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21 de noviembre 2006 - 00:00

Trío le interviene ya la CGT a Moyano

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Andrés Rodríguez, Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Gerardo Martínez
Hugo Moyano intentó ayer, en vano, corregir un funeral con otro. Hizo todos los esfuerzos y gestiones para que Saúl Ubaldini fuera velado, siquiera una hora, en el salón Felipe Vallese de la CGT. Pero la viuda de su antecesor en la secretaría general de la institución fue cortante cuando Julio Piumatto (Judiciales) le sugirió el traslado del féretro desde el Congreso hasta Azopardo 802: «No quiero que aparezca otro 'Pata' Medina». Se refería, claro, a la posibilidad de enfrentamientos facciosos y violentos, iguales a los que arruinaron el tercer funeral de Juan Domingo Perón en San Vicente. ¿Puso Margarita Muñoz, la esposa del gremialista del lúpulo, alguna otra condición para su traslado? Sobre esto hubo ayer sólo habladurías. Lo cierto es que los restos de «Querido» fueron llevados desde el Congreso hasta la Chacarita, sin pasar por la sede sindical.

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La estrategia funeral de Moyano, de nuevo fallida, pretendía disimular las dificultades que enfrentará esta semana su conducción. A través de sus aliados ocasionales, tipo Piumatto o Gerónimo Venegas, el camionero intentó componer una foto de familia imposible (casi tan imposible como si lo intentara en su propia casa, donde por la falta de conducción del patriarca se estaría imponiendo «Chiqui» Tapia, su yerno y presidente de Barracas Central). Moyano mandó sondear a Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingieri para proponerles llevar a Ubaldini a la central obrera y, con esa excusa, salir todos abrazados ante la prensa. Para eso se desplegaron las cámaras de TV en la vereda de esa sede, sin que después prestaran servicio alguno.

Martínez, Rodríguez y Lingieri, quienes en los 80 habían formado una guardia en torno del melancólico Ubaldini -se los conocía como «los jóvenes brillantes»- prefirieron homenajear al viejo líder por su cuenta: se cercioraron de que no estuviera el camionero y ninguno de sus adláteres antes de visitar el Salón de Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados. Paradojas de la historia, ahora se preparan para entornar a otro jefe sindical, el propio Moyano, aunque de manera menos pacífica que la que habían aplicado, hace ya dos décadas, con el fallecido Saúl.

  • Colegiado

  • En efecto, el jefe de los camioneros deberá aceptar a partir de esta semana que sólo conseguirá reunir de nuevo al Consejo Directivo de la CGT si convalida una especie de conducción colegiada. La ejercerían él y otros tres colegas: Martínez, Rodríguez y Luis Barrionuevo, el principal inspirador de la fronda que terminó vaciando al secretariado de la organización sindical.

    Esta «tetrarquía» no tendrá carácter formal, institucional. Moyano se deberá adaptar a la misma regla inorgánica que, en un programa de TV de hace más de un año, explicó con arrogancia a su colega Susana Rueda: «Vos no entendés que acá hay una mesa chica donde se deciden las cosas», le dijo ante las cámaras de TV. Ahora esa mesa se la armaron a él. Es decir, el camionero no podrá tomar determinación alguna sin consultar al trío de «interventores». Y, sobre todo, no estará habilitado para administrar recursos colectivos sin control de sus decisiones por estos otros sindicalistas (el principal reproche que sus pares lanzan contra el camionero es la avaricia con que tramita los recursos que consigue de Néstor Kirchner). La alternativa a la que puede apelar Moyano si no acepta este « corralito» es resignarse a no reunir nunca más al secretariado que preside.

  • Interrogante

    Una incógnita importante en el nuevo diseño es cuál será el rol que le asignarán a «Mr. Cloro», es decir, a Lingieri. En el orden anterior, ejercía la secretaría adjunta, es decir, era el segundo de Moyano. Había llegado allí por delegación de los demás « brillantes», de los que intentó emanciparse. Sin embargo, tampoco logró Lingieri ganarse el respeto de Moyano, quien lo mantuvo congelado, con «la ñata contra el vidrio», ajeno a una conducción que ejerció hasta hace poco con Juan Manuel Palacios, Omar Viviani, Piumatto y unos pocos más. Se completó el drama cuando el mandamás de Obras Sanitarias, el sindicato de «Mr. Cloro», Rubén Pereyra, prestó su sede para realizar la conspiración más importante que se planteó contra Moyano desde que llegó a la cúpula, en la que confluyeron los nuevos «tetrarcas» con los «gordos» (Lescano, Cavalieri, West Ocampo, Pedraza), alejados desde hace tiempo de la central obrera. En este esquema, Lingieri quedó a mitad de camino de todas las traiciones. Habrá que ver si lo terminan conteniendo en el nuevo experimento.

  • Imposición

    Para el camionero este diseño es peyorativo. Le impone terminar el año con un poder disminuido, mellado. Acaso todo comenzó cuando Juan Manuel Palacios debió abandonar la UTA, a raíz de que estallaron informes sobre sociedades de las que participa como terrateniente de la provincia de Buenos Aires y La Pampa. Después la lupa se puso sobre el patrimonio de Moyano y las expansiones inmobiliarias de su actual esposa. Los hijos también dieron dolores de cabeza armando alborotos que molestaron a Kirchner una semana después del desastre de San Vicente. Más tarde quedó expuesto que sus sostenes principales en la central obrera están en el empresariado (Héctor Méndez de la UIA pidió por su continuidad para mejorar la perspectiva de las paritarias) y en el gobierno. Lo más dramático llegó la semana pasada: estalló un conflicto gravísimo en el sector de los hidrocarburos, en la Patagonia, y Moyano desapareció de la luz pública, como si en vez de secretario general de la CGT se tratara de un opulento ganadero, como su amigo Palacios.
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