11 de noviembre 2003 - 00:00

Redobló ayer Kirchner las críticas a la Policía de Solá

Ni otra ácida referencia presidencial sobre la Policía Bonaerense atentó ayer contra el reencuentro entre Néstor Kirchner y Felipe Solá que, como en los días de sus campañas electorales, volvieron a compartir un escenario y a ofrendarse elogios mutuos.

Tras los reproches por la crisis de seguridad y la embestida, negada pero cierta contra Juan José Alvarez, Kirchner y Solá se mostraron juntos lejos de los piquetes porteños en Ameghino, un pueblo a 500 kilómetros y una hora de vuelo en el Tango Charly 74 de Capital Federal.

El libreto presidencial no cambió. «Es hora de que se termine eso de ver implicados en delitos a hombres a los que les damos el uniforme y la pistola para defender al pueblo», dijo Kirchner. Pero sí el tono: habló de los «hermanos de uniforme» citando a los «hombres de trabajo» de la Bonaerense.

A su lado, Solá asentía sobre la nueva categoría de amistad K. En la misma línea, aseguró que «no protegerá a nadie» y que investigará a todos los policías que aparezcan sospechados. La frase fue para Angel Casafús, jefe de la Brigada Anti-Secuestros, investigado por presunto enriquecimiento ilícito.

A tal punto, Kirchner y Solá ostentaron su sintonía, que el bonaerense antes de subir al avión en el Aeroparque Jorge Newbery -mientras el Presidente hablaba con Roberto Lavagna en el lobby-se anotó en el Club de los Mandatarios Amenazados: recordó que hace un año también fue intimidado por teléfono.

Pero marcó una diferencia con Olivos: dijo que no hizo la denuncia, ni judicial ni mediática para «evitar que los pícaros (que amenazan) se agranden». Kirchner tuvo otra actitud al punto que el mismo informó sobre la presunta intimidación al teléfono de su secretario privado.

Luego desde las tablas, en la plaza central de Ameghino, ante 4.000 personas, completó.
«A mí no me van a callar», toreó. Aunque previsto para las 11.30, el acto arrancó pasadas las 13 horas, con 32° de temperatura. Un atentado contra las filas de alumnos de todas las edades, amontonados en la plaza para asistir, por primera vez en la historia del municipio, a la visita de un presidente.

Mientras tanto,
Kirchner y Solá charlaban en un apartado. Unas butacas más lejos, en otro grupo, conversaban el ministro de Infraestructura Federal, Julio De Vido; su segundo, José López; su par bonaerense, Raúl Rivara, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández.

-¿Fuiste a la cancha?
-preguntó, mordaz, De Vido, hincha de Boca, a un malhumorado Solá, hincha de River.

-No, tuve la inteligencia de no ir
-se atajó el bonaerense.

-Nosotros vamos a divertirnos el domingo que viene
-aportaron a dúo López y Rivara, fanáticos de Independiente, provocando a Kirchner en la previa del clásico de Avellaneda.

-Si ustedes perdieron tres a cero con Chacarita, nosotros le metemos 5
-apostó Kirchner, sufrido racinguista.

Antes del anexo futbolístico,
Solá logró el compromiso del patagónico de que no habrá más petardeo contra Alvarez, su ministro de Seguridad, a quien quiere preservar al menos hasta el 10 de diciembre próximo. Igual, ante la prensa, insistió: «Es un ministro mío y tiene todo mi apoyo».

Tras una parada forzada en General Villegas -en Ameghino no hay pista de aterrizaje-,
Kirchner y Solá llegaron al pueblo donde los recibieron los hermanos García: Patricio, senador provincial gestor de la autonomía de ese distrito, y Andrea, psicóloga e intendente que obtuvo su reelección casi 70% de los votos en setiembre, uno de los mejores resultados del PJ en los últimos comicios.

Ya sobre el escenario,
Kirchner repitió su rap. «Tenemos que terminar con el doble discurso y la hipocresía. O queremos una Argentina distinta o seguimos diciendo una cosa con una mano y haciendo otra cosa con la otra». Esa misma frase, unos días atrás, habría enfurecido a Solá.

Sin embargo, el gobernador ignoró los embates y hasta fue gentil. Al regreso ofreció a
Kirchner, De Vido y Aníbal F. viajar en su avión, un Sistation biturbo, herencia de los años dulces de Eduardo Duhalde y el Fondo del Conurbano.

Ayer la calma, por unas horas, regresó al vínculo
Solá-Kirc hner. Nadie sabe por cuánto tiempo.

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