especialistas recuerdan que el artículo 189 inciso 4, del Código Penal sostiene que "será reprimido con prisión de (1) año a (6) años el que entregare un arma de fuego, por cualquier título, a quien no acreditare su condición de legítimo usuario". Y agregan que es un delito agravado si la entrega es a un funcionario público. Otros legistas no descartan que en algún momento sea imputado por inducción al suicidio, si se comprueba que se quitó la vida, o como partícipe de un homicidio.
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