Redobló ayer Kirchner las críticas a la Policía de Solá
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Luego desde las tablas, en la plaza central de Ameghino, ante 4.000 personas, completó. «A mí no me van a callar», toreó. Aunque previsto para las 11.30, el acto arrancó pasadas las 13 horas, con 32° de temperatura. Un atentado contra las filas de alumnos de todas las edades, amontonados en la plaza para asistir, por primera vez en la historia del municipio, a la visita de un presidente.
Mientras tanto, Kirchner y Solá charlaban en un apartado. Unas butacas más lejos, en otro grupo, conversaban el ministro de Infraestructura Federal, Julio De Vido; su segundo, José López; su par bonaerense, Raúl Rivara, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
-¿Fuiste a la cancha? -preguntó, mordaz, De Vido, hincha de Boca, a un malhumorado Solá, hincha de River.
-No, tuve la inteligencia de no ir -se atajó el bonaerense.
-Nosotros vamos a divertirnos el domingo que viene -aportaron a dúo López y Rivara, fanáticos de Independiente, provocando a Kirchner en la previa del clásico de Avellaneda.
-Si ustedes perdieron tres a cero con Chacarita, nosotros le metemos 5 -apostó Kirchner, sufrido racinguista.
Antes del anexo futbolístico, Solá logró el compromiso del patagónico de que no habrá más petardeo contra Alvarez, su ministro de Seguridad, a quien quiere preservar al menos hasta el 10 de diciembre próximo. Igual, ante la prensa, insistió: «Es un ministro mío y tiene todo mi apoyo».
Tras una parada forzada en General Villegas -en Ameghino no hay pista de aterrizaje-, Kirchner y Solá llegaron al pueblo donde los recibieron los hermanos García: Patricio, senador provincial gestor de la autonomía de ese distrito, y Andrea, psicóloga e intendente que obtuvo su reelección casi 70% de los votos en setiembre, uno de los mejores resultados del PJ en los últimos comicios.
Ya sobre el escenario, Kirchner repitió su rap. «Tenemos que terminar con el doble discurso y la hipocresía. O queremos una Argentina distinta o seguimos diciendo una cosa con una mano y haciendo otra cosa con la otra». Esa misma frase, unos días atrás, habría enfurecido a Solá.
Sin embargo, el gobernador ignoró los embates y hasta fue gentil. Al regreso ofreció a Kirchner, De Vido y Aníbal F. viajar en su avión, un Sistation biturbo, herencia de los años dulces de Eduardo Duhalde y el Fondo del Conurbano.
Ayer la calma, por unas horas, regresó al vínculo Solá-Kirc hner. Nadie sabe por cuánto tiempo.



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