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El método Carrió
Este es, ni más ni menos, el peligro que significa Lilita y la principal razón para tratar de entender su método y desarticularlo. No podemos decir: «No nos preocupemos, pues hoy viene sólo por el ministro de Economía (como en su momento se dijo en mi caso) pues mañana será Lilita la presidenta de la Nación y vendrá por todos nosotros.
Reality show: las carreras mediáticas
Antes de exponer las reglas del «método Carrió», una reflexión. Vemos cómo, con un rosario en una mano y una encuesta de opinión en la otra, nuestra bienamada Lilita avanza en una carrera política mediática. No le importa mucho si el precio de su progreso es el descrédito de toda la dirigencia política. Lilita avanza y eso es todo lo que cuenta.
Recientemente, hemos tenido oportunidad de experimentar con políticos nacidos al calor de la cámara de televisión (Graciela, que casi llegó a presidenta y luego a gobernadora; Chacho, vicepresidente, entre otros). No cuestionemos sólo a los medios, pues éstos son como espejos que nos devuelven nuestra propia imagen. Miremos en nuestro interior y preguntémonos qué es lo que nos hace consumir «esta mercadería» -elocuentes discursos de elevados principios y múltiples aspiraciones, pero vacíos de propuestas concretas- para que los medios tengan que ofrecérnosla, y tratemos de modificar nuestras conductas. Somos nosotros los que podemos y tenemos que cambiar para que cambie la oferta mediática. (Comparemos, por ejemplo, cómo trataron los medios de Estados Unidos el atentado a las Torres Gemelas y los argentinos el de la AMIA, y tratemos de entender la diferencia entre esas dos exposiciones tan distintas.)
Pero los medios también tienen una tarea que cumplir para impedir este asedio al poder sobre la base de la declamación de principios sin propuestas o bien, como en el caso Lilita, de simples calumnias. Deben asumir una mayor responsabilidad sobre lo que publican. Y, obviamente, no deben permitir ser utilizados como instrumento de difamación. Deben poner límites al número de denuncias que efectúa un político sin aportar ninguna prueba. Digamos tres; bueno, tres; digamos cinco, cinco. Pero después los medios deben pedir cierta evidencia, no la de un Tribunal de Justicia, pero sí ciertos indicios de verosimilitud antes de cada denuncia. La democracia requiere este esfuerzo de los medios; caso contrario, los riesgos que corremos son enormes.
Regla 1. «Miente, miente que algo quedará», decía Goebbels.
Lilita hace permanentemente imputaciones, sobre las cuales no tiene la menor prueba, lo que no le impide hacerlas con la vehemencia de una clarividente en estado de trance. Así, acusó primero a un grupo de «delincuentes»: Citibank, CEI, Federal Bank, Banco República, Macro, Raúl Moneta y Pedro Pou. Siguió su show con el «preinforme» sobre lavado de dinero, donde agrega una cantidad impresionante de nombres, salpicando a diestra y siniestra, incluyendo nada menos que al jefe de Gabinete de Ministros y al ministro de Economía, junto a importantes ex funcionarios del gobierno del ex presidente Menem, pero sin aportar ninguna prueba. El período electoral le ha hecho concentrar sus ataques en el ministro de Economía -y jefe de un partido político-, olvidándose temporalmente de los otros «delincuentes»; pero volverá.
El hecho de que sus imputaciones carecen de la menor prueba, o de que las poquísimas que aporta rápidamente se demuestre que son falsas, no le impide seguir haciéndolas, pues los medios le dan cabida y le permiten mantener el «reality show» con altísimo rating, y su popularidad en crecimiento. Crea permanentemente la sospecha de que todavía no se conoce lo peor de estos «delincuentes» y de que el verdadero escándalo está por venir.
La gente, que padece la difícil situación económica actual, tiende a creerle y a ver en esas personas cuestionadas a los culpables de su situación. En Lilita ven a una valiente Juana de Arco que, «asumiendo el riesgo de terminar en la cárcel de Ezeiza, e incluso, el de perder su propia vida», les permitirá «recuperar su país».
Regla 2. «Hoy no se fía, mañana sí», decía nuestro querido almacén.
