Las columnas de diarios del fin de semana son importantes porque se hacen eco de los comentarios generalizados del momento en lo que pareciera el lanzamiento de la campaña política 2007 que el gobierno, para despistar a la oposición, dijo que no le preocupaba hasta el verano. El columnista de «Clarín», Eduardo Van der Kooy, cumple su papel de ser vocero de la Casa Rosada y reitera, como habitualmente lo hace casi todas las semanas, su papel de desprestigiar a la oposición política al gobierno. Este domingo se movió con lenguaje fuerte llamándola: «incapaz de enhebrar algún proyecto»
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... «en busca de un hombre providencial que la saque de algún atasco» ... «tienen pecados del pasado que los llevan al silencio» ... «la oposición está en su propio laberinto y le cuesta ver mucho más allá de su nariz». Faltaría que el columnista los acuse de extranjeros haciendo política en la Argentina... Que el gobierno use sus amanuenses de prensa para atacar con lenguaje hasta soez es señal de que algo le preocupa. No estará aún conformada pero la oposición sumó a hombres de fuste, impensados hace tres meses, bastaría pensar sólo en Roberto Lavagna y Juan Carlos Blumberg, más los tradicionales Mauricio Macri, Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, Jorge Sobisch, Hermes Binner, Roberto Iglesias y, si faltara, la Iglesia católica, ésta por un gran temor a la pérdida de la institucionalidad en el país.
Horacio Verbitsky, prensa desde ya totalmente oficialista, se obnubila y se oscurece para dar idea de que «tiene fuentes» y se llena de nombres de instituciones extranjeras. Aporta un solo dato: mañana reaparece Eduardo Duhalde con un desayuno organizado por Argentine Chevening Alumni Association (AChA). Si es cierto, flaco favor le hace a Roberto Lavagna como «opositor», si éste, además, debe sobrellevar el terrible lastre político de Raúl Alfonsín. Verbitsky, eso sí, complementa a Van der Kooy del monopolio «Clarín» en un juego de oficialismo. Este último menosprecia oposición «en general» y Verbitsky «en particular», uno por uno y no se salvan ni Estela de Carlotto ni Blumberg en su larga lista dominical.
Joaquín Morales Solá vuelve a la nota de análisis de gran vuelo, la que capta finamente determinados sentires de la opinión pública: se refiere a que se pierda más la institucionalidad en el país con una reforma constitucional. No percibió aún -o lo guarda para otro domingo- comentarios más graves todavía, que comienzan a difundirse: que si la elección presidencial del año que viene la ganara un opositor a Néstor Kirchner o al que éste designara como candidato, podría no entregarse el poder. El columnista de «Clarín», al recibir información oficial, no discrimina bien y da datos aterradores a quienes sienten esos temores institucionales. Por ejemplo escribió: «Alicia Kirchner -retornada a ministra tras breve paso por el Senado- manejará en el ministerio un presupuesto de 5.500 millones de pesos. Tiene el agrupamiento de cuatro corrientes piqueteras adhiriendo al kirchnerismo en una legión que puede estimarse en más de 150.000 personas, 5 gobernadores radicales -más los propios- y 180 intendentes que emigrarían hacia Kirchner».
Sin tantos detalles como (¿se le escaparon?) da «Clarín» la gente ya sumaba a Luis D'Elía movilizando a tribunas indígenas en el Chaco, avasallando comisarías, cortando alambradas de propiedades privadas en Corrientes y violando la ley en todos lados. Y a D'Elía y todo lo que enumeró «Clarín» la gente le suma los progresistas gozando el poder y los camiones como «tanques de guerra» de reserva para lo cual se enriqueció y dio todas lasfacilidades para debilitar empresas a Hugo Moyano y su hijo. Es más que comprensible la preocupación del cardenal Jorge Bergoglio al recoger ese temor social. En esos corrillos se preguntan: «¿Mauricio Macri o Sobisch o Roberto Lavagna creen que les van a entregar el poder así ganaran con votos contra tremenda maquinaria de poder y de dinero?».
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Sobre lo ya señalado -que fue un aporte dominical gravitante para mirar el futuro del país y la vigencia constitucional- el resto de su columna la dedica a destacar méritos de la reintegrada ministra Alicia Kirchner. «Distante de la repercusión pública, ajena a la oratoria pomposa, demuestra en cambio una infinita paciencia para tejer y destejer en las sombras. Es una persona de la confianza total de Kirchner. De las pocas. Alicia posee condimentos que se le desconocen a Cristina ( Kirchner). Su alianza más explícita fue con Luis D'Elía y también con su esposa.» Si el periodista se propuso aterrar a la democracia con su columna, lo consiguió. Luego le adjudica un destino a Alicia Kirchner gobernando Santa Cruz que suena poco para dejar tanto poder como el que ahora tiene.
