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11 de julio 2002 - 00:00

El gobierno del día después

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Lo que hacen las píldoras de emergencia es, principalmente, modificar el endometrio (capa de mucosa que recubre el útero) para así inhibir la implantación de un huevo fecundado, en un método cuya denominación genérica de «contragestivos» fue acuñada por Emile Etienne Baulieu para agrupar junto a la RU-486 (la píldora abortiva que él había diseñado) los métodos de control de la fertilidad que son abortivos muy precoces, como los dispositivos intrauterinos, la contracepción hormonal sobre la base de gestágenos, y la contracepción poscoital.

Lo cierto es que, además de la condena generalizada que merecen estos sistemas por constituir instrumentos que permiten la realización del aborto sin control alguno sobre los supuestos legales de despenalización o justificación, también debe repararse en un aspecto tremendamente negativo cual es el de permitir y fomentar que las personas realicen actos irresponsablemente, sin tomar ningún recaudo, prevención o cuidado, ni medir las posibles consecuencias de su accionar. Y todo ello gracias a la creación de un instrumento que les permitirá asegurarse de que podrán borrar luego de actuar los efectos de su accionar. Claro está, el precio de tal descuido y desidia lo pagarán terceros inocentes quienes verán interrumpido nada más y nada menos que su derecho a la vida.



En la Argentina de hoy el gobierno nacional ha adoptado el criterio de la «contracepción» social. No ha puesto ni pone cuidado o prevención en área alguna; tampoco toma recaudos en relación con el desenvolvimiento de los acontecimientos económicos y sociales en orden a evitar el desastre, lo trágico, o la pérdida de la vida y demás bienes de los ciudadanos. El gobierno simplemente actúa por instinto, sin medir las consecuencias de su accionar y, si algo negativo ocurre, aplica el sistema de la píldora del día después para borrar los efectos de sus errores; el precio es la vida y los bienes de los ciudadanos, quienes pagan esos errores y la falta de previsión de los que nos gobiernan; sin excepción.

El deterioro al que han expuesto al país nuestros actuales dirigentes es terrible; han multiplicado la pobreza, el delito, la inseguridad y el hambre. Han triplicado el número de cartoneros, han duplicado el número de desocupados, han retrotraído el PBI a niveles de hace 10 años y han hecho crecer fuertemente la violencia y el caos social.

¿Cuanto tiempo más pensó el gobierno que podrían realizarse cortes de rutas y de calles, manifestaciones de gente armada con palos, bombas molotov, martillos y hasta con armas de fuego, arremetiendo contra todo lo que encontraban a su paso, incendiando, saqueando y destrozando todo, y enfrentándose violentamente con las fuerzas de seguridad sin que hubiera finalmente heridos o muertos entre los manifestantes? ¿Qué hizo para evitar que el conflicto se agravara?

¿Cuánto tiempo más piensa el gobierno que puede sostenerse la instalación de puestos de peaje clandestinos en rutas nacionales y provinciales donde los bloqueadores cobran a los ciudadanos por cruzar las barreras, bajo apercibimiento de detenerlos, golpearlos, destrozar sus autos o privarlos de sus bienes, sin que ocurra una nueva tragedia?

¿Cuánto cree el gobierno que puede negociar de buena fe con violentos que ocultan sus caras detrás de máscaras y pasamontañas para destrozar, agredir, golpear, saquear y realizar sus actos detrás de mujeres y niños -y ahora estudiantes- a los que exponen como escudos humanos en sus actos de violencia?

¿Cuánto tiempo más pensó el gobierno que podría convivir con la muerte diaria de policías baleados y ejecutados a mansalva sin que los mejores integrantes de la fuerza se sintieran desalentados y abandonados, dejando el lugar protagónico a aquellos efectivos violentos que se manejan con las actitudes de los delincuentes, y constituyen lo peor de la institución? ¿Qué medidas preventivas tomó para bajar el nivel de indignación por la impunidad, para tranquilizar y respaldar a los efectivos honestos, o para depurar y seleccionar a los que están en mejores condiciones de enfrentar este tipo de acciones extremas de alto riesgo sin perder el control, y expulsar de la fuerza a los violentos y corruptos?

¿Qué creyó el gobierno que iba a ocurrir cuando entregó a organizaciones rebeldes que han declarado públicamente que no creen en la democracia, que no votan hace más de cinco años, y que no respetarán la voluntad popular, el manejo de una porción sustancial de los planes asistenciales para que con ellos financiaran sus crecientes protestas y actos de insurrección? ¿Cómo puede el gobierno utilizar sistemas de ayuda social para aumentar la violencia?

¿Cómo creyó el gobierno que iba a reaccionar la economía y el sistema financiero cuando dispuso una irresponsable devaluación con pesificación asimétrica, y destruyó el crédito, privilegiando los negocios e intereses de unos pocos, y destrozando el aparato productivo nacional, y pulverizando el empleo? ¿Qué pensó que ocurriría con el sistema financiero al generar y promover un enfrentamiento salvaje entre ahorristas y bancos?

¿Cuánto tiempo pensó el Presidente que podía perpetuarse en el poder y construir una salida electoral para su esposa en la provincia de Buenos Aires sin tener que verse forzado por su fracaso a llamar abruptamente a elecciones, mientras el país se le caía a pedazos?

¿Qué consecuencias piensa el gobierno que va generar la designación de un ministro de Seguridad en la provincia más importante del país con el objeto principal de «... garantizar el derecho a la protesta... y a manifestar...», cuando los ciudadanos que trabajan y no manifiestan ni protestan no pueden siquiera salir a la calle para ir a trabajar por falta de la más mínima seguridad?

¿Qué creía el gobierno que nos respondería el FMI frente al pedido de asistencia crediticia cuando después de seis meses de estar en el poder no se tiene plan económico ni plan monetario, y se burlaron todas las recomendaciones del ente?

Crisis, en el ideograma chino, se representa por un signo que es una combinación de «peligro» y «oportunidad». Para el gobierno, lamentablemente, «crisis» parece sólo representar «peligro»; y no ha hecho, hasta hoy, nada por mitigarlo, ni para agregarle el otro concepto (oportunidad). Se actúa sobre el pasado intentando borrar las consecuencias de un irresponsable accionar, y se obstruye toda posibilidad para la anidación de un cambio económico y social. En cierta forma, ello confirma que estamos frente a un «gobierno del día después».

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