10 de noviembre 2003 - 00:00

No mejoran u$s 1.000 millones el clima para la visita del rey

Alfonso Cortina, presidente de Repsol YPF, y César Alierta, de Telefónica, anunciaron inversiones en la Argentina por casi 1.000 millones de dólares. Sin embargo, los españoles no consiguieron con semejante cheque mejorar las condiciones políticas de la llegada de sus reyes, Juan Carlos I y su esposa Sofía. Y eso que los Borbón son la estrella de la hora en su calidad de suegros de la plebeya Letizia Ortiz, apenas opacada ahora en la prensa que sigue las peripecias de las monarquías por la eventualidad de que el príncipe de Gales, Charles Windsor Mountbatten, sea gay.

Ni el dinero ni el atractivo periodístico lograron que Néstor Kirchner y su esposa Cristina se movieran de su actitud inicial ante sus huéspedes: la visita se recortaría a lo estrictamente protocolar, no habría efusiones delante de empresarios o intelectuales y cualquier intimidad con la pareja real tendría lugar a miles de kilómetros, en la discreta Calafate, adonde la pareja gobernante ha decidido llevar por el día a cualquiera que se atreva a pisar Buenos Aires y tenga algún protagonismo internacional. Para los santacruceños ese pasaje es como Caminito para los porteños. No podría hablarse de frialdad, es cierto, pero los Kirchner le demostrarán a los reyes que las cosas han cambiado y deben buscar en otras tierras la camaradería que les ofrecían los gobiernos anteriores.

La Casa Real entendió el mensaje desde temprano. Una estadía que comenzaría hoy, tendrá lugar mañana. «¿Para qué pasar un día más en la Argentina si hay tan pocas cosas que hacer con una agenda que fue abreviada a propósito?» comentó un funcionario español a este diario. En efecto, Juan Carlos y Sofía llegarán a Ezeiza mañana al atardecer y serán recibidos por el vicepresidente, Daniel Scioli, y el canciller Rafael Bielsa. Kirchner no está obligado a saludar a sus invitados en la escalerilla del avión y sacó partido de esa licencia. No va a estar en el aeropuerto, lo que vuelve más sencilla la liturgia de honores que prevé el ceremonial presidencial.

• Incógnita

El miércoles, entre las 8 y las 9, el rey será recibido por Kirchner en su despacho presidencial. Intercambio de saludos y presentación de la comitiva del monarca llevarán por lo menos 15 minutos de la audiencia. Don Juan Carlos trae consigo dos séquitos principales, el real, con colaboradores de la realeza, y el oficial, con funcionarios del Estado español, además de un grupo operativo que lo acompaña aquí y allá. En total, unas 40 personas.

Para quienes conocen de cerca la relación bilateral con España, la incógnita principal de este primer intercambio entre el rey y el Presidente está escondida en un detalle: el trato que le otorgue el visitante a su anfitrión. Al parecer, cuando promediaba la breve conversación que tuvieron en Madrid en julio pasado, Juan Carlos I decidió suspender el tuteo que venía utilizando para referirse a Kirchner, al parecer irritado por algunas referencias del santacruceño a la conducta de España durante los '90. Algunos integrantes del entorno presidencial entendieron que, levantando el tono, el mandatario había conseguido ganarse el respeto del rey. Pero enseguida les explicaron que es al revés, que los reyes sólo tutean a sus pares y reservan el trato de usted para la servidumbre. Formalidades que suelen desvelar a los amantes de los detalles y el protocolo.

Desde la Casa Rosada, Juan Carlos I se dirigirá a la Plaza San Martín para realizar una ofrenda floral en la estatua del Libertador. Aníbal Ibarra recibió un llamado de atención -ahora la relación con la Casa Rosada es más exigente- y durante los últimos tres días se encargó de mejorar la capa asfáltica de la calle que rodea el paseo. A no dudar, llegará a tiempo para que pasado mañana la Corte española no advierta desprolijidades.

Juan Carlos I no irá al Congreso ya que no está prevista una Asamblea Legislativa y tampoco participará del Foro Empresarial, con hombres de negocios de ambos mundos. Kirchner hizo saber a través de la Cancillería que «la presentación con esos empresarios podría entenderse como lobbying». La Casa Real adoptó un criterio: «No queremos que don Juan Carlos ande dando vueltas por Buenos Aires, solo, como le sucedió a (Hugo) Chávez cuando estuvo en la Argentina. Irá a los lugares donde vaya Kirchner a acompañarlo».

• Saludo

Así, los tramos más importantes de la visita serán la comida, restringida a 180 invitados, que le ofrecerá el Presidente el miércoles por la noche y el viaje relámpago a Calafate. El rey no ha querido desairar a los integrantes del Foro Argentino Español, un organismo informal de intelectuales y empresarios que armaron entre el banquero y economista Guillermo de la Dehesa y el diplomático argentino Fernando Petrella (el hombre de la Cancillería más solícito en colaborar con la gestión Bielsa).

Los encargados de la visita de Juan Carlos I lamentaban anoche que haya quedado en el camino una visita al Hospital Garrahan, con cuya manutención coopera la embajada de España, y también que se haya opacado la realización del Seminario «Ortega el Americano», organizada por las fundaciones Carolina (Partido Popular) y Ortega. Eso sí, el rey pasará a saludar a los realizadores de ese seminario antes de marcharse hacia Santa Cruz de la Sierra, a participar de la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado. Allí piensa descansar: los indígenas que se levantaron contra Gonzalo Sánchez de Losada, prometieron a Madrid que no harán alboroto contra Don Juan Carlos. «Desde ahora hasta febrero, sólo estaremos pensando en pasar el Carnaval» explicaron, amigables y hospitalarios. Una esperanza para Repsol, en las tierras del gas.

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