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Consigna un dato que también trae Verbitsky y por tanto se descarta cierto porque éste se nutre en la SIDE general y en la suya particular y paralela. Dice que el obispo de Iguazú, Joaquín Piña, al oponerse a la reelección con cambio constitucional del gobernador Rovira actúa con el visto bueno del cardenal Bergoglio, sin hacer política pero cuidando la institucionalidad. Consigna que podría detener una reforma constitucional, que Néstor Kirchner no quisiera parecerse a Carlos Menem pero parece un análisis más débil. Si Kirchner no va como candidato el año próximo -posibilidad latente si otra figura de «su línea» asegurara el triunfo-, no se le ve que quiera cambiar el mandato constitucional de 4 años y otros 4 de reelección. Marcaría mejor el eventual «quedantismo» irse un períodode 4, desde 2007, y volver por otro de 8 años con 4 y 4. Aunque no lo quisiera ni fuera su tendencia natural -lo dijo hace un mes este diario-, Néstor Kirchner se puede encaminar a una dictadura por la suma de poderes que va acumulando y, sobre todo, por la cantidad de dinero que maneja proveniente del sector externo. ¿A quién no le gustaría ser ministra de Bienestar Social manejando por año 3.550 millones de pesos? ¿Quién con la masa externa de plata que proviene de la coyuntura China va a aceptar que Kirchner se vaya y arriesgue todo lo que hoy perciben como funcionarios directos o disimulados del Estado?
VERBITSKY, HORACIO. « Página/12».
A lo dicho en tapa agrega, principalmente, el faenamiento de uno por uno de los opositores que pueda tener el gobierno. Sus dardos son de alta venenosidad. Odia a la cabeza de las Abuelas de Plaza de Mayo -Estela de Carlotto- y sutilmente le dice «Carlotto ha rechazado candidaturas a cargos electivos y empleos públicos... de lo que se encarga el resto de su familia». Es sabido que esta Sra. hizo una labor admirable dirigiendo la recuperación de 84 nietos de desaparecidos. También hizo bien la denuncia de la corrupción de algunos progresistas en el gobierno, como cuando denunció que el mismo Horacio Verbitsky y su patrocinada Gabriela Cerruti desviaban fondos públicos de una «Comisión de la Memoria» que Carlotto presidía. Su acuerdo con «Clarín» para no apurar en la Corte el caso de los hijos adoptados por la directora del medio, su ataque sin pruebas y prejuzgando -como en el Proceso militar- al sacerdote Julio Grassi antes de ir a juicio, actos contra familiares de víctimas de Cromañón y otras actitudes la descolocan un poco a esta Sra. La estocada a fondo de Verbitsky es porque coloca a familiares en cargos públicos -empezando por su hijo- que le otorga el gobierno.
El columnista luego arremete contra Juan Carlos Blumberg restándole valor a la muerte de su hijo porque fue por «la delincuencia» y no durante el Proceso militar. Un delito de este columnista para juzgar el dolor de padres. A Roberto Lavagna lo descalifica simplemente con mencionarle que lo patrocinan Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde, Federico Storani y Leopoldo Moreau, expresa. Como Carlotto, este Lavagna también se las busca. Al mendocino Roberto Iglesias y a Elisa Carrió los acusa de «lanzados a una frenética competencia declamatoria». A Margarita Stolbizer -radical ex contrincante de Raúl Alfonsín- le señala su alianza con comunistas, socialistas y el agrupamiento sindical no oficial CTA. Aquí Verbitsky pareciera un liberal. A Mauricio Macri, que contrató para el club Boca Juniors a una agencia internacional que opera en 58 países y que hace 30 años tuvo un contrato -según el columnista- con los militares y también con Repsol, Bagley, Alto Palermo, Disco, Abasto, etc. No puede olvidarse del obispo misionero pero, por reciente, aún la SIDE no tiene muchos datos y uno que inhibe a Verbitsky: festejó admitir en la Iglesia errores del pasado. No obstante le encuentra la vuelta para adjudicarle -aunque sea casualidad- una formación para ser constituyente de igual nombre a la que tuvo Aldo Rico. No queda nadie en pie, salvo los hombres del gobierno cuyos fondos podrá seguir usando, con firmas legales o no.
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