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15 de marzo 2006 - 00:00

Llega Bachelet, hace proselitismo e insinúa arreglo con Evo Morales

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Michelle Bachelet

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El embajador Luis Maira Aguirre invitó a un núcleo de responsables de los principales diarios y agencias, más otros protagonistas conspicuos del periodismo televisivo y radial como Mariano Grondona y Magdalena Ruiz Guiñazú, también al polifacético Rosendo Fraga.



1) explicó, a su modo, que la vertiginosa presencia de Bachelet en la Argentina, a horas apenas de asumir, responde al cumplimiento de una prioridad que Chile declaró más de una vez y que, tal vez, no haya cumplido con holgura. Es que ese país manifestó en numerosas ocasiones su voluntad de participar más activamente en el bloque regional del Cono Sur, pero hasta ahora ha firmado compromisos comerciales con casi todo el mundo (China, India, Estados Unidos, Europa, etc.) y, en alguna medida, se prescindió de sus vecinos. A pesar de que Chile, en su relación con la Argentina, le compra más que los Estados Unidos. Es, además, el segundo país en recibir exportaciones y dispone de una balanza deficitaria, al revés del primer comprador -Brasil- que compensa largamente esas compras con la colocación de sus productos.

2) otro dato que aportó el embajador es la intención chilena de avanzar, en su pleito con Bolivia, en la materialización de un criterio de «soberanía funcional» que zanje las aspiraciones que cobija Evo Morales sobre una salida al mar perdida en la guerra del Pacífico. Según comentó Maira, esa iniciativa la planteó el propio ex mandatario Ricardo Lagos, cuando asistió a la asunción de Morales y cenó con éste en su casa de La Paz, proposición a afilar que consiste en ceder por 99 años -como modelo- un mínimo acceso al Pacífico, con responsabilidades comunes y, tal vez, compartiendo la explotación de otros puertos trasandinos que serían convenientes para Bolivia (por razonesde exportación de gas, petroquímica, etc.). Los chilenos son conscientes de la dificultad simbólica que, para Morales, tiene esta alternativa económica que llaman «soberanía funcional». Pero también perciben que el mandatario no desestima la propuesta (ha sugerido una suerte de canje de «gas por mar») y, a su vez, entiende las dificultades simbólicas del propio gobierno de Santiago: más de 60% de la población se niega a concederle o devolverle territorio a Bolivia y esa opinión, según el embajador, por ahora es inmodificable si se atiende a la dinámica del sistema democrático.

Hubo agradables momentos sobre la historia personal de la Bachelet (la curiosidad de saber cómo una pediatra como ella se llevaría con un oncólogo como Tabaré Vázquez), la paradoja de que los chilenos, en general conservadores, se pronunciaran por una mujer, agnóstica además. Aunque, en ese plano, Fraga precisó que Chile en América latina es el país que tiene mayor cantidad de protestantes, 20%, mientras que en el resto difícilmente se supera 10%. A todo esto, hubo pisco sour, bocaditos, una entrada, vinos chilenos de calidad y un estupendo salmón con verduras. Mientras, los invitados se enredaban en otros temas menos importantes, quizás más entretenidos. Como el tenaz desprecio por la arquitectura, ya que sobre el bello y moderno diseño de la embajada todavía perdura una horrenda canilla a dos aguas para el personal de seguridad.

Otro tema: la posibilidad o no del triunfo del populista candidato Ollanta Humala en Perú, quien ha empezado a recuperar favor en la opinión pública (en contra de la favorita Lourdes Flores) y, en consecuencia, se desplomó en las últimas horas la bolsa de ese país. Para Chile, lo de Perú también es un tema inquietante, pues personajes como Humala plantean reivindicaciones (como los bolivianos) de lo que perdieron en la guerra. Al respecto, hubo dos observaciones singulares. Una, cuando el general Riccheri (propulsor del Ejército argentino) en una Nochebuena le propuso al presidente Julio Rocca la invasión a Chile y le garantizó el triunfo. Luego de un rato de charla, Rocca aprobó la operación militar por la seguridad del éxito, pero la clausuró con una pregunta inteligente: ¿y después qué hacemos, vamos a vivir en conflicto toda la vida? Enseñanza que podría aplicarse al litigio perpetuo con Perú y Bolivia a pesar de que ya pasaron más de 100 años de aquella contienda. De esa guerra entre Perú y Chile se recordó una anécdota que involucraba a dos mandatarios argentinos, hijo y padre. Ocurre que Roque Sáenz Peña, entonces, se inscribió del lado peruano para defender los intereses geopolíticos de la Argentina, tema que desestimó como argumento uno de los presentes: en rigor, dijo, Sáenz Peña fue a esa guerra para morir, ya que estaba obnubilado porque no pudo casarse con una dama a la que amaba, debido a que su padre, Luis, se lo impidió. Y con una razón cierta; le dijo: «No te podés casar con esa chica porque ella es hija mía, igual que vos, aunque no reconocida».

Curioso el dato aunque no restringe los intereses nacionales que también debían dominar a Luis Sáenz Peña.

Por último, ya con la actualidad del nuevo gobierno chileno, constituido en su vasta mayoría con hombres de posgrado y casi todos dominando el idioma inglés, se incursionó en el tema de los cortes de gas de la Argentina a Chile. El embajador dijo con cierta suficiencia que eso era pasado, que su país ya compra -más caro, claro- en otras partes del mundo y eludió comentar, con picardía diplomática, la sucesión de actos que el gobierno de Kirchner le tiene preparada a la Bachelet en la provincia de Buenos Aires, en distritos ex duhaldistas y con fuerte presencia de « trabajadores sociales». Nadie sabe si la nueva mandataria traerá vestuario para la ocasión y si esas manifestaciones tendrán orientación chavista, ya que muchas de esas agrupaciones tienen estrecha y conveniente relación con la asistencia del gobierno de Caracas.

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