El ocaso de la UCeDé como herramienta política pareció comenzar a insinuarse a partir de la elección presidencial de 1989, cuando el peronismo con Carlos Menem llega a la Casa Rosada. La apertura y desregulación de la economía, la privatización de las empresas del Estado y la libertad que se instala con Menem -incluyendo la desaparición de la figura del «desacato» para cuestionar a la prensa- parecieron facilitar la absorción del electorado liberal. Fue Alsogaray que, en un mensaje a los afiliados del partido, les señaló que «Menem hace lo que nosotros hubiéramos hecho» de haber llegado al gobierno.
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Muchos hombres de la UCeDé fueron reclutados para tareas de ese gobierno. Son los casos de Roque Fernández, Carlos Tacchi, María Julia Alsogaray, Jorge Pereyra de Olazábal, Adelina Dalesio, Víctor Alderete, Alberto Albamonte, Santiago Lozano y Germán Kammerath, entre otros, que pasan a revistar en la gestión de Menem.
Hoy sobrevive el bloque de la UCeDé en la Cámara baja de la mano del bonaerense Mauricio Sejas. Monitoreado por quien es el jefe de un interbloque con cavallistas - Guillermo Cantini y Marcelo Dragan-, el diputado nacional y empresario santafesino Carlos Castellani, que además preside el comité nacional ucedeísta. Castellini sigue enarbolando las banderas liberales, inclusive consultando en ocasiones con el ingeniero. Hugo Bontempo en Buenos Aires sigue activando con más dudas que certezas, lo mismo que Julio Crespo Campos en la Capital Federal y Kammerath en Córdoba.
Como una demostración de que se resiste a ceder el espacio político ganado en los últimos 20 años, la UCeDé le aportó a la fórmula Carlos Menem-Juan Carlos Romero, en la reciente elección presidencial del 27 de abril, casi un millón de votos recolectados en todo el país.
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