3 de mayo 2002 - 00:00

Carvalho: "La TV educa pero no me hace feliz"

A lto, delgado, de cabellos renegridos, Luiz Fernando Carvalho, director de «A la izquierda del padre», un drama de exigente esteticismo estrenado ayer, es también el director de la telenovela «El rey del ganado». ¿Cómo se concilian ambos trabajos?

Dialogamos con él apenas llegado al país:

Luiz Fernando Carvalho:
Exactamente por el hecho de ser cosas muy distintas. Me interesan la gran cultura popular, la comunicación de masas, y veo a la televisión como un vehículo de mucha responsabilidad social en mi país. El Brasil es un país grande, pero sin un proyecto cultural, políticamente hablando. Si tienes uno, trata de hacerlo, porque el gobierno no tiene. Mi proyecto es elevar el nivel cultural de la programación.

Periodista: ¿De qué manera?

L.F.C.: Principalmente, a partir del contenido. «El rey del ganado» fue el primero en tocar el tema de los Sin Tierra. Luego, el casting, priorizando la calidad actoral, antes que las caras bonitas que venden heladeras. Y también, la puesta en escena, tratando de humanizar la narrativa, lo que, para un producto masificado, ya es mucho. Igual, de esa novela solo fui feliz en los primeros 7 capítulos, que dirigí como si fueran films. Después mi propio cuerpo se negaba, no me sentía inspirado artísticamente para ir a los estudios.

P.: En cambio, el cine...

L.F.C.: Ahí me atrae la posibilidad de fabulación, la narrativa tan poderosa, más subjetiva y delicada que en la TV, y la comunicación más sutil. Yo empecé como dibujante periodístico (mi padre era pintor), fui meritorio de varios films, ayudante de sonido, de montaje, guionista y director de cortos, y luego, cuando hacia 1990 empezó a decaer la industria cinematográfica, entré a la TV. Pero después de «El rey...», que todo el mundo comentó, me sentí insatisfecho. Busqué algo que respondiera a mi angustia, y me vi absorbido por la novela de Raduan Nassar, «Labor arcaica». Ese texto me hizo reencontrar con mis primeros sentimientos en relación al arte.

P.: ¿Qué había en él, para absorberlo de tal modo?


L.F.C.:
Vida. Qué puedo decirle. Vida.

P.: Y se largó a filmar una adaptación.


L.F.C.:
Un poeta brasileño escribió en su diario «¿Cómo conocer las cosas si no se es las cosas?». Para vivir la creación de este film, fui a trabajar en una hacienda, desde varios meses antes del rodaje, con todo el elenco, y los jefes técnicos. Imposible tener otros compromisos. Y todos aceptaron esta condición, porque yo también me la estaba imponiendo.

P.: ¿Es cierto que Nassar también vive en una hacienda, alejado de todo?


L.F.C.:
Sí, eso es parte de la mitología. El abandonó la literatura, llegó a decir «No existe creación literaria que se compare con la crianza de gallinas», y ahora vive en una plan-tación de porotos negros, rodeado de gallinas y cabras, pero no es un ermitaño. Al contrario, incluso creo muy posible invitarlo para que venga a participar en una mesa redonda sobre cine y literatura. Somos muy amigos, y sus observaciones sobre mi trabajo fueron fundamentales para que yo encontrase la forma final de mi película.

P.: Su libro lo editó Alfaguara hace años. También presidió la Asociación Brasileña de Criadores de Conejos, tuvo un diario, en fin, lo que nadie dice es si se llevaba con su padre, tan mal como el personaje de su historia.


L.F.C.:
¡Esas confidencias me fueron hechas, un día que estábamos intercambiando confidencias, pero no las puedo transmitir! Cabe a usted preguntarle. Sin dudas, le responderá mejor que yo.

P.: ¿Y usted, se identifica con ese hijo, a la izquierda del padre?


L.F.C.:
La estructura familiar de mi casa era distinta. Identifico un poco a la madre, sobreprotectora. Encuentro que las madres promueven una actitud mítica (no mística) en relación a sus hijos. En el momento del parto, si debe elegir, una madre sacrificaría su vida, para salvar la del hijo. Ese es tal vez el mayor acto de coraje que existe en la humanidad. Cuando yo era niño, mi madre enfermó de cáncer de pecho. El médico le prohibió el sol y la playa. «No, doctor», respondió, «no le haré caso, porque el sol y la playa es lo que mi hijo más ama». Eso para mí entra en una dimensión mítica.

P.: ¿Cómo sigue ahora su vida?


L.F.C.:
Sigo alternando entre la TV y el cine, para mi propia sobrevivencia espiritual y mental, no sólo material, porque de otra forma uno se encierra demasiado.

Dejá tu comentario