Todas estas manifestaciones terminan con una promesa: «Mañana, la semana próxima, muy pronto» se presentarán documentos que mostrarán fehacientemente la solidez de las denuncias efectuadas. «Hoy no es conveniente aún» o «hay trabas puestas por los mafiosos para que podamos disponer de las pruebas». «Pronto habrá una investigación del Senado de los Estados Unidos donde se conocerá toda la verdad.» «...Este es el informe general pero todavía falta el informe circunstanciado. Cuando estén las consecuencias para la Argentina van a ser impensables, son inimaginables». ...»Hemos revisado sólo parte de las cajas; en cuanto analicemos las próximas, muchos tendrán que dejar el país». «Cuando aportemos las pruebas que tenemos, los mafiosos caerán.» «Es cierto que las pruebas que presentamos eran falsas pero eso no implica que su contenido, la cuenta Cavallo-Rhom-Mulford, sea falsa (sic)», etcétera.
Lilita inventó la máquina de la felicidad: mañana se habrá aclarado todo, aparecerán las pruebas, los mafiosos podrán ser separados de la sociedad y los buenos viviremos en paz. Mientras tanto, esperemos. Pero mañana, como el viejo cartel lo indica, tampoco se fía.
Regla 3. «Y dijo Dios: 'Haya luz' y hubo luz.»
Según las Sagradas Escrituras, Dios creó al mundo usando la palabra. Lilita pretende usar el mismo método. Sus manifestaciones deben ser entendidas como verdad revelada. Para imputar un delito sólo necesita decirlo. De hecho, hasta la fecha no ha aportado prueba alguna de sus dichos. Es muy probable que carezca de tales pruebas y ésa sea la razón por la que, en lugar de recurrir a la Justicia, recurre a los medios, donde es posible condenar a una persona sin más pruebas que la palabra de alguien carismático y articulado en su discurso. Y esto, nadie se lo puede negar a Lilita.
Regla 4. «El Estado soy yo», decía Luis XIV.
No existe, para Lilita, otro poder que ella misma. El Poder Judicial, que hace mucho tiempo que debería haber tomado conocimiento de los graves hechos que ella denuncia a diario, no ha recibido una carilla de la célebre diputada donde formule una denuncia concreta. En mi caso, sí recibió una denuncia: ¡mi autodenuncia! que fue la forma en que pensé que podría parar la difamación permanente de Lilita, aunque en los tiempos de un proceso judicial y no de los mediáticos. (Todavía, a más de siete meses de presentada la denuncia, no se ha establecido qué juez debe conducir el proceso. Para la opinión pública, seré el garante del lavado de dinero por unos cuatro a seis años más, pero finalmente la verdad saldrá a la luz.)
En lugar de recurrir a la Justicia y aportar toda la prueba que tiene sobre los innumerables delitos cometidos por los «delincuentes», Lilita logró que el Congreso constituya una comisión especial, bajo su presidencia, con amplias facultades para investigar los delitos de lavado de dinero «de las cajas». Sólo ella puede lidiar con las mafias. Pero, ¿dónde quedó la división de poderes? ¿Por qué no se remiten «todos» los elementos de prueba que tiene Lilita, más todas las cajas que vinieron de Estados Unidos a la Justicia? ¿Se acuerda usted de la Unidad de Información Financiera, recientemente creada? ¿No será ella capaz de llevar a cabo esta investigación, que es materia específica de su función? ¿O es que ya debemos sospechar de su corrupción y/o ineficiencia?
Para Lilita, todas las instituciones del Estado son corruptas y sólo ella, con la ayuda de los medios, puede cambiar esta situación con sus denuncias. No importa que se basen en meras sospechas, datos falsos o intuiciones místicas. En definitiva, no tiene importancia cuántas personas o instituciones se destruyan, pues no hay nada rescatable y, mientras tanto, ¡una «Nueva República de Iguales» se estará creando!
Regla 5. ¿Dónde querísss que busque la llave si sólo hay luz bajo el farol?, dijo el borracho.
Lilita logró que la Cámara de Diputados cree una comisión, que obviamente preside, cuyo objeto es investigar las operaciones de lavado de dinero que puedan surgir de un elemento de prueba: las famosas cajas que utilizó el Senado de los Estados Unidos. Me pregunto: ¿si alguien serio quiere investigar en serio el problema del lavado de dinero, tomaría una muestra tan «especial» como las cajas del Senado? ¿No formularía una metodología de investigación, empezando por qué empresas, cuáles bancos, qué período investigar, y recién entonces pondría en marcha la investigación?
