Néstor Kirchner y Carlos Reutemann, ayer distantes, hoy inseparables, se mostraron juntos en acto partidario en el lanzamiento de Cristina Fernándezen Rosario. Desde entonces prometen cabalgar unidos toda la campaña. El acuerdo no es de ahora pero nadie conoce aún el rumbo que tomará.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Nadie acaso les insinuó esa expectativa a gobernadores como el mendocino Julio Cobos o a referentes autónomos del PJ en la provincia de Buenos Aires.
Aun así, sin embargo, extraña esta comunión entre Kirchner y Reutemann, ya que éste no se asimilaba en principio a las líneas básicas del santacruceño -más bien, se lo podía situar en la oposición- y, si bien compartió banca con la senadora Cristina, jamás allí tuvo trato preferencial con ella. Pero, claro, el parco santafesino no ha sido hombre de exageradas relaciones en ese cuerpo y, para ser justos, tampoco ella se destaca allí por amistades particulares aunque sea más dispuesta al monólogo. En consecuencia, ¿de dónde proviene el fluido misterioso que permite hoy la química entre Reutemann y los Kirchner?
Uno sabe que «Lole» ha sido producto de Carlos Menem, un exitoso invento fuera de la política y los cánones tradicionales de los partidos (al menos, si se lo compara con Ramón Palito Ortega y otras expresiones más olvidables). Ese método de ascenso, sin embargo, siempre fue rechazado por Kirchner, quien detesta a los que ingresan a su actividad por la claraboya. Mucha más repugnancia le produce, además, cualquier ingenio salido de la marmita menemista. En materia de distancias, tampoco pueden inferirse vínculos por afinidades liberales, ya que pasadas consultas de Reutemann con Roberto Alemann, al Cema o Mauricio Macri, o su respeto por la profesionalidad económica de Ricardo López Murphy, jamás fueron del halago presidencial, hombre en todo caso más conservador en sus gustos y dedicado a la prédica progresista. Algunos visitantes de la Casa Rosada, por otra parte, no podrían incluirse en una lista de favoritos en la agenda de Reutemann.
Ni hablar, claro, de otra disidencia superior: Eduardo Duhalde. Tal vez hoy esos vínculos del santafesino no sean tan próximos, pero nadie olvida que el bonaerense siempre tuvo a Reutemann como el más blanco de los políticos para encabezar la marea peronista. Si bien no llegaron a consumarse esos propósitos, la verdad es que no fue por falta de compromiso de Duhalde; al contrario, Reutemann se encargó de desertar varias veces de posibles candidaturas, aún pesa el recuerdo de aquella frase aún inexplicada -y referida a la administración Menem- de que «he visto cosas raras en la Casa Rosada». Por ese idus constante de Reutemann, justamente, aparecieron otros postulantes, como José Manuel de la Sota en un momento y, después, el ahora mandatario sureño. Sería abundante recordar que Kirchner y Duhalde, a su vez, no parecen pasar por el mejor momento.
Dejá tu comentario