Se oye de todo -algunas cosas sensatas- con el incremento de la inseguridad. Veamos algunas. «Hay que habilitar más cárceles. Hay que innovar. Recetas conocidas como las purgas policiales no resuelven el problema». Buena opinión del hoy «ultrakirchnerista» senador rionegrino Miguel Pichetto, aunque no se sabe si lo dejará opinar así la izquierda que hasta debe desear que sigan los secuestros mientras pueda acusar y desprestigiar a policías. Hablando de Pichetto, Cristina Kirchner hasta le arrebató un clásico parlamentario: que el presidente del bloque cierre las exposiciones. Volvió a ocurrir ayer. Cerró la primera dama.
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Bien el destacado abogado Ricardo Gil Lavedra que propuso «un sistema de juicios más ágiles, con más facultades para los fiscales»: juicios rápidos -con perdón del pensamiento de Eugenio Zaffaroni- darían idea de seriedad a la sociedad y a la delincuencia. «Más poder a los fiscales» está bien si no hay cambio de fondo porque muchos sostienen que cuando dirigía las investigaciones la Policía, con mucha más experiencia, se controlaba mejor el delito.
Paola Spátola propuso «dictar prisión preventiva a cualquier portador ilegal de armas». Eugenio Burzaco (línea Macri) declaró algo razonable «la tentativa de robo a mano armada debe dejar de ser excarcelable en la Capital Federal». La arista Graciela Ocaña hizo su clásica demagogia al decir que «combatir la inseguridad pasa por combatir la pobreza y la exclusión social». Obviamente más trabajo y más reparto baja los índices delictivos pero hay que tener fondos genuinos o reasignar las partidas. Agregó algo importante: «Aumentar las partidas (presupuestarias) para mejorar la seguridad y ahorrar en gastos políticos improductivos como suprimir el Senado bonaerense».
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