La respuesta de Lilita es clara: ¡Nooooo! Tenemos «estas cajas» y con ella tenemos que hacer todo el bochinche posible, independientemente de lo que contengan. En este aspecto, el método de Lilita recuerda al célebre borracho del cuento, que buscaba la llave bajo el farol, aunque no la había perdido allí, ¡porque era el único lugar donde había luz!
La diferencia es que Lilita no está borracha, sino que sabe que con esas cajas y medios de difusión complacientes en la difusión de sus despropósitos puede armar suficiente batifondo para avanzar políticamente, y así lo hace.
Regla 6. «Ves llorar la Biblia junto al calefón», dijo Discépolo.
El preinforme denuncia todo tipo de delitos, con los correspondientes «presuntos delincuentes» (lo de «presuntos» corre por cuenta mía, por cuanto Lilita nunca utilizaría tal expresión, dada la regla 3 ya enunciada), aunque no tengan relación alguna con el objetivo de la Comisión. Se mezclan allí causas judiciales tan viejas como la de Gaith Pharaon, con la de Al Kassar, la del oro, etcétera, con los nombres de los accionistas y/o directivos de los bancos argentinos y supuestamente de los bancos offshore, sin que quede muy claro cuál es la relación de estas causas y nombres con los elementos que están en las «cajas».
Pero es que el método de Lilita no consiste en acercarnos a la verdad, sino en ponernos al día sobre quiénes son sus «objetivos» políticos del momento que, por supuesto, ¡son los enemigos de la sociedad! Importantes funcionarios del gobierno actual son utilizados por la avezada propagandista para salpimentar su incoherente informe, aumentando enormemente su «poder de fuego» por tratarse, precisamente, de quienes tienen funciones ejecutivas. Así el jefe de Gabinete de Ministros y el ministro de Economía han pasado a formar parte del elenco estable de «delincuentes» apareciendo, ocasionalmente, el presidente de la Nación.
Regla 7. «El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo», decía Goethe.
Pero aún falta un elemento fundamental del método de Lilita. Si usted o yo dijéramos lo que Lilita dice nos enfrentaríamos con un juicio penal por calumnias e injurias y seguramente seríamos condenados. Lilita no; ella es diputada y utiliza el artículo 68 de la Constitución nacional como escudo contra el resto de los mortales. La prueba es que le he iniciado varias querellas por calumnias e injurias y, para no someterse al juicio, se ampara en ese artículo.
La Constitución nacional de 1853-60 es muy sabia, y previó la necesidad de proteger la labor de los parlamentarios. El artículo 68 protege a aquellos diputados o senadores que, en el calor del debate parlamentario, en el tratamiento de un proyecto de ley, hacen afirmaciones que puedan agraviar. La protección que ofrece la Constitución a los miembros del Congreso Nacional no tiene por finalidad dar «inmunidad de agravio» sino proteger una sana práctica legislativa. No debe ser utilizada como un escudo para agraviar continua e impunemente al resto de los ciudadanos cuando le venga en gana a un legislador.
Las declaraciones de Lilita no son en el marco del tratamiento de un proyecto de ley, ni son en el calor de un debate parlamentario. Son en la tranquilidad de un estudio de televisión, son repetitivas y no se refieren a la necesidad de impulsar una ley determinada. No debieran, por lo tanto, gozar del amparo de esa sabia protección de la Constitución nacional. Espero que la Justicia coincida conmigo en este razonamiento.
En resumen: podría seguir elaborando e ilustrando las reglas del método de Lilita, pero confío en que el lector ya habrá comprendido lo esencial y podrá deducir el resto por sí mismo. Lo relevante es que no se trata de un método para esclarecer la verdad, para colaborar con la Justicia con pruebas o para apoyar, vía cambios en la legislación, la acción de los jueces. El método consiste en enumerar un conjunto de personas, que en el imaginario popular pueden ocupar el rol de delincuentes, y atribuirles todos los males del país. Ojalá podamos darnos cuenta pronto de esto, antes de que Lilita se alce con el trofeo que anhela, la presidencia de la República, pues su accionar apenas oculta un totalitarismo que repugna a toda persona que sienta aprecio por lo republicano.

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