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8 de marzo 2006 - 00:00

Se exageró pero no lo extrañarán

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Aníbal Ibarra en el momento de escuchar ayer la sentencia en el juicio político por Cromañón que lo destituyó del Gobierno porteño.

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Cuando se sentó a escuchar los votos que lo mandaron a su casa,
Aunque se fue a dormir el lunes con cierto margen de optimismo -confiaba todavía en las abstenciones de

• Esa debilidad alimenta la idea que siempre tuvo el gobierno nacional -uno de los principales perdedores de ayer- de que el costo de la caída de Ibarra lo pagaría también Kirchner. Estragado por la lectura de las encuestas, el Presidente participó de todos los esfuerzos de autodefensa que emprendió el ex jefe de Gobierno a partir de diciembre de 2004. Desde acompañarlo en el ocultamiento ante la opinión pública el día de la tragedia durante cuatro días, siguiendo por el auspicio de la designación de Juan José Alvarez como fugaz secretario de Seguridad de la Ciudad. En este nombramiento juntaron fuerzas todos quienes en enero del año pasado creyeron que la caída de un jefe de Gobierno por una tragedia de esta naturaleza los perjudicaría a todos: Kirchner, Eduardo Duhalde, Mauricio Macri, entre otros.


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