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14 de septiembre 2006 - 00:00

Reciclado socialista

No es sólo por su caudal electoral, seguramente. Pero tanto el gobierno como las fuerzas que sostienen la candidatura de Roberto Lavagna compiten por capturar para su liga electoral al Partido Socialista: sumarlo da idea de «concertación», «alianza progresista», «cambio». Pero los socialistas orgánicos prefieren mostrarse prescindentes. Sobre todo, para preservar como una disputa provincial la elección santafesina, que están próximos a ganar. Por eso el oficialismo, a través de Alberto Fernández, resolvió armar una agrupación socialista con inorgánicos e intelectuales, y sumarla a su ecuación electoral. Una ironía para Raúl Alfonsín, ya que la cosecha viene sobre todo de su lado: antiguos adherentes a su gobierno, al que le aportaban el mismo capital simbólico que a Kirchner. Con este experimento, se recicla en el oficialismo un funcionario apartado: Torcuato Di Tella, ex secretario de Cultura, a quien ya se supone candidato a diputado en la Capital.

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Torcuato Di Tella
Las concertaciones políticas son la «ventana de oportunidad» -diría Roberto Lavagna- para pequeños partidos, grupos de afinidad ideológica o individuos que han ganado cierta fama, para conquistar lugares de poder u oficinas de la administración a cambio de un poco de capital simbólico. El socialismo es un caso típico para cumplir con ese rol. Basta mirar cómo se disputan entre Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín la pertenencia de los descendientes de Juan B. Justo a sus respectivas coaliciones para advertir un fenómeno que reaparece antes de cada disputa electoral.

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En Santa Fe, los socialistas populares correrían el riesgo de desgarrarse si no fuera porque la expectativa de conquistar el poder provincial es un pegamento muy eficiente. Rubén Giustiniani mantiene la vieja afinidad de su maestro, Guillermo Estévez Boero, hacia el alfonsinismo. Y Hermes Binner procura prescindencia, en contraprestación al homenaje que le realiza el PJ local: presentar como desafiante a un candidato como Rafael Bielsa, demasiado aporteñado para ese cometido.

En la Capital Federal ocurre algo parecido: Roy Cortina milita ya en el gobierno de Jorge Telerman mientras Raúl Puy coquetea con el ibarrismo y, por esa vía, con Daniel Scioli. Fluctúa entre ambos Norberto La Porta, siempre con sentimientos encontrados (o con una astucia criolla que, en general, no forma parte del bagaje cultural de su partido).

Ya que las definiciones no se producen, Alberto Fernández parece haber resuelto adoptar lo que haya de socialismo «suelto» para que la «concertación» de su jefe, Kirchner, sea algo más que el viejo PJ con adherencias de un radicalismo en tránsito. Ansioso, el jefe de Gabinete resolvió no esperar las decisiones orgánicas del partido de la rosa y armar su propio socialismo «light», conocido como Iniciativa Socialista. Darán a luz el experimento, con la consabida conferencia de prensa, el 10 de octubre que viene.

Fernández recurrió a un experto para esa tarea: el sociólogo Julio Godio, quien ya no recuerda cuántas fueron las veces en que tejió agrupaciones similares para darles un matiz de izquierda a coaliciones electorales más que convencionales. Godio es un historiador grafómano -son clásicos su relato sobre la Semana Trágica y su historia del Movimiento Obrero-, fue funcionario destacado de la OIT y caminó cuanto congreso socialista se haya celebrado en Oslo, Estambul o París. Heredó, hay que reconocer, las virtudes de su antiguo mentor: Simón Lázara, retratado por Jorge Asís con aquella convocatoria contundente y semiclandestina a formar ligas de resistencia al gobierno militar, en los 80: «Anotate que hay viajes».

  • Reencarnación

    La familiaridad de Lázara con Godio es múltiple y, si no fuera por el tamaño, se diría que el voluminoso titular del Partido Socialista Unificado («en sí mismo», agregaba Horacio Verbitsky) encontró en el laboralista un lugar para reencarnar. Hasta por la manía de fumar en pipa, costumbre tan ajena al peronismo (¿habrá que indagar la prehistoria ideológica de José Pampuro?). Lo cierto es que, así como Lázara diagramaba concertaciones para Enrique Nosiglia y Raúl Alfonsín en los 80 (fue vocero del ex presidente durante años), Godio se empeña ahora para armar su propio socialismo K.

    Para esta trama ya cuenta con algunas hebras. Por ejemplo, el investigador del Conicet, profesor en Letras y lingüista Hugo Mancuso. O el abogado José Robles, quien suele demorarse con Godio en reflexiones -hasta ahora ociosas- sobre un nuevo sindicalismo llamado «sociopolítico», formas de «construcción de solidaridad que no se agoten en la identidad» y otro tipo de conceptos que algún día le explicarán a Hugo Moyano. A Fernández, por lo que se conoce, le encantaría sumar un sello mayor de esta zona de la política: el Club de Cultura Socialista. Sería, ésa sí, una mojada de oreja ofensiva para Alfonsín. Es la sede del llorado José Aricó, de Juan Carlos Portantiero, Carlos Altamirano y Emilio de Ipola. Fue allí donde se elaboraron las memorables jornadas de Parque Norte (1985) que le dieron al caudillo de Chascomús la última sangre intelectual que demandaba su gobierno antes de quedar sepultado debajo de la hiperinflación: aquélla de la «ética de la solidaridad» y la «democracia participativa». Godio todavía no consiguió ninguna gran pluma del «Club», acaso por las resistencias que es capaz de ofrecer Beatriz Sarlo, figura estelar de esa asociación que le viene dedicando a Kirchner serenatas cada vez más agresivas (muy distintas de la que expuso cuando Julio Bárbaro la llevó a visitar a los Kirchner aprovechando la amistad de la escritora con Esteban Righi).

    No se desalienta Godio y rasca la olla socialista en otro borde: el de la izquierda intelectual K. Allí está, invariable, Torcuato Di Tella, acaso predestinado a encabezar esta Iniciativa Socialista que compense la demora del PS para adherir a la concertación. Sería la venganza de Di Tella, a quien ahora convocan aquellos que lo expulsaron de la Secretaría de Cultura (también un guiño de desdén hacia José Nun, quien siempre manifestó inclinaciones nacionalistas que lo vuelven sospechoso para el paladar del socialismo).

    Vista desde este ángulo, el que ofrece el bar Doney donde Di Tella pasa sus tardes de lector, la «Operación Godio» luce más articulada. Tanto que hasta permitiría llevarla al papel a través de algún discurso programático, como exige la tradición de estos herederos dudosos de Justo, Nicolás Repetto y Alfredo Palacios. No será la perorata de Parque Norte pero la nota de Di Tella en la última «Debate» se aproxima bastante al intento. Sólo faltaría corregir un par de renglones. Sobre todo el que pretende a Jorge Telerman como un eslabón más de esta cadena izquierdosa e ilustrada: ya Godio le explicará a Torcuato que la condición principal de cualquier iniciativa, socialista o la que sea, es bloquear en la Capital el camino del alcalde